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El jazz latino, sin temor a lo “popular” – La Capital

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El músico cubano Gonzalo Rubalcaba, que participa en el encuentro porteño, subrayó los aportes de América latina al género.

América Latina vive una “etapa de redefinición de la pianística”, todavía “muy controlada por códigos europeos”, algo que “no es negativo” en sí mismo, pero en los jóvenes existe una creación “sin temor” a sumar la “esencia popular”, afirmó el reconocido músico cubano Gonzalo Rubalcaba. El música está presentando temas de su disco “Fe” en el Festival Internacional Piano Piano, en curso en el Centro Cultural Néstor Kirchner, de Buenos Aires.
  “Es necesario este tipo de encuentros porque por años lo que se ha buscado es establecer muros entre géneros más que puentes: que si lo popular, lo folclórico o lo clásico. Y esto es una posibilidad real de vincular artistas de diferentes nacionalidades y generaciones con una historia contrastante”, afirmó Rubalcaba a la agencia Ansa.
  Galardonado con dos Grammy por sus discos “Supernova” (2002) y “Solo” (2006), Rubalcaba se formó en La Habana, donde estudió en el Conservatorio Manuel Saumell, percusión en el Amadeo Roldán y composición en el Instituto Superior de Arte. En su increíble carrera, a los 17 años Dizzie Gillespie lo escuchó al piano y lo invitó a tocar, y a los 20 realizaba giras por Europa con la Orquesta Aragón cuando conoció a Charlie Haden, con quien compartió discos y giras.
  El músico recordó que en su época de formación el piano era considerado dentro de las “llamadas carreras largas”, con 12 años de estudio de autores europeos y muy poco margen para los cubanos. En la actualidad, las “nuevas generaciones ven que hay otras formas y otros códigos a involucrar en la composición, sin temor a trabajar con la esencia popular de cada país”, destacó.
  Rubalcaba, docente hace un año en la Universidad de Miami, dijo que hay que “estudiar y conocer” a los grandes, como Jhon Coltrane, Charlie Parker o Gillespie, “pero tener las herramientas para creer en los que podemos revolucionar nosotros mismos, sin temor a no ser aceptados y a que el camino sea muy largo”, explicó.

Lo que acompaña a Gonzalito Rubalcaba – Por: Kaloian Santos Cabrera -24 julio 2015

Por Leandro Estupiñán

Fotos: Kaloian Santos Cabrera

Comienza con la mano derecha. Un dedo, y solo la mano derecha rozando las teclas de un imponente Steinway & Son. Después mirará al frente, al pentagrama más tarde, alguna vez. Luego la otra mano se suma al juego de martillear el mecanismo para sacar resonancias caprichosas que hemos identificado como música, recuerdos y palabras, objetos, olores, colores, sabores como dijera el poeta.

Tarda un poco en dialogar con el público, y cuando lo hace es para decir que le produce pánico hablar ante tanta gente. El teatro está lleno, y queda en Buenos Aires, cerca de una costa donde no nadan ballenas. Pero la sala se llama así: la ballena azul. Y es inmensa. Y está llena de personas de cualquier edad. Han llegado para verle.

El jazzista se llama Gonzalo, pero todos le dicen Gonzalito. Gonzalito Rubalcaba era casi un niño cuando su manera de interpretar la música sacaba halagos de afamados intérpretes, compatriotas suyos o visitantes colosales como Dizzy Gillespie. Tocaba en casa, en teatros y restaurantes de una ciudad así en la paz como en la guerra.

Al rato dice el pianista que ha tratado de no aburrir al público, a quien sigue ofreciendo temas de su disco Fe (2010). Los alternará con piezas conocidas del repertorio internacional no específicamente jazzístico. Bésame mucho. El mil veces versionado Manisero. También dice que tocar solo es una tragedia, un reto que requiere mucho apresto. Debe el instrumentista dar la impresión de estar acompañado cuando no lo está. O, como dijo Gonzalito, se trata de constatarlo: nadie se encuentra solo, siempre hay algo que lo acompaña a uno.

Anoche le acompañaba la música que produce el martilleo dentro de su piano que a la vez es el martilleo dentro de su cabeza donde confluyen ritmos de infancia y adultez, tropeles cubanos y norteamericanos que a la vez han sido africanos y europeos, humanos.

Hace mucho el pianista se estableció en Estados Unidos. Desde entonces un pie pisa La Habana. El otro, Florida. El pie del pasado y el presente fundidos en un cuerpo musical. Y ahora bastan dos manos. Una. El dedo índice al teclear la música.

(Tomado de cubavistaalasseis)

Gonzalo Rubalcaba, Bs.As. 23/7/2015

Clarin.com Extra Show Música 23/07/15 Gonzalo Rubalcaba “Busco ser irreverente”

El pianista cubano, que ganó dos Grammy y se presenta hoy en Buenos Aires, cuenta su modo de evitar el cliché.

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 Virtuoso. A los 52 años, el artista vive en los Estados Unidos.

Un pianista de exuberante virtuosismo y que escapa de convencionalismos musicales. Gonzalo Rubalcaba, cubano, nacido en mayo de 1963, es uno de los pianistas esenciales en ese proceso de maridaje entre el jazz y otros géneros. Estudió piano clásico y composición, y a los 14 años comenzó en la Orquesta Aragón su carrera como músico profesional. Su relación con el trompetista Dizzy Gillespie, con quien grabó un disco, en 1986, le permitió ser reconocido como uno de los jóvenes leones del jazz.

Ganó dos Grammy en el rubro de Latin Jazz; el primero, por Supernova, en 2002 y, el segundo por Solo, en 2006. Sus discos Flying Colors, con el saxofonista Joe Lovano, y Nocturno, con el contrabajista Charlie Haden lo mostraron como un pianista pleno de renovadas ideas y de una modernidad inusualmente cálida.

En su segunda visita a Buenos Aires, Rubalcaba, hoy hará un concierto de piano solo, basado en su último disco, Fe, un tributo a Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, dos compositores cubanos pioneros en la música contemporánea de la isla (ver “Hoy”). “La música que interpretaré tiene como sentido el de abrazar este legado, casi olvidado, del que surge un lenguaje formado por un pianismo cubano con proyección universal”, señala este músico, que vive actualmente en Florida, en los Estados Unidos.

Durante la charla telefónica, Rubalcaba explica que su propuesta es de una permanente movilidad. “Tres de las composiciones están dedicadas a mis hijos, Joan, Joao y Yolanda, en las cuales trato de explicar los rasgos de cada uno de ellos y cómo los percibo, pero tengo en cuenta que crecen y eso provoca que estos temas también intenten crecer con ellos”.

Para el pianista, hablar de música es una forma de especular desde lo poético. “Es difícil categorizar; lo que uno expone con la música es lo que vive, desde lo emocional, lo intelectual y lo social. Diría que en los últimos quince años se ha manifestado en mí un constante explorar sonidos y climas que tienen relación con músicos de diferentes latitudes, artistas que tienen morfologías distintas, concepciones personales y forman parte de un movimiento histórico particular”, detalla.

Sobre su música, dice que “tiene una actitud movediza, dinámica y Fe no escapa a este constante explorar. Es un acercamiento diferente, solitario y un reto, que comienza con la elección del repertorio hasta conseguir una línea conceptual, una forma de conexión entre las composiciones, una unidad, pues de lo contrario se puede convertir en una letanía”.

¿No teme las distancias que puede haber entre “Con alma”, de Gillespie y “Blue In Green”, de Evans?
Ambas son composiciones importantes para mí y me permitieron mostrar la amplitud que tienen. Son temas que tienen puertas y ventanas para abrir y poder desarrollar mi propia lectura de estos clásicos. Son composiciones que proponen distintas formas de aproximarse y eso trato de dejar en evidencia en el escenario.

El músico también hace especial hincapié en el cuidado permanente que tiene para eludir los clichés. “El ser humano desde siempre tiende a entenderse con la gravedad, y entonces buscamos acomodarnos y así sentirnos cómodos. Mi música evita el lugar común, en el que es tan fácil caer y tan costoso salirse luego. No quiero decir con esto que me rebelo a estas situaciones, sino que busco ser irreverente”, explica el artista que, además, probablemente haga en su concierto algo de la música del compositor y pianista Ernesto Lecuona. “Antes tengo que llegar a Buenos Aires y tomar contacto con la ciudad y sólo ahí sabré exactamente que tocaré en el escenario”, concluye.

(Hoy, 21 horas en el CCK, Sarmiento 151, Sala La Ballena Azul).

Festival Piano, Piano: Gonzalo Rubalcaba (Cuba) – Centro Cultural Kirchner

En la Ballena Azul, a las 21:00


Piano, piano es, creo, un festival inédito. Reunir a tantos pianistas contemporáneos con distintos abordajes, caminos, propuestas, me parece un poco algo más allá de la realidad que hemos visto.  Es como un sueño para los que programan, tocan, y creo para el público que va a disfrutar de un panorama de lo que se produce hoy en nuestro continente y también en el mundo”.  Benjamim Taubkin.

GONZALO RUBALCABA

El cubano Gonzalo Rubalcaba es uno de los músicos de jazz nacidos en el Caribe que, más allá de las referencias a sus raíces musicales, logró trascender las fronteras de lo que en los Estados Unidos se conoce como jazz latino. Con sus propios grupos, y también como invitado de creadores como el contrabajista Charlie Haden, ha construido un estilo tan intenso como identificable. Actualmente graba y produce discos para su propia compañía, 5Passion LLC, fundada en 2010.

El texto de las biografía fue escrito por Diego Fischerman.

Duración: 1 hora, 20 minutos.

 

Gonzalo Rubalcaba: “La realidad cubana es la misma” – CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ Madrid 25 JUN 2015 – 16:08 CEST

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El pianista es la estrella del V Festival Continental Latin Jazz

 

Su timbre de voz extrañamente juvenil le delata. Gonzalo Rubalcaba representa los nuevos aires que surcan los ambientes musicales en la nueva Cuba del dólar y el turismo en masa. El pianista cubano será el centro de todas las miradas durante la quinta edición del festival Continental Latin Jazz madrileño (a partir del próximo 25 de junio), al que también concurrirán Manuel Machado con su sexteto, los pianistas Pepe Rivero y Judith Jáuregui (“Chopin´ Chopin”), Arturo Sandoval con los Clazz All Stars y el consabido, y puede que inevitable, tributo a Paco de Lucía a través de sus acompañantes. “La música no es el instrumento, sino el hombre”, opina Rubalcaba en conversación telefónica desde su domicilio en Coral Springs, Miami. “Es el hombre el que le da vida. La música sólo existe cuando suena, esa es su peculiaridad, lo que la distingue de las demás artes.”

Pianista, hijo de pianista, el destino de Rubalcaba tomó un rumbo inesperado el día en que Dizzy Gillespie hizo su aparición por la puerta del cabaret Parisien. El astro del jazz acababa de llegar a La Habana: “le llevaron al Parisien para que comiera algo mientras escuchaba un poco de música cubana justo cuando yo estaba tocando… de repente, veo que se sube al escenario por un costado con un traductor y me aborda: “hola, soy Dizzy Gillespie y me gustaría que tocaras conmigo en el concierto que voy a dar”. Me quedé congelado. “Pásate mañana por mi habitación y hablamos del asunto”. Créame si le digo que, en un segundo, toda La Habana estaba hablando del tema. Con 17 años, entraba en el mundo de la música por la puerta grande”.

Un corto vídeo de un joverncísimo Gonzalo Rubalcaba tocando con Dizzy Gillespie en Cuba.

2 años más tarde, “Gonzalito Rubalcaba y su Grupo Proyecto” se presentaban en el Salón de columnas del Círculo de Bellas Artes, en actuación programada dentro del X Festival de Jazz de Madrid: “a la gente le llamó la atención que tocara únicamente teclados electrónicos, pero eran las circunstancias que teníamos en Cuba. Resultaba casi imposible encontrar un piano en condiciones de modo que nos apañábamos con lo que hubiera, aunque fuera un pianito eléctrico de quinta mano”. Se da el caso de que Rubalcaba acababa de conocer a quién habría de dar un nuevo giro de 180 grados a su vida: “ese año de 1986 vino Charlie Haden a La Habana y fue lo mismo que con Dizzy: vino a escucharme, le gusté, y al segundo estaba montando una sesión de grabación para los 2, lo que era un imposible en Cuba entonces, pero cuando Charlie quería algo no había quién le parase: “necesito un sitio para tocar, y que haya una mesa de grabación, y un piano en condiciones, y tiene que ser mañana”. Pues créase o no, lo consiguió”.

Charlie Haden me hizo ver de qué modo el son y el danzón forman parte de mi esencia artística

Por donde, aquella cinta de casete terminaría recorriendo medio mundo antes de llegar a su destino final: “Charlie se la llevó a Nueva York para que la escuchara Bruce Lundvall, el presidente de Blue Note; le gustó tanto que tomó un avión para La Habana con sus abogados para firmar el contrato, pero era un momento muy difícil. Entonces se le ocurrió que si fichaba por la filial japonesa del sello, eso le permitiría eludir el bloqueo y sacar los discos en Estados Unidos. Así que llamó a Claude Nobs, el director del Festival de Montreux, y le pidió que nos hiciera un hueco en la programación, e invitó a los japoneses para que nos vieran. Total, que fuimos, tocamos y firmamos ahí mismo, todo de un tirón”. Cerca de Cuba y lejos del tópico; el piano de Rubalcaba viaja a las profundidades de la tradición para regresar a la superficie y emprender el vuelo sin retorno: “pero eso es la música, un viaje. Se sabe dónde empieza, pero no donde acaba. Y eso es algo que aprendí de Charlie. Resulta curioso que tuviera que venir a Cuba para que yo tomara consciencia de mi herencia cultural. Porque a él, lo que de verdad le gustaban eran los “danzoneros” cubanos de los 40, Arcaño y sus Maravillas, los viejos soneros de Oriente… Cachao, para Charlie, era tan importante como Charles Mingus… y todo eso yo lo traía dormido en la memoria, era la música que escuchaba tocar a mi padre de niño, pero eso era todo. Hasta que vino Charlie y me hizo ver de qué modo el son y el danzón forman parte de mi esencia artística.”

En su nueva visita a nuestro país, Gonzalo Rubalca ofrecerá “un panorama de los diferentes centros culturales de América” en la compañía de algunos viejos amigos: “éste proyecto llamado Volcán surgió de una manera totalmente inesperada. Un guitarrista alemán quiso grabar un disco y nos convocó a Horacio “El Negro” Hernández, José Armando Gola, Giovanni Hidalgo y a mí. Resulta que los 4 somos de la misma edad, nuestro origen es el mismo, hemos tocado juntos mil veces… de repente nos preguntamos: “¿cómo es que nunca hemos grabado un disco juntos?”. Y hasta hoy”

De La Habana a Coral Springs. El camino recorrido por Gonzalo Rubalcaba ha sido largo y tortuoso, pero no tanto como para perder de vista sus orígenes: “salí de Cuba con 26 años y ahora tengo 52. Por un lado, no puedo dejar de sentir que esa es mi tierra pero, a un tiempo, siento que ya no formo parte de ésa realidad”. El pianista acaba de regresar de una corta estancia en la isla junto a los suyos: “lo que está pasando en Cuba tiene más que ver con la verdad oficial que con ninguna otra cosa. La realidad cubana es la misma desde hace años, las carencias materiales y no materiales siguen ahí…. hay todavía un temor a llamar a las cosas por su nombre. Ahora todo el mundo habla de los americanos y de todo lo que van a traer sin entender que la apertura tiene que darse desde dentro. No se puede seguir esperando a que los problemas internos nos los resuelvan desde el exterior”

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El jazz se tomará Colombia Martes 3 de septiembre de 2013

La explosión

Las estrellas Gonzalo Rubalcaba, Giovanny Hidalgo, Horacio “El Negro” Hernández y José Armando Gola se unieron y crearon Volcán, una banda que es justamente eso: un volcán en erupción. Cada uno es el mejor en su intrumento y, juntos, con su sabor latino, prometen conciertos efervescentes que, según ellos, reunirán los cuatro elementos, como los volcanes: la tierra, el aire, el viento y el fuego. Estarán en Bogotá y Cali, el 6 y el 7 de septiembre respectivamente.

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El otro modo de ser de Rubalcaba – Pablo Sanz – El Mundo – Lunes 8, Julio 2013

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El pianista cubano, de nombre Gonzalo, apabulla con una lección de virtuosismo…

El jazz es la única música donde el virtuosismo interpretativo se vendea la baja, porque la técnica instrumentalya se le presupone y aquí lo que cuenta es lá emoción final. A Gonzalo Rubalcaba le hemos visto últimamente demasiado obsesionado por la matemática musical, buscándoleteclas que no había a suinstrumento y calculando éxitos que sólo le interesaban a él. Su pasopor el Getxo Jazz, sin embargo, nos reencontró con aquel joven pianista que tenía muchas cosas que de contar, cuando se hacía llamar Gonzalito y, entonces sí, le faltaban teclas. Nos reencontró con el otro

Rubalcaba, el bueno, vaya. El pianista cubano acudió escoltado por un trío cómplice e igualmente seducido por el valor de las esencias, el contrabajista Armando Gola y el baterista Ernesto Simpson. Todos demostraron que las partituras en jazz son de goma, pero que si las estiras el papel queda tan deformado que acaba siendo, no ya otra cosa, sino su contraria. Y esto es lo que aporta el otro Rubalcaba: precision en el relato y economía en sus recursos.

Y, por supuesto, mucha emoción, porque allí disfrutamos todos, los artistas y el público. En el inicio de su recital, el trio atacó una maraviijosa versión del Time remembered de Bill Evans, dejando claro que le arrebata el jazz por derecho. Es un intérprete consumado, ya se ha dicho, pero tambiénun creador sublime, de ahí quela.pieza sonara nueva. Sus braceros le respetan la cadencia, porque Rubalcaba sabe mucho del tempo, entregándosea un acompañamiento medido y … comedido. Así, los colchones rítmicos gregarios fueron contestados con el lirismo propio de un artista con conocimiento y causa, de un intérprete que tiene poder y autoridad.

LATINIDAD.

Gonzalo Rubalcaba también echó mano de su condición latina, que algunos espectadores aprendieron de su etapa junto a uno de sus principales mentores, el contrabajista Charlie Haden. No obstante, este sentimiento Moreno del pianista es más verdadero y natural cuando no tiene padrino, firmando en Getxo una pieza para el Olimpo caribeño: Nueva cubana. Y así fue desarrollándose el concierto, entre palabras mayores de jazz y fraseos tostados. El público acabó rendido a su pianismo, que en el capítulo de los regalos se encargó de liberar en solitaño y recordando a Coltrane y su querido Haden: fueron dos trazos melódicos de una belleza inusual, al menos, de una hermosura a la que este habanero estadounidense no nos tenía acostumbrados en sus últimas comparecencias.

El 37° Getxo Jazz ha cumplido expediente administrativo con creces, colocando el «no hay billetes» prácticamente todos los días. En el balance musical, curioso, fuerondos cubanos -el percusionista Ignacio Berroa y el mencionado Rubalcaba- los que protagonizaron los mejores momentos, mientras que en el apartado del concurso de grupos de jazz europeos el oro se fue para Polonia, gracias al concurso del joven quinteto del trombonista Bartosz Pernal y el pianista Michal Szkil. El galardón al mejor solista, sin embargo, tomó rumbo a Dinamarca, gracias al buen hacer del pianista Artur Thznik.

Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba en el Carnegie – Martinoticias.com

El diario The New York Times destaca con elogios un concierto en el que participaron los dos renombrados pianistas cubanos en el famoso Carnegie Hall neoyorquino.

Raíces tradicionales con libertad de improvisación, es la fórmula que según el diario The New York Times prevaleció en el concierto que la noche del martes ofrecieron en la sala Carnegie Hall de Nueva York, cuatro pianistas latinoamericanos, entre ellos los cubanos Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba.

El concierto en el que los cubanos compartieron su maestría con el panameño Danilo Pérez y el brasileño Egberto Gismonti, siguió un programa matemático: cuatro solos, dos duetos, y un cuarteto, como parte de la serie de interpretaciones ofrecidas por el Carnegie bajo el título de Voces de América Latina.

“Fue una noche de hiperactiva libertad de improvisación anclada en una profunda erudición musical”, dice el Times, en la que Rubalcaba expuso la “elegancia de la vieja  música cubana y luego la escindió de múltiples maneras”, con “caprichosos altos y arranques”, con atrevidos “estallidos de disonancia”.

Mientras tanto, Valdés “flirteó con el piano”, dice, a una velocidad demoníaca, yendo de la guajira cubana a Bach. “Con tantos dedos volando sobre las teclas los duetos podrían ser enredados”, pero Rubalcaba y Valdés lo hicieron más fácil “delineando con claridad el solo y el acompañamiento” con traviesas y breves tonadas una y otra vez.

Cuando los cuatro pianistas tocaron a ocho manos una clásica composición cubana, la Danza Lucumí de Ernesto Lecuona, todo se abarrotó, pero emergieron de manera informal solos centelleantes, dice la nota del Times.

Eventualmente Rubalcaba y Valdés, apunta, “abandonaron el teclado y empezaron a tamborilear sobre sus pianos” despejando el ambiente y “regresando a la danza”.

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