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El Nuevo Herald – “Rubalcaba y Nuviola arrasan en Japón” by Carlos A. Martín

https://www.elnuevoherald.com/entretenimiento/musica/article234195872.html

Rubalcaba y Nuviola arrasan en Japón

POR CARLOS A. MARTÍN ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

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Gonzalo Rubalcaba y Aymee Nuviola disfrutaron de exitosas presentaciones en el club Blue Note y el Cotton Club de Tokio, Japón.

Tokio, ha estado disfrutando por estos días de una buena dosis de la mejor música cubana. Los consagrados artistas Gonzalo Rubalcaba y Aymee Nuviola acaban de regresar de una semana llena de exitosas presentaciones en el club Blue Note y el Cotton Club de la agitada capital nipona. “No podemos estar más felices”, nos comentan satisfechos, “el recibimiento ha sido maravilloso y una vez mas hemos comprobado el respeto que existe en todo el mundo por nuestra cultura”.

“Viento y Tiempo” el proyecto que ha reunido a los dos destacados músicos cubanos es una idea que se ha materializado después de muchos años de complicidad. “Gonzalo y yo nos conocemos desde muy pequeños, cuenta Nuviola, imagínate somos del mismo barrio en La Habana y nuestras madres eran amigas y nos llevaban juntos al mismo conservatorio de música”.

Educados bajo la rigurosa mirada de Silvia, su primera profesora de piano, Rubalcaba y Nuviola aprendieron a reconocer y apreciar el verdadero valor de nuestros ritmos de manera similar. “Somos provenientes de familias muy musicales, agregan, en nuestras casas se respiraba música por todas partes y siempre hubo un gran interés por enseñarnos la disciplina y el rigor que nos convertiría en buenos profesionales”.

Así, el camino recorrido por los dos artistas ha sido largo y lleno de esfuerzo. Rubalcaba es considerado por muchos, el músico cubano mas valioso de su generación y se ha establecido como uno de los pianistas de jazz más importantes del mundo, desarrollando una brillante carrera basada en su especial virtuosismo.

Nuviola por su parte, se ha afianzado como una de

las mayores exponentes de la música cubana y se ha ubicado en los primeros lugares de popularidad de las listas Bilboard, con una carrera de sólida proyección internacional, caracterizada por su elegante y sofisticado estilo a la hora de cantar.

Después de 20 años de separación, los dos artistas han vuelto a encontrarse en Miami y el resultado no podría ser más encomiable. “Viento y Tiempo es un regreso a los afectos y las nostalgias, nos dice Nuviola, es un homenaje a nuestras madres, a nuestra tierra y a todo el pasado que nos une. Sabía que trabajar con Gonzalo Rubalcaba sería un gran paso en mi carrera nos dice con respeto, pero la experiencia ha superado cualquier expectativa. Lo sucedido en Japón ha sido una experiencia única que conmovió mi corazón”.

“Me sorprende siempre la compleja simplicidad del tiempo que lo pone todo en su lugar en el momento preciso, agrega Rubalcaba. Doy gracias por la oportunidad de contar en este hermoso proyecto con ese inigualable músico/artista y bello ser humano que es Aymée Nuviola _“La Sonera del mundo”_ ; agradezco a Blue Note Tokyo, Bosendorfer, Cotton Club, la familia Kaneko y a todos quienes han bendecido nuestro sueño, pero sobre todo, agradezco a todo el equipo de “Viento y Tiempo y al numeroso público que asistió al espectáculo a disfrutar con nosotros esta inolvidable experiencia durante nuestra estancia en Tokio.”

La banda que acompañó a los artistas en esta primera parte de la gira estuvo compuesta en el bajo por Cristóbal Verdecía, Reinier Guerra en los tambores, la percusión de José “Majito” Aguilera, el saxofón del japónes Kazuhiko Kondo y las voces de Lourdes Nuviola y Alfredo Lugo.

“Viento y Tiempo” ha despegado un vuelo sin fronteras” apunta Rubalcaba. Esperamos poder llevar este espectáculo a muchos lugares del mundo, nos adelantan los artistas. Próximamente estaremos participando en los festivales de jazz más importantes de Europa y Asia y en Noviembre tendremos una extensa gira por Brasil que incluirá presentaciones en Rio de Janeiro y en el Blue Note de Sao Paulo”. La ciudad de Miami recibirá el espectáculo para el próximo año en el escenario del Adrienne Arsht Center.

 

 

 

Revista “TEMPO” – GONZALO RUBALCABA, ACERCANDO MUNDOS . Por Iván R. Contreras.

https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/gonzalo-rubalcaba-se-presenta-en-bogota-el-8-de-agosto-396734?fbclid=IwAR3WS3uevp5tunHLiUTc4pc6RANU-rJbUhAjZ8x5DOhMZNJURQPmfploZgc

GONZALO RUBALCABA, ACERCANDO MUNDOS

El próximo jueves 8 de agosto se presentará en el Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba.

Por: Iván R. Contreras

Difícil imaginar una relación más compleja y fragmentada que la establecida entre Estados Unidos y Cuba durante el Siglo xX, pero al mismo tiempo resultaría aun más complicado encontrar dos naciones con intercambios musicales tan fecundos durante el mismo periodo.Tal paradoja ha sido posible gracias al jazz: el género mestizo por antonomasia.

El arte de Gonzalo Rubalcaba es parte de ese trueque cultural que, por fortuna, ha logrado esquivar las coyunturas políticas y económicas impuestas.

En el piano de Rubalcaba cohabitan los golpes de la santería con la Escuela Rusa, la huella de sus mentores jazzisticos, Dizzy Gillespie y Charlie Haden, así como los patrones del danzón heredados de su abuelo Jacobo, los mismos que ejecutaría más adelante junto a la Orquesta Aragón durante una de sus primeras correrías fuera de la isla.

Hablamos con Gonzalo Rubalcaba días antes del recital del 8 de agosto en el Teatro Colsubsidio. Su raíces, sus influencias y sus posturas musicales quedaron consignadas en esta nota, gracias a la generosa charla que nos concedió el maestro cubano.

Usted creció en Cayo Hueso, un barrio de La Habana cargado de una diversidad musical poco frecuente.

Sí. Ahí nací y crecí hasta casi los 26 años. El entorno oscilaba entre lo folclórico, lo ortodoxo y entre otras tantas influencias. Igual yo estudié desde los ocho o nueve años en el conservatorio.

Es evidente que esa variedad musical dentro de la que creció determinó su música ¿Cómo recuerda el sonido de ese barrio?

El sonido ambiente que había en ese barrio se producía en la esquina, en la calle, en frente a la bodega donde se compraban los alimentos. Además la gente vivía con la puerta abierta, entonces, uno podía ser testigo involuntario de todo lo que pasaba alrededor. La radio sonaba a cualquier volumen, y uno podía escuchar con qué se estaban deleitando los vecinos… todo eso tiene un impacto obvio, o menos obvio, en la memoria de un niño, y creo que eso fue lo que determinó mi actitud de total “desprejuicio”.

Pero además de ese sonido ambiente y del conservatorio estaba su casa, que fue como otra escuela paralela.

Bueno. Mi casa fue durante mucho tiempo un espacio de preparación de diferentes proyectos que formaba mi familia. Allí acudían importantes músicos, que yo diría, son parte del ABC de la música cubana, por lo menos de los años sesenta y setenta. Algunos tenían que ver con la música popular bailable, otros con la música clásica, otros con el folclore afrocubano en todas sus manifestaciones, bien porque eran tocadores, bien porque eran iniciados de la religión. Ademas, mi padre tenía discos de Jimmy Dorsey y Benny Goodman. Creo que había algunas cosas de Dizzy, pero también había música cubana, de Cachao, de Bola de Nieve.

Esa falta de prejuicios musicales se ha visto reflejada en sus colaboraciones con varios músicos fuera del mundo jazzístico, entre esos, con la Aragón o Juan Luis Guerra, entre otros.

Si. Y hay muchas más referencias. Propiamente la Aragón fue un momento… el poder viajar con ellos, tocar con ellos…para mí fue una escuela. A quién se le ocurrió la idea …bueno, te puedo jurar que no fue a mí, tampoco fue de ningún miembro de mi familia. Vino de la propia orquesta. Ya Rafael Lay, que había sido el director por varias décadas había fallecido. En la dirección estaba su hijo Rafaelito. Desafortunadamente se creó una división entre aquellos que pensaban que Rafaelito debía ser el continuador y otros pensaban que debía ser Richard Egües. En aquel momento el pianista se enfermó, y se venía una gira por África y Paris … yo tenía veinte años, esta fue la segunda vez que yo estaba por salir de Cuba, porque la primera vez lo hice con Beatriz Márquez, a los 17, precisamente a Colombia, el primer país que conocí fuera de Cuba.

Si no estoy mal ¿fue a raíz de un premio de orquestación que ganó?

Sí. exactamente. En el Festival de Buga. Esto fue en el ochenta. Después vino esta segunda salida, con la Aragón. Ellos me llaman para sustituir a este señor que era una institución, y lo hice. Siempre bajo unos sustos tremendos, porque era una responsabilidad muy grande y aunque yo venía de una familia con una tradición en la práctica del danzón, no me podía considerar en ese entonces, con veinte años, un danzonero.

A propósito de esa orquestas que son como escuelas, usted participó también en esa legendaria agrupación que se llamó la Orquesta Cubana de Música  Moderna.

Así es. También toque con la Orquesta Cubana de Música Moderna. Esta es una de las instituciones por donde han pasado montones de músicos importantes, como los primeros integrantes del grupo Irakere. Yo pasé por ahí. Igual tuve la oportunidad de trabajar con muchísimos cantantes, esta es otra escuela, y yo diría, que la forma más determinante para que aprendas a hacerlo es estando en la calle, trabajando con esos cantantes que demandan de ti una forma específica de acompañamiento. Que un día te dicen, “hoy no me siento con la voz correcta, cambia el tono” y luego, te vuelven a cambiar el tono. Esto es una escuela.

De este período ¿Qué figuras recuerda especialmente?

Mmm… Omara Portuondo, Elena Burke, entre muchas otras, ahora te hablé de Beatriz, pero hay algo que se menciona poco y fue mi periodo con Juan Formell y los Van Van. Formell era vecino nuestro. Yo diría que la música de los primeros discos de los Van Van fue creada en Cayo Hueso, el barrio donde él vivía, a cuadra y media de mi casa. Formell había tocado con mi papá como contrabajista de un trío de jazz hace muchos años. Él me vio crecer, yo veía a sus hijos ahí, correteando, jugando en el barrio y un buen día llegó a la casa y dijo, “tengo que hablar contigo, con tu papá y con tu mamá”. Eran los carnavales de ese año, de los años ochenta y tantos. Pupy Pedroso, el pianista de los Van Van, había tenido un accidente en un pie y era imposible que hiciera la temporada en los carnavales de La Habana, evento al que los Van Van no podían faltar. Entonces a Formel se le ocurrió pedirle permiso a mis padres para que yo tocara con ellos esa temporada. Y bueno, mi mamá le dijo, “ yo no tengo problema en que él vaya y toque en los conciertos, pero tengo una condición, y es que tú eres responsable de mi hijo. Entonces tú lo vienes a buscar para llevarlo a los shows y cuando terminen tú mismo lo debes traer a la casa”.

Al escuchar esta historia de Juan Formell, llega a mi memoria el intento de saboteo del que Formell fue objeto antes de un concierto en Miami. Usted pasó por una situación similar. Pero paradójicamente Cuba y USA, dos países políticamente antagónicos como no hay otros en América, son a sí mismo los que han tenido un mayor intercambio musical en la región…

Y no solo en la música. Son dos países que comparten muchas cosas, más de lo que se dice. Yo creo que hay una tendencia tanto de un lado como del otro a recalcar sobre todos aquellos puntos en los que no hay acuerdo…  y quiero aprovechar la pregunta para decir esto: la importancia de la música cubana, su cultura, pero sobre todo su música y su arte, no se circunscriben solamente a los últimos sesenta años. Por ejemplo, cuando hablamos de un Mario Bauzá, en los treinta, o de Celia Cruz, entre otros tantos, como Lecuona, Bola de Nieve, Peruchín, Frank Emilio, Bebo Valdez, Beny Moré. En fin, no acabaríamos. Diría que incluso desde finales del Siglo XIX o principios del Siglo XX, ya se puede hablar de un criollismo en las composiciones y en la ejecución, sobre todo de la pianística cubana. Figuras como Manuel Saumel, Ignacio Cervantes, entre otros tantos, hasta la figura de Ernesto Lecuona, quien llega para expandir ese legado. Pero los artistas, todos, y sobre todo en los últimos sesenta años, han hecho una labor diplomática envidiable, es decir, hay mucho más de qué hablar sobre los préstamos y las exploraciones entre la música y los músicos cubanos y algunas tendencias de la música norteamericana que lo que en realidad se cuenta y se sabe. Mira, la mayoría de los que hacen música han hecho música bailable y siguen haciendo música bailable. En los últimos sesenta años todos tienen una formación jazzística, empezando por Irakere, NG la banda, Juan Formell, quien también tocó con tríos de jazz en algunos clubes de La Habana.

A propósito de esos encuentros interculturales, usted debutó en 1980 con una obra que unía a Mozart con el danzón, experimento en aquel entonces muy criticado ¿Cómo recuerda esto?

Mira…. ahora mismo no sabría defender cómo lo hice y si el nivel de aquello era aceptable o no. No me refiero al concepto, me refiero a la elaboración. Pero yo creo en el derecho que tiene cualquier artista de  tener un punto de referencia a partir de una obra procedente de una u otra cultura, lenguaje, o estética musical. Por otra parte, había crecido escuchando música que tenía la influencia cultural europea. Todos sabemos que desde Bach hasta Stravinski, los compositores iban a buscar referencias para armar su discurso musical. Entonces yo encontraba que las críticas estaban mal enfocadas, es decir, yo creo que podrían haberme dicho, tienes que prepararte más, tienes que lograr un mejor dominio desde el punto de vista de construcción de estructura morfológica, del dominio de la orquesta, de la instrumentación, para poder llevar eso que intentas a un nivel importante. Visto desde ese punto de vista, yo creo que la crítica hubiera sido válida, pero como lo planteaban, carecía de fuerza.

En el álbum Mi gran pasión, con el que usted debutó en la discografía europea, se repite el experimento anterior, esta vez con la música de Tchaikovsky. ¿En alguna medida, esto fue una nueva respuesta contra ese purismo de la crítica?

Mi gran pasión ni siquiera es mérito mío. Es el eco de la genial idea de Pedrito Hernández, violinista, compositor y maestro de música. Fue uno de mis maestros, no en la escuela sino en mi casa. Con él con quien aprendí a solfear y aquello que   llamamos la lectura a primera vista. Había trabajado con mi papá durante los años sesenta en la orquesta de Enrique Jorrín, el creador del cha cha  cha. Era violinista de esa orquesta y fue después violinista de la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Él iba a la casa a prepararme, traía sus partituras de piano y su violín con los danzones que él escribía o arreglaba, y abría cualquiera de esas partituras, me las ponía delante y contaba “un, dos, tres, cuatro”, y había que empezar a tocar. Decía, “a ver… ¿sabes tú con qué te vas a encontrar o qué vas a leer cuando abres el periódico, o cuando abres un libro? No ¿cierto? Bueno pues esto es lo mismo”. Él fue el responsable de que yo lograra algo de eso, pero a su vez, yo estaba conociendo toda su obra, porque era su propia obra la que el utilizaba para esto, y así, también conocí la obra de Arcaño y de esos nombres que son obligatorios cuando se habla del danzón en Cuba. Entonces descubrí que este señor, Pedro Hernández, había hecho una serie de danzones que estaban basados en temas de Tchaikovsky, Grieg y otros. Y Mi gran pasión es un homenaje a él. Desafortunadamente estas palabras no aparecen en el disco, e incluso fueron mal manejados los créditos, y eso me trajo problemas editoriales, porque se decía que yo había usurpado los derechos de este señor.

A propósito de esos encuentros entre diversas corrientes, hay un término bastante aceptado, al menos en la industria, que a usted no le agrada mucho. Me refiero al concepto de “Latin Jazz”.

El concepto de Latin Jazz…no es que tenga nada en contra de él, igual no tengo nada en contra de ningún otro concepto, pero no me gustan las clasificaciones. Hay una gran cantidad de consumidores, de gente que sale a comprar música que necesita un espacio organizado. Pero a su vez esto crea barreras, crea limitaciones, porque empezamos a crear el hábito de no vincular, y yo creo que ese es el error más grande. Ahí es donde se me traba la clasificación. Es como las comidas. Es decir, hay sal en la mayoría de las cocinas alrededor del mundo, hay azúcar y aceite, pero al final, cuando nos sentamos a comer sushi o un plato colombiano no hablamos de la cantidad de sal o de la cantidad de azúcar, hablamos de un resultado.

Hablando del jazz y cuba. A mi parecer usted ha logrado salirse de la lógica de improvisación, a veces excesivamente virtuosa, que ha influido a varios jazzistas cubanos: el be-bop, ¿Qué nos puede decir sobre la evolución de su estilo?

Bueno. Siempre es difícil hablar tan directamente de uno mismo, de cómo va haciendo las cosas…uno se mete demasiado en la búsqueda. Para mí lo más importante es estar alerta, no solamente a lo que te rodea, pues existe la posibilidad de enamorarte demasiado de ti mismo. El mayor responsable de eso eres tú, no el entorno. Hay que estar todo el tiempo en actitud de búsqueda y sin prejuicios, como hablábamos al principio… aquí estamos dando un poco de forma a todo lo que hemos hablado, estamos haciendo un da capo…ese “desprejuicio”, creo, es lo que me ha dado la oportunidad de entender, o por lo menos, de querer intentar abrir espacios diferentes dentro de la propia tradición de la música cubana. Leo Brouwer decía en algún momento, “la tradición, cuesta mucho trabajo cambiarla, cuesta mucho trabajo moverla, transformarla, pero se logra”.

Hubo dos músicos de jazz que resultaron fundamentales para la promoción de su carrera. Me refiero a Charlie Haden y Dizzy Gillespie.

Bueno. Dizzy llegó primero a Cuba. Ya cuando Charlie llega, Dizzy había estado tres veces, y esa tercera vez fue cuando nos conocimos, en el año 84, en el contexto del Festival de Jazz de La Habana. Yo estaba tocando en una sub sede del Festival, que es un cabaret que se encuentra en el Hotel Nacional de La Habana, en donde se hospedaba. Allí también tocaba Emiliano Salvador y otra gente. Dizzy llegó. Lo habían traído del aeropuerto. Terminé de tocar y él fue a buscarme para proponerme tocar al otro día en su espectáculo. Yo lo sentí como un compromiso, pero realmente lo que Dizzy estaba haciendo era depositando su confianza en mí, cosa que todos los jóvenes necesitan; toda la gente desde que empieza necesita una mano, y eso fue lo que hizo Dizzy. Luego de esto, yo llegaba a diferentes lugares del mundo a tocar y siempre me repetían la misma anécdota. “Yo supe de ti porque Dizzy te mencionó”. Igual pasó después con Charlie. Charlie y yo estábamos en el festival de jazz. Él tocó con la orquesta Liberación, después yo toqué con el grupo Proyecto, y él se quedó, y cuando se terminó vino a hablar conmigo y me dijo, “¿hay algún lugar donde podamos ir mañana?, pero un lugar donde se pueda grabar lo que vamos a tocar”. Entonces, fuimos al otro día a los estudios EGREM y estuvimos tocando casi tres horas. Esa sesión se grabó. Igual como hizo Dizzy en su momento, Charlie regresó a Estados Unidos y buscó la manera de ver cómo me podía introducir en el mercado norteamericano, pero fue imposible porque no me dieron la visa para tocar en Estados Unidos.

¿Y entonces, cómo logró su contrato con Blue Note?

Charlie le llevó esos casetes a Bruce Lundvall, el presidente de Blue Note que había sido también presidente de la CBS.. Ahí empezó entonces la gestión. Fueron a Cuba en el año 88 o 89, precisamente buscando la manera de firmar, pero la ley no les permitía firmar a un ciudadano cubano que viviera en Cuba y bueno, los abogados también están entrenados para buscarle la vuelta a la ley, entonces llegaron a la conclusión de que tenían que utilizar un elemento externo que los ayudara en esto, y ese elemento fue la EMI Toshiba, que era una especie de extensión de Blue Note en Japón. Ellos podían firmar como una compañía japonesa, Pero había otro punto. Había que convencer a los japoneses de que me firmaran porque nunca habían escuchado hablar de mí. Ahí se arregló entonces el concierto que se tituló Live at Montreux, con Charlie Haden y Paul Montian en la batería. Esto lo organizaron el entonces fundador y director de Montreux y Bruce Lundvall. Cuando terminamos el concierto automáticamente dijeron que sí, que firmaban. Y ahí empezó todo.

Usted debutó primero como percusionista. ¿Qué tanto de ese Rubalcaba aún está presente?

Soy un apasionado de lo que yo llamo el motor rítmico. Es un elemento primordial dentro de la música. Pienso que así como el piano es un instrumento complementario para cualquier músico, también la percusión debería serlo. A veces vemos que músicos con un conocimiento armónico tremendo, pero tienen dificultades con la parte rítmica. La métrica y la rítmica hacen posible una traducción completamente diferente en la manera que organizamos el discurso armónico.

¿Qué influencias extra jazzísticas consulta con frecuencia?

Yo intento oír mucha música. Además de pianistas me gusta mucho escuchar a los instrumentistas de viento, a los saxofonistas, los trompetistas, guitarristas, me gusta explorar otros mundos de la cancionística… siempre ando muy abierto pero el filtro existe. He tocado algunas cosas más allá del mundo del jazz. El Concierto para dos pianos, percusión y orquesta de Béla Bartók, por ejemplo. Eso fue hace dos años y medio con la Orquesta Metropolitana de Tokio y un pianista que ha derivado en clásico, Makoto Ozone, y que tocó mucho tiempo con Gary Burton. El año pasado toqué con la Sinfónica de Zagreb el Concierto en fa de Gershwin. Cuando establezco esta relación con otros mundos, siento como si me pusiera unos espejuelos que me dejan ver mucho más lejos, con mayor profundidad, que me dejan encontrar colores que normalmente no veo con los espejuelos normales.

“EL TIEMPO” – “El músico que la percusión le regaló al piano”. Por Olga Lucía Martínez (Bogota)

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El músico que la percusión le regaló al piano

Gonzalo Rubalcaba se presentará en el Teatro Colsubsidio, en Bogotá, este 8 de agosto.

Gonzalo Rubalcaba acaba de terminar una gira en Europa. A los 17 años hizo su primer viaje internacional y fue al Festibuga, que se realizaba en Buga, Valle, donde recibió un premio.

Foto: Cortesía Gonzalo Rubalcaba
Por: Olga Lucía Martínez Ante 
03 de agosto 2019 , 09:43 p.m.

Todo indica que en el universo musical de los Rubalcaba el sentido de lo femenino es pilar fundamental, al punto que de dos generaciones para acá se lleve el apellido de una antepasada por encima del que otorga la línea paterna.

De hecho, el apellido original es González, como está en los registros de nacimiento. Pero Guillermo González Camejo, nacido en 1927 en Pinar del Río (Cuba) pianista, director de orquesta, compositor y orquestador especializado en danzón y chachachá, rompió la lógica del apellido y se puso el Rubalcaba de su abuela paterna cuando empezó su carrera en la música.

El motivo no es muy claro. En algunos escritos se afirma que lo hizo por razones profesionales, pero sin especificar el porqué.

Esta tradición llegó hasta Gonzalo Rubalcaba (La Habana, Cuba, 1963), uno de los más reconocidos pianistas de jazz y exponentes del jazz afrocubano, que es un representativo exponente de su legado familiar.

Y aunque Rubalcaba no firma su vida musical con el apellido de su mamá, ella, Yolanda Fonseca, ha sido fundamental en su carrera, ratificando la importancia de lo femenino en esta familia. En ella pensará, como siempre lo hace, el próximo 8 de agosto, cuando se presente en el Teatro Colsubsidio de Bogotá con su concierto ‘Jazz a piano solo’, un espectáculo que tendrá muchas mezclas de sonidos y los temas más reconocidos de sus más importantes discos que recogen distintas tendencias.

“Entré a estudiar piano por darle gusto a ella –cuenta Rubalcaba–. Yo di muestras de interés por la música como a los 5 o 6 años, y aprendí batería y percusión de oído. En mi familia se entendió que debía presentarme a una escuela y, entonces, apareció el piano como opción, pues cuando iba a hacer los exámenes de percusión me dijeron que no tenía edad aún para esos estudios, pero que podía hacer piano o violín”, cuenta
Rubalcaba vía telefónica desde Londres, mientras terminaba una gira europea que lo tuvo haciendo un recorrido por varias ciudades durante tres semanas.

Amable y buen conversador, como la mayoría de los cubanos, agrega que ninguno de esos dos instrumentos estaba en su mira. Entonces, apareció la mágica figura de Yolanda Fonseca. “Ella me sedujo y me explicó, sentada a mi lado, que el piano era importante para cualquier músico, que debía tener conocimiento de él porque me iba a servir para la destreza armónica y lo melódico. Esa explicación sabia hizo que me decidiera”.

Lo suyo en ese momento, de querer la percusión y no el piano, pudo ser un toque de rebeldía, pues desde que tiene conciencia hubo un piano en su casa habanera. “Lo tocaba mi papá y mis hermanos mayores. A uno de ellos lo veía estudiar y me gustaba cómo interpretaba a Chopin y Liszt, pero me parecía que era un instrumento muy difícil, así como la lectura de las partituras, y más hacer las dos cosas al tiempo”.

Pero terminó en el piano siendo uno de los mejores del mundo en su estilo, y hoy cree que en la vida no hay nada casual. “Todo parece ser que funciona porque hay un motivo y una razón predestinada”, agrega. Es cierto, y varios hechos lo ratifican. Uno de ellos ocurrió en 1985, cuando Rubalcaba tocaba en el Parisien habanero. Dizzy Gillespie llegó a la ciudad, y para que comiera algo y oyera un poco de música de la isla lo llevaron allí.

“Lo llevaron justo cuando yo estaba tocando… De repente, vi que se subió al escenario por un costado con un traductor y me abordó. ‘Hola, soy Dizzy Gillespie y me gustaría que tocaras conmigo en el concierto que voy a dar’, me dijo. Me quedé congelado”, le contó Rubalcaba a El País de España. Segundos después y por medio del traductor, le pidió a Rubalcaba que al día siguiente pasara por su habitación para que se pusieran de acuerdo.

“En un segundo, toda La Habana estaba hablando del tema. Así entraba en el mundo de la música por la puerta grande”, le dijo al diario madrileño.

Primera vez, en Buga

Y de sus recuerdos Rubalcaba saca uno del que no ha hablado tanto: su primer viaje internacional como músico, que tuvo como destino Colombia. “Mira que fue a Buga, al Festibuga, acompañando a una cantante que aún sigue deleitando con su voz, Beatriz Márquez, una artista con unas condiciones excepcionales. Y allí me dieron mi primer premio”, dice, refiriéndose al galardón en orquestación que recibió al final del encuentro.

En 1978, con solo 15 años, Gonzalo Rubalcaba creó su grupo Proyecto, del que fue baterista, pianista, compositor y arreglista, demostrando autonomía, liderazgo, mucho talento y poder desde muy temprana edad.

Y se destacó rápido en la isla, especialmente en el Festival Jazz Plaza de La Habana, donde llamó la atención con sus solos de piano, su improvisación y su ritmo. Empezaron a aparecer composiciones como Nueva cubana, Pisando el césped, Pergamín y Rapsodia española, entre otros, incluidos en sus discos de 1984 y 1986.

Declarado jazzista, hoy afirma que no sabe quién atrapó a quién. “Hay una historia de una búsqueda constante ahí, de una libertad que no está solamente en lo que ganamos en la improvisación, sino en las propias partituras, donde hay un espacio y una naturaleza que permiten aportar algo, pues el intérprete no es un esclavo. El jazz permite con mayor facilidad que el instrumentista se vuelva compositor”, afirma.

Este género lo atrapó joven. Y vuelven los recuerdos a asomarse: “Yo veía a mis compañeros de escuela inmersos en la improvisación. A mí me pareció fascinante y quise ser parte de eso. En mi casa había muchos discos de vinilo viejos, de los años 30, y ahí aparecieron verdaderas joyas de Benny Goodman, entre otros, así como discos de los 40 y 50 de otros grandes”.

Esta música, que hacía parte de la colección sonora de su familia, fue otra puerta para Rubalcaba. “Lo cierto es que ahí comenzó todo, porque se ligó la escuela clásica, el jazz y una casa donde se producía el contacto más directo con el mundo de la calle. Vivía en el centro de La Habana, donde pasaba de todo, desde la buena rumba, el toque de un santo (tradición yoruba), hasta unas broncas (peleas) tremendas; se oían los radios de todas las casas a todo volumen porque vivíamos con las puertas y las ventanas abiertas (…)”.

Todo sigue presente en su mente y en su estilo a través de lo clásico, lo popular y el jazz. Habitan en el Rubalcaba que ha hecho discos como Tokyo adagio, Concierto negro, Giraldilla, Suite 4 y 20, Flying colors, Supernova, Paseo y Fe, por nombrar algunos entre una discografía muy buena.

Con letras grandes

Oír a Rubalcaba es sentir que todos sus encuentros musicales se mezclan entre las teclas de su piano que toca magistralmente con sus dedos. Blancas y negras traen a la memoria, especialmente, la rítmica de los sonidos de su país, que van desde lo popular a lo bailable y no escapan de los clásico que han dejado maestros como Ernesto Lecuona.

En ese universo, el nombre de Gonzalo Rubalcaba está escrito con letras grandes. Ganador de dos premios Grammy anglo e igual número de latinos, The New York Times lo ha definido como “un pianista de habilidades casi sobrenaturales”.

Y él lo ratifica. A los 26 años deja Cuba, por lo que lleva más de media vida sin residir en la isla, lo que no le quita ni el sentir ni la identidad cubanas. Habla como cubano, pero ha aprendido a no atropellar tanto las palabras como sus coterráneos. Pero, mirando con un poco de distancia su país, piensa, como ha dicho en varias entrevistas, que las cosas allí siguen siendo muy difíciles.

“Hay una historia de una búsqueda constante ahí, de una libertad que no está solamente en lo que ganamos en la improvisación, sino en las propias partituras”

Su camino, sin embargo, lo llevó por otros rumbos, pero por cosas de la música y de su talento tuvo más encuentros importantes con músicos de trayectoria antes de irse de Cuba. En 1986 llegó a la isla Charlie Haden (contrabajista de jazz estadounidense) y terminó oyendo a Rubalcaba.

Encantado con lo que vio, pidió estudio de grabación para el día siguiente y fue necesario conseguirlo, pues quería llevarse algo grabado.

Haden le dio un gran impulso en su carrera, pues el contrabajista lo llevó a Nueva York y logró que tuviera un importante contrato con una disquera internacional que, por los avatares del bloqueo a Cuba, debió firmarse en la filial japonesa de la empresa Blue Note.

Además –ha contado Rubalcaba en varias entrevistas–, Haden, quien era fanático de la música cubana, especialmente de la más tradicional, lo llevó a reencontrarse con muchos sonidos que no era que no pasaran por sus venas, sino que no estaban tan en la superficie de un músico que se ha nutrido de innumerables fuentes.

Rubalcaba, que va y viene por el mundo, sigue viviendo cerca de Cuba (primero, en República Dominicana y ahora, en la Florida), y con alguna frecuencia –no tanta, como quisieran sus seguidores– viene a Colombia, donde ha asistido a festivales de jazz y conciertos.

En sus tantos viajes por distintos países, pasa mucho tiempo en los teatros, ensayando en el piano que le corresponda para cada presentación. Conoce el alma de muchos de estos lugares. “Cada uno tiene su energía y vibra diferentes, están llenos de historias que conviven allí”.

Para él, “lo mejor que nos puede suceder es llegar con la actitud de percibir de qué están hechos, qué es lo que hay ahí. Yo creo mucho en su componente espiritual, por eso digo que lo que allí existe ayuda a hacer del concierto que uno presenta algo único”.

Por eso no se limita a llegar, sentarse, ensayar y tocar. A Rubalcaba le gusta conocerlos un poco, sentirlos un poco y establecer un vínculo con ellos y con las personas que trabajan en estos lugares.

Es cubano, aunque viva lejos de su país hace tanto tiempo. Necesita esos afectos que son tan de los latinoamericanos, la cercanía, el conversar largo, contarse en qué va la vida. Viene, además, de una familia que ha ido más allá de la música, pues ha dado profesores de música y danza, así como pintores; una familia que sigue percibiendo la vida de un modo distinto gracias al arte.

El hijo de Yolanda Fonseca la seguirá honrando mientras haya música y tiempo para hacerlo. Y seguro que lo habrá.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura y Entretenimiento

REVIEW – XXI Century – DownBeat Magazine By James Hale

Gonzalo Rubalcaba aims squarely for modernity with XXI Century (5Passion 010; 48:49/40:45 HH ) featuring his trio of  Matt Brewer and Marcus Gilmore and numerous guests. With a recurring undercurrent of Cuban rhythm, the pianist bows to his roots, but he seems as interested in taking his music to a more slippery realm, one where time becomes more elastic and hammered arpeggios move against backgrounds that slide in and out of focus. Brewer and Gilmore are ideal compatriots for this kind of voyage, and Rubalcaba makes the most of their ability to groove while keeping the ground shifting under your feet. A secondary theme is the radical revoicing of compositions by Bill Evans, Paul Bley and Lennie Tristano, each of whom did similar sleight of hand during their own time. This is smart, adventurous fun that works well on several levels.

 

Gonzalo Rubalcaba Trio Pubblicato: January 16, 2012 di Riccardo Crimi “Umbria Jazz Winter, 19° Edizione” Teatro Mancinelli – Orvieto (TR) – 29.12.2011

Foto Riccardo Crimi

Visit “Umbria Jazz Winter, 19° Edizione”

Teatro Mancinelli – Orvieto (TR) – 29.12.2011

Articulo di Libero Farnè

Collocare un festival jazz a cavallo della festa di Capodanno era all’origine un’impresa rischiosa, quasi impensabile. Con Umbria Jazz Winter, giunto ad Orvieto alla diciannovesima edizione, la fondazione diretta da Carlo Pagnotta ha vinto brillantemente la scommessa, ottenendo un successo di pubblico e d’immagine sempre crescente negli anni. Questa edizione, che ha puntato soprattutto sui pianisti, sul Latin Jazz e in misura consistente sui protagonisti italiani, ha visto forse un calo d’affluenza di turisti in città, ma non di pubblico ai concerti, che hanno registrato quasi tutti il sold out.
Una delle prerogative del festival è quella di offrire un clima festoso e famigliare, dove addetti ai lavori e musicisti hanno varie occasioni di incontrarsi, scambiandosi informazioni e impressioni. La recensione che segue, grazie anche a questo tipo di confronto, intende riportare sensazioni soggettive, anche se meditate, su alcune delle situazioni più significative. Come ho sempre sostenuto il risultato di ogni concerto dipende per metà da chi suona e per metà da chi ascolta, influenzati entrambi dalle condizioni specifiche del contesto.

Personalmente non sono rimasto né convinto né coinvolto da “Memorie di Adriano,” lo spettacolo che ha aperto il festival al Teatro Mancinelli. Alcune canzoni di Celentano e del suo Clan sono state reinterpretate da Peppe Servillo attorniato, come già in analoghe esperienze del passato, da ottimi jazzisti: Fabrizio Bosso, Javier Girotto, Rita Marcotulli, Furio Di Castri e Mattia Barbieri.
Il mondo del cantautore milanese è stato tradotto nelle movenze e negli umori partenopei di un Totò teatral-nevrotico. Gli arrangiamenti fortemente marcati, dovuti di volta in volta a un membro del gruppo, un apprezzabile brano con la pianista in completa solitudine, un assolo pregevole del contrabbassista e la gradazione jazzistica, talora alta, degli interventi dei due fiati non sono stati sufficienti a trasfigurare le intenzioni iniziali, a riscattare il progetto da una certa pesantezza e pedanteria, da un artificioso preconfezionamento.

Di alta qualità emotiva e artistica è stato invece il concerto del duo Giovanni Guidi – Gianluca Petrella che ha aperto la programmazione al Museo Greco. Il sodalizio, nato circa un anno fa ma con poche esibizioni tuttora all’attivo, si regge su un’evidente sintonia umana. Il mondo espressivo del trombonista ha subito un’evoluzione nel tempo; oggi le sue note lunghe e acute, l’uso del vibrato e il senso melodico riescono a raggiungere un lirismo poetico, perfino una serenità, che la scontrosa e imprevedibile aggressività di un tempo non possedeva. Questi momenti di distensione non escludono ovviamente le tipiche accensioni del trombonista, contrastate ed espressioniste.

Appunto per questo funziona a meraviglia il suo rapporto musicale con Guidi, che questi aspetti opposti, di decantato intimismo e di feroce estroversione, li racchiude e intreccia nella sua personalità, nel suo corpus compositivo e nel suo pianismo, che sa coniugare fasi delicatamente evocative e avvolgenti ed altre di aggrovigliata problematicità. A Orvieto è emerso per esempio un sorprendente “Over the Rainbow,” di struggente delicatezza, intonato con una diteggiatura distillata dal piano e con un fil di voce dal trombone sordinato.

Uno degli appuntamenti che caratterizzano Umbria Jazz Winter è il concerto multimediale che viene ripetuto tutti i pomeriggi alla Sala del Carmine, dedicato quest’anno a A Love Supreme di John Coltrane. Rispetto ad altre edizioni è risultata più debole, meno interattiva la relazione fra le immagini montate in veloce dissolvenza da Massimo Achilli e la musica equilibrata e solida proposta dall’apprezzabile trio di Pietro Tonolo, Marc Abrams e Mauro Beggio.

A seguire, l’esperto Enzo Pietropaoli, che negli anni passati era stato l’artefice musicale del progetto multimediale del Carmine, ha guidato il suo quartetto riproponendo il repertorio del CDYatra. Una musica sinuosa e distesa, di nostalgica malinconia, a tratti dalle delicate e sornione inflessioni popolaresche, ha permesso fra l’altro di apprezzare le notevoli doti di due vincitori del Top Jazz 2011 della rivista Musica Jazz: lo stesso leader, impostosi nella categoria “contrabbassisti,” e il trombettista Fulvio Sigurtà, risultato primo nella categoria “nuovi talenti”. Quest’ultimo ha in effetti palesato un timbro nuovo, in parte derivato dagli attuali maestri norvegesi, ma anche il pianista Julian Mazzariello ha firmato ottimi spunti.

Uno dei temi affrontati quest’anno era l’attualità del Latin Jazz, un genere dall’ormai lunga e sfaccettata vita. Ma si sa i generi sono fatti per essere replicati dai mediocri e trascesi dai maestri, che impongono il proprio esclusivo mondo espressivo, maturato in anni d’esperienza. E Michel Camilo è uno di questi. Certo nella sua musica spiccano molti ingredienti latini, come convivono il blues, lo Swing, il tango…, ma nei suoi accordi possenti, nella ricchezza armonica, nella diteggiatura veloce e sgranata, nell’enfasi e nello slancio romantico delle sue interpretazioni c’è anche un approccio da concertista classico. Per questo Camilo è uno dei pochi pianisti di ambito jazzistico capaci di un contrastato spettro dinamico, che spazia da un esile pianissimo ad un poderoso fortissimo. Tutto questo è stato confermato dai concerti solitari di Orvieto, come d’altra parte è pure emerso il ricorso a schemi ben scanditi e plateali.

Nei due set che si sono susseguiti al Mancinelli la sera del 29 dicembre, si è avuto l’opportunità di un confronto diretto fra Camilo, originario di Santo Domingo, e un altro protagonista dell’attuale Latin Jazz (ma certo l’etichetta gli sta stretta), di nove anni più giovane: Gonzalo Rubalcaba, che però si è esibito in trio.
Le differenze si sono rivelate all’istante evidenti: anche Rubalcaba è dotato di una tecnica raffinatissima, di una diteggiatura veloce e di grande sapienza armonica, ma egli rifiuta il fortissimo per privilegiare un basso volume, il registro medio della tastiera e un andamento pensoso, frammentato da pause. Alla tecnica scelta si connette ovviamente un diverso mondo espressivo e poetico. Quanto il pianismo dell’uno è estroverso, perentorio, esplicito, tanto quello dell’altro è intimista e meditabondo; esso lascia intravedere diversi possibili sviluppi, anche se può risultare un po’ uniforme, poco sorprendente. A confronto del tonitruante Camilo, il pianista cubano si è proposto nella veste del poeta ermetico.
Il misurato contributo dei partner, il contrabbassista Matthew Brewer e il batterista Marcus Gilmore, si è dimostrato del tutto pertinente alle intenzioni del leader. Una nota di costume: tutti i membri del trio indossavano un completo grigio, camicia bianca e cravatta scura; penso non capitasse dai tempi del Modern Jazz Quartet.

Nonostante la diversità di approccio alla tastiera, il duo fra Michel Camilo e il nostro Danilo Rea ha funzionato. Certo è stato il primo a imporre una prova muscolare e dalle forti tinte, ma il secondo ha saputo adeguarsi, rinunciando in parte a quella vena confidenziale, persuasiva e citazionista che tanto gli sta a cuore. “Maiden Voyage,” “Besame mucho,” “Blue Monk,” “‘O sole mio,” “Watermellon Man,” “Don’t Stop the Carnival” e altri brani classici hanno fornito il materiale comune su cui misurarsi. Non sono mancati sviluppi un po’ prolissi, ma nel complesso il reattivo interplay dei due ha dato un esito accattivante, per dinamismo, pienezza melodica, sorprese eccentriche.

Oltre che in duo con Camilo, Danilo Rea ha sostenuto altri due concerti: in duo con Flavio Boltro, nella ripresa dei brani del CD Opera (duo e repertorio recentemente recensiti dal festival di Barcellona) e in trio con Ares Tavolazzi e Ellade Bandini, affrontando alcuni temi dei Beatles. Dopo un’introduzione dalla Cavalleria rusticana di Mascagni, un approccio non scontato alle canzoni del quartetto inglese, quasi ricercato al momento, ha dato sviluppi imprevedibili, con insistenze e qualche spigolosità, momenti di discontinuità e citazioni spiazzanti. In definitiva ne è risultata una interpretazione insolita, prudente, quasi di distaccata ritrosia, meno leggiadra, fluida e intrigante di quanto ci si poteva forse aspettare dal pianista romano.

Un’altra autentica sfumatura latina, più precisamente una Spanish Tinge, è stata aggiunta al festival dal pianista di Cadice Chano Dominguez, ascoltato anche a Time in Jazz lo scorso agosto, ma con un diverso repertorio. Il suo anomalo quintetto (una sezione ritmica più un cantante ed un ballerino di flamenco) ha reinterpretato i brani davisiani di Kind of Blue, elevandone alla seconda potenza il carattere spagnolo.
Dominguez si è confermato pianista di lunga esperienza, che tende a incrociare il jazz con la sua cultura d’origine, sia colta che popolare, capace di elucubrazioni compassate e di progressioni nervose. Particolarmente coinvolgenti ed applauditi sono stati gli interventi di danza da parte di Daniel Navarro.

Su altri due pianisti presenti a Umbria Jazz Winter, accomunati dall’età avanzata, vale la pena di soffermarsi: Renato Sellani e Stan Tracey. Occasione rara quella di ascoltare in Italia il pianista londinese (ottantacinque anni compiuti al festival), che rappresenta un pezzo di storia non solo per motivi anagrafici, ma anche perché il suo pianismo di classe stagionata racchiude in sé molto del nostro passato jazzistico, costituendo tutto sommato un’anomalia nel panorama attuale.
Se nelle sue collaborazioni con i colleghi britannici degli anni Sessanta e Settanta tendevamo a cogliere la componente innovativa ed europea, nelle apparizioni di oggi emerge in modo straordinario l’influenza di Monk. Nei concerti orvietani, in cui Tracey era sostenuto dal figlio Clark alla batteria e dal contrabbassista Andrew Cleyndert, entrambi efficaci, tutto nel suo pianismo (il tocco, il periodare, le spaziature, gli accordi, l’alternanza fra una ricerca obliqua e frasi giocose e stralunate) ha configurato una personale attualizzazione, solida e fresca, convinta e convincente, dell’insegnamento del grande Monk. Ciò è risultato particolarmente evidente nel concerto pomeridiano interamente dedicato al repertorio monkiano.

Se Tracey ha rappresentato una novità assoluta, Sellani (ottantasei anni l’8 gennaio) impersona una presenza costante e gradita, quasi emblematica, del festival umbro. Nei quattro concerti alla Sala Expo del Palazzo del Popolo il pianista ha interpretato repertori sempre diversi con quella sensibilità melodica, quel gusto per gli abbellimenti e le variazioni, quel tocco di ironia scanzonata, quell’intreccio fra detto e non detto che gli sono propri. Semmai rispetto a qualche anno fa si può forse rilevare una diteggiatura più decisa, un atteggiamento più positivo e diretto, meno divagante.
Al suo fianco i fedelissimi Massimo Moriconi e Massimo Manzi, due strumentisti di grande esperienza, oggi un po’ dimenticati dagli addetti ai lavori forse perché identificati con un ambito jazzistico canonico. Eppure l’equilibrio del loro fraseggio e del loro sound sarebbe decisamente da rivalutare.

Nel pomeriggio in cui si è omaggiato Monk, al trio di Stan Tracey ha fatto seguito la Lydian Sound Orchestra, che ha riproposto la scaletta del famoso concerto dell’ampia formazione di Monk alla Town Hall. L’organico diretto da Riccardo Brazzale e comprendente ottimi solisti ha raggiunto negli ultimi anni una completa maturità. Al suo interno vigono compattezza e rilassatezza insieme, la giusta enfasi e il dovuto rigore; la grande professionalità e l’affiatamento fanno sì che la routine sia scongiurata. A Orvieto la loro interpretazione di Monk è stata viva, attuale, a tratti trascinante. Tutti gli strumentisti hanno usufruito di mirati interventi solistici: fra tutti citerei quelli sorprendenti per struttura e sound del trombettista Kyle Gregory e quelli essenziali, non pedissequamente monkiani, del pianista Paolo Birro.

Un poker di concerti, con formazioni sempre diverse, era riservato quest’anno a Paolo Fresu. In uno di questi, che però non ho potuto ascoltare, il trombettista sardo era ospite appunto della Lydian Sound Orchestra. In un altro, “Scores!,” ha invece riproposto la collaborazione con il Quartetto d’archi Alborada. Dall’iniziale “Miserere,” tratto dalla tradizione sarda, fino all’interpretazione di “Fratres” di Arvo Pärt, il concerto ha avuto un andamento unitario, un carattere meditativo incentrato su un insistito misticismo, sia religioso che laico. Nel finale questa impostazione non è stata del tutto disattesa, ma ha assunto le movenze più briose e mosse di “Memory” e “Cowboys and Indians,” scritti entrambi da Uri Caine.
Diversa e notevole l’apparizione del quintetto ormai definito “storico” (oltre al leader, Tino Tracanna, Roberto Cipelli Ettore Fioravanti e in questa occasione Enzo Pietropaoli, in sostituzione dell’indisponibile Attilio Zanchi). Una formazione che non si dovrebbe mai dare per scontata, perché la sua esperienza quasi trentennale, lo sterminato corpus di brani in repertorio e soprattutto la caratura dei suoi membri e l’affiatamento che li lega consentono che ogni set faccia storia a sé, evitando di arenarsi nella ripetitività. A Orvieto è risultato palpabile il rilassato interplay che regna nel gruppo; fra gli interventi solistici hanno svettato quelli di Tracanna, mentre Pietropaoli si è mostrato all’altezza della situazione, inserendosi con intelligenza e leggerezza.

“Crittograph,” l’ultimo e più singolare dei quattro concerti sostenuti da Fresu, ha visto riuniti insieme il Quintetto storico e il Quartetto Alborada. I brani in repertorio (una rivisitazione pucciniana a fianco di temi scritti dai membri del quintetto) si avvalevano degli arrangiamenti di Giulio Libano, oggi ottantottenne, uno degli artefici della canzone d’autore degli anni Sessanta. Tutto sommato il progetto può essere rubricato fra gli esperimenti di “jazz with strings,” che pare stessero tanto a cuore anche a Charlie Parker. Ecco allora le parti totalmente scritte per gli archi, chiamati a saldarsi soprattutto con piano, contrabbasso e batteria, usati in modo molto soft, oppure a costituire un sottofondo morbido e avvolgente per gli assoli del leader.
Il connubio fra le due componenti ha avuto modo di svilupparsi prevalentemente sui tempi lenti e le atmosfere calde delle ballad. Tanto è vero che il quartetto d’archi non è stato chiamato in causa in un brano mosso come “Lucania,” di Zanchi, in cui è previsto un serrato scambio di battute fra flicorno e soprano, ed anche nel boppistico “Crittograph,” brano scritto da Fioravanti e scelto paradossalmente per dare il titolo al progetto. Particolarmente riuscita si è rivelata la versione del canto sardo “No potho reposare,” per il tema suadente, per l’arrangiamento leggero e danzante; in questo caso si è avvertita una salda compenetrazione fra i due gruppi che compongono il nonetto.

Oltre a “Crittograph,” la serata conclusiva del festival ha presentato “Il bidone,” omaggio a Nino Rota da parte del settetto di Gianluca Petrella. È stata questa la terza volta che ho assistito alle performance di questo gruppo, ricevendone impressioni sempre diverse, a dimostrazione del fatto che nel jazz, come sostenevo all’inizio, le sensazioni dipendono dalle singole esibizioni e situazioni. A Novara Jazz nel giugno scorso ebbi la rivelazione sorprendente di un progetto di grande originalità ed urgenza creativa. A Ravenna Jazz, in ottobre, il concerto mi sembrò fiacco e demotivato. A Orvieto è emersa la professionalità di uno spettacolo organizzato con efficienza, capace di amministrare le stratificazioni e gli spessori delle tematiche e degli sviluppi, che hanno incastonato i funzionali interventi di tutti i membri del gruppo. Professionalità e grande impatto dunque, non il geniale fermento che avevo colto all’esordio di questo progetto.
Foto di Riccardo Crimi.

 

 

 

 

 

 

 

Gonzalito Rubalcaba: A World Class Musician By Rafael Lam

Havana (Prensa Latina) The 27th International Jazz Plaza Festival gained extra prominence with the visit of Gonzalo Julio Gonzalez Fonseca, a.k.a Gonzalito Rubalcaba, an authentic Cuban “piano man.” 

After 10 years without any presentation for Cuban audiences, Gonzalito Rubalcaba´s presence was highly anticipated by jazz lovers. A man born in the middle of the boom of The Beatles, on May 27, 1963 in Havana, Gonzalito is the heir of a dynasty of musicians.

His father, Guillermo Gonzalez Camejo (Rubalcaba), is the piano player with Charanga Rubalcaba; his grandfather, Jacobo Gonzalez Rubalcaba, was a band director, a classic Cuban danzon player, who wrote that beautiful piece called “El Cadete Constitucional” (The Constitutional Cadet).

In his performances, Gonzalito Rubalcaba presents a synthesis of his studies in Cuba, his experimentations, his natural talent and the projects with many of the most famous piano players in modern jazz today.

Along with his perfect piano training, he shows a very solid maturity. He performs sounds that are not too usual in the world of jazz piano playing. He knows how to play with all possibilities offered by harmonic ideas, the colors, the dynamics, the real “touch of grace” that Europeans talk about.

Simple and responsible by nature, a man of few words, he does not like to waste time, and when something is not synchronized, he gets very anxious. His life is concentrated in studying and playing the piano, in the creation of music.

In 1984, he was catapulted by US trumpeter Dizzy Gillespie and bassist Charlie Haden to the world of jazz stars. Gillespie said at that time that he had not met such an accomplished musician for a long time. He is the best piano player I have heard for many years. Now, right now, he is the best piano player in the 90s”. And Charlie Haden considered him the great unexpected appearance in the jazz universe.

In 1996, Gonzalito started living in the Dominican Republic, in order to reach a wider market. He lived in the Dominican Republic for 10 years, then moved to Orlando, Florida, USA.

“I found myself in another world, another language, I faced a a different dynamics, I learned to work with the balance of sounds, the metric motor, diction, harmony, with the other musicians I worked with. I became involved in musical composition, forms and structure.

“I began a period of reflection, of change, of musical enrichment. I was in constant search; I play the traditional stuff, but with a different angle. My record Supernova is an exploratory work, a summary of my work.

“In my early years, I inclined more towards rhythm. Every young man wants to show his virtuosity, his complexity. Now, I am immersed in an evolution towards the melodic. I want to connect the melody with the jazz phrasing and the Cuban vocabulary. I am entering the area of the poetic.”

Now he likes to work in the development of harmony with his left hand in some rhythmic patterns, and the result of all this has been the recording of 14 CD�s, 15 Grammy nominations, and 5 Grammy Awards.

Several of his records are collaborations with Herbie Hancock, Chick Corea, Al Dimeola, and others.

Now he is working toward the integral use of the instrument, quality sound, handling of the dynamics and the work with the rest of the musicians in his band.

He has played at different places such as the North Sea Festival in Holland, Ronnie Scottâ�Ös Club in London, Paradise Club in Amsterdam, Holland; Festival Pinks Amberes in Copenhagen, Denmark; Montreaux, Switzerland; Fuji Mount Festival, Japan and Lincoln Center, New York, to jmention just a few.

He has shared the stage with great jazz musicians such as Gato Barbieri, Michel Camilo, Astrid Gilberto, Al Dimeola, Ray Barreto, Tania Maria, Irakere, John Pattitucci, Tete Monteliu, Charlie Haden, Dizzy Gillespie, Ron Carter and others.

He has worked for a series of recording companies, including Bluie Note, EMI, Toshiba, GKM.

He was chosen the Artist of the Year in Japan in 1993 (for a second time in Japan) and the magazine Jazz Time (USA) classified him as Best Jazz Piano Performer.

In 1999, his CD “Inner Voyage” obtained the French Art Academy Awards, and he was nominated for Best Latin Jazz Album in 2002 with his CD “Supernova”.

Gonzalito has played with Cuban musicians belonging to other Cuban groups. Sintesis, Orquesta Aragon, Sonido Contemporaneo, Van Van, and singers such as Pablo MIlanes, Beatriz Marquez, Soledad Delgado (deceased) and Ela Calvo have been accompanied by his undeniable talent at the piano.

Asked about the Cuban music school, he said it is quite ortodox, but it is one of the best in the world.

“My country, Cuba has made a great effort for education in general, and particularly, in the solid studies of academic musicians,” he stated. Gonzalito Rubalcaba studies eight hours a day. He gets up at 8:00 a.m., has a good breakfast, which he says he enjoys more than the evening meal. Then he connects with music and studies from 9:00 to a little after noon.

In the afternoons, he writes music, he reads, listens to music. At six, he jogs and practices some sport. “That helps me to clear my mind and help me decide what direction to take,” he says. “I believe in discipline; the muse does exist, but the work has to be done. You have to put the mind to work, have responsibility, love, energy. It is a life that is a little isolated, but I enjoy it”.

He presently performs about 200 concerts a year, but with three children, he now wants to find more time to dedicate to his family.

ir/as/tac/ag/rfl

Modificado el ( domingo, 25 de diciembre de 2011 )

 

Gonzalo Rubalcaba: “Cuba no puede faltar en la música que hago” Fotorreportaje: Kaloian

http://www.cubadebate.cu

Una de las mayores expectativas del XXVII Festival Internacional Jazz Plaza, ha sido el recuentro del público nacional con el jazzista cubano Gonzalo Rubalcaba.

El mundialmente reconocido pianista y compositor, que desde hace más de una década radica en Estados Unidos, declaró en entrevista al diario Granma que «Cuba no puede faltar en la música que hago. Lo que todo no se puede manifestar de manera evidente, sino que se trata de ligar la tradición y la realidad. Si los códigos no parecen cubanos eso no significa que mi memoria musical, que es la casa, la escuela, las instituciones cubanas donde me formé, no se encuentre ahí».

Es quizás por ello que, en la presentación de Siglo XXI, su más reciente fonograma, en el capitalino teatro Mella, se le vio muy a gusto y emocionado. En un intermedio del concierto agradeció el placer de poder brindar su música a sus compatriotas.

La presentación fue de altos quilates. Y no podía ser para menos al tener en el escenario a una de las figuras cimeras del universo jazzístico contemporáneo. Pero no solo brilló el genio musical de Gonzalito sino también cada uno de los músicos que forman su banda. Los estadounidenses Marcus Gillmore, en el drums, y Matt Brewer en el contrabajo. De la misma manera se integro en algunas piezas el joven Pedro Martínez, de Cuba, invitado en el disco y encargado de las tumbadoras y los batá.

Sobre el Cd Siglo XXI su autor comentó en la nota ya citada:

«Este es un disco que solo existe en los medios digitales y que saldrá físicamente al final de este año. Es una producción con una música que no es solo mía. Tiene tres piezas de mi autoría y otros temas de compositores cubanos y norteamericanos muy jóvenes y de principios de los años 50 y 60. Lo que trato de decir con este material es que si hoy somos lo que somos, se lo debemos a muchos creadores que vienen desde el siglo XX».

 

Gonzalo Rubalcaba elogia Festival Jazz Plaza en Cuba Por Michel Hernández

http://www.prensa-latina.cu/

La Habana,18 dic (PL) El pianista y compositor cubano Gonzalo Rubalcaba elogió el Festival Internacional Jazz Plaza, con sede aquí como un punto de encuentro e intercambio entre los músicos radicados en la isla y otras partes del mundo.

Al referirse a las medidas que perseguían el endurecimiento de los viajes y el envío de remesas a la isla recientemente rechazadas por el Congreso norteamericano, dijo a Prensa Latina: “lo importante es que en Estados Unidos siempre existirá una gran cantidad de gente que desea establecer un orden continuo de relaciones y comunicación con Cuba.”

Nacido en la Habana en 1963, y residente en ese país norteño, consideró “un derecho natural restablecer la comunicación entre los que han nacido aquí y crecieron aquí y han sido parte de la realidad del país”.

El músico presentó su nuevo disco siglo XXI en un concierto en el capitalino teatro Mella, junto a los estadounidenses Marcus Gillmore, en el drums, y Matt Brewer en el contrabajo, y el percusionista cubano Pedro Martínez.

Al comentar su regreso a los escenarios locales, luego de 12 años, comentó: para “mí es esencial estrechar la comunicación con los cubanos radicados en la isla Esa es la importancia de venir acá. Yo solo soy un cubano que se ha movido a hacer su vida en otra parte, pero eso no me quita el derecho de ser cubano”.

Ganador de cuatro Grammys y nominado en 14 ocasiones, el autor de Solo recordó su encuentro con el legendario trompetista estadounidense Dizzy Gillespie en un festival de jazz habanero.

“Gizze me abrió muchísimas puertas en muchas partes del mundo. Hoy todavía llegó a muchos países y me dicen que la primera vez que supieron de mí fue a través de él”, rememoró.

Rubalcaba elogio su formación en la isla y el crecimiento profesional de la nueva hornada de instrumentistas cubanos. “Ahora he visto gente muy joven que tiene otra visión de hacer música, de proyectar su realidad. Los jóvenes ahora están diciendo como ven su entorno y como quieren crear”, apuntó.

Agregó que “Cuba es un país que siempre ha estado ilusionado con alcanzar niveles muy altos de creación artística. Es una maravilla que esa necesidad permanezca siempre y se perciba tanto en los jóvenes como en los veteranos”

Señaló que uno de los propósitos fundamentales de su carrera ha sida borrar las diferencias entre los estilos que puedan aportar realmente a la música.

“Leo (Brouwer), destacó, dijo muchas veces que lo importante era la buena música, que no importaban los géneros. Ese es el mensaje que he tomado. Esa es la razón por la que me he asociado con lo que me pueda hacer mejor músico y mejor persona”.

“Con todo lo que a uno le dicen llega el momento en que te puedes llegar a enamorar de ti mismo y eso te puede detener. No se trata de dejar de quererte, pero lo que no se puede perder es la capacidad de querer a los demás. Eso es lo que me mantiene con los pies en la tierra”, aseveró.

ag/mih

Gonzalo Rubalcaba – Discovery: Live at Montreux FRIDAY, OCTOBER 29, 2010 Music for Nothing Blogspot

Discovery: Live at Montreux

Unless you sit around listening to shitty street punk all day, you’ve probably heard a lot of very talented musicians. But how often do you hear a real virtuoso? Not just some guy who shreds on a guitar real good, but somebody that defies you to believe that they’re even playing what they’re playing? Gonzalo Rubalcaba is that dude. This is the then-27-year-old pianist’s second public appearance in North America after being isolated in his native Cuba previously. This captures him playing in a trio with the ubiquitous Charlie Haden on bass and Paul Motian on drums, but the focus is on Rubalcaba all the way. By the time he finishes the first cut – Monk’s “Well You Needn’t” – you’re left gasping for breath and grasping for adjectives at the sheer force of it all. He come out on FIRE, launching run after run with astonishing clarity and creativity, breaking out some Cuban rhythm and displaying classical delicacy where required. Unbelievable.

Newport Jazz Festival Review: By RICK MASSIMO Journal Pop Music Writer

Rhode Island News:

While mainstage closers guitarist Al DiMeola and pianist Gonzalo Rubalcaba were denied the rest of their band due to visa problems, the duo managed some lovely moments, as well as some real fire on the closing “Mediterranean.”

 

The Providence Journal / Ruben W. Perez

 

Gonzalo Rubalcaba plays the piano as he performs with Al DiMeola on the main stage Saturday at the Newport Jazz Festival in Newport. The festival continues Sunday.

 

 

 

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