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Gonzalo Rubalcaba Pianista

Gonzalo Rubalcaba Pianista PDF

El músico cubano actuó al frente de su banda en el festival de Jazz de Vitoria

N. ARTUNDO

Vitoria

Hay un solo Gonzalo Rubalcaba (La Habana, 1963). El hombre y el artista, la vida y la música se influyen mutuamente y dan como resultado una trayectoria coherente. Es algo que relaciona al pianista cubano -todo un peso pesado del jazz- con un gran maestro al que conoció en su juventud, Dizzy Gillespie, «sin barreras entre la ‘persona y la leyenda». - Ha visitado Vitoria varias veces con propuestas musicales diferentes. ¿Cómo es la de esta ocasión? - Es el repertorio de un disco llamado ’Avatar’. Debo decir que no tiene nada que ver con la película, ja, ja, ya que salió un año y medio antes. Grabamos en Nueva York con un grupo de músicos muyjóvenes radicados allí. Era una propuesta muy de colaboración, con la participación de diversos compositores. Estan también Yosvany Terry, el bajista Matt Brewer y hay un tema de los códigos musicales norteame- ticanos: ’Peace’, de Horace Silver. - ¿Cómo surgió ese concepto? - Hacía tiempo que yo tenía la idea de conformar una agrupación con una generación de músicos cubanos emigrados recientemente a Estados Unidos y otros que crecieron o nacieron allí, pero con conexiones latinas. Hay un vínculo también con los jóvenes norteame-ric~ os que han estado más pendientes de 10 que se hacía en otras partes. Creo que el disco refleja el sen’tir de esta generación, con la que me siento identificado. - ¿En qué aspectos? - Están jugando con estructuras musicalés y códigos, dentro de un discurso como el que yo venía tanteando desde hace unos años. - En su discografía, hayun ‘Inner Voyage’, un ‘Viaje interior’, que marca un punto de inflexión. - Fue el momento de llegar a Estados Unidos. Salí de Cuba y estuve en República Dominicana, donde viví unos seis años. En noviembre de 1996 fui a Florida con mi familia. Desarrollaba actividades con músicos norteamericanos y tenía un contrato discográfico con una filial de Blue Note. Había colaborado con Charlie Haden, Ron Carter, Jack DeJohnette, Paul Motian o Joe Lovano, entre otros. Sentía una comunicación más directa con aquella cultura. Yel disco refleja la tradición norteamericana y el concepto de trío, con una importancia tremenda en la evolución del jazz. - ¿Qué supuso? - Fue el inicio de un nuevo vínculo con la realidad norteamericana, como país, como cultura o sociedad. También había algo narrativo y familiar, como las tres piezas que dedicaba a cadauno de mis hijos, y tiene que ver con el proceso de emigrar. Conecté también con unageneración de músicos cubanos llegados allá en los 80, como el batería Ignacio Berroa. Visión política - Siempre ha matizado que no emigró por motivos políticos. ¿Es importante dejarlo claro? - En ningún sitio se ha especulado como en Estados Unidos sobre mi visión política. La realidad te obliga a tomar partido y a hacer un análisis; en función de tus ideas e intereses. No sólo profesionales, sino también sobre cómo debe ser una sociedad justa. Creo que ha sufrido manipulaciones no bien intencionadas. Yo soy parte de una generación que creció ahí y luego ha tomado sus propias decisiones. Mis intereses eran profesionales. _ - ¿Cómo ha evolucionado su relación con el piano? - Hoy me equivoco, como hace años. Pero esos errores tienen que ver con un marco más amplio de vivencias) sueños de logros y penas, tanto profesionales como personales o familiares.

Gonzalo Rubalcaba Sexteto El Largo Viaje De Gonzalo Rubalcaba

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El Largo Viaje De Gonzalo Rubalcaba

Hace muchos, muchos años, aterrizó en los madriles, procedente de Cuba, un joven y totalmente desconocido multi-instrumentista en busca de nuevos horizontes a música estilo I/jazz afro-cubano”, según se entra a la derecha, en la que se combinaban los instrumentos de toda especie ycondición bien que sin mucho orden ycon algún desatino. Baste decir que se hacía anunciar como I/Gonzalito Rubalcaba y el grupo Proyecto”. Como para fiarse. Hubieron de pasar algunos años para que Gonzalito regresara convertido en don Gonzalo para interpretar piezas de Lecuona y Piazzolla en un Steinway reluciente como el que debe tener cualquier multimillonario ocioso de Palm Beach en su domicilio particular, ante un auditorio de pajarita y programa de mano. En nada, el cubano había recorrido el camino que lleva de la sesión golfa en los márgenes de un festival de jazz, al solemne y prosopopéyico Auditorio Nacional en concierto fuera de programación. I/Tempus fugit” , que dijo el otro. En tiempos de I/Gonzalito”, aquí se conocía de la música cubana por Irakere, que venían atocar de cuando en cuando, por la cosa de la solidaridad entre los pueblos oprimidos, más que nada. Luego estaba el Grupo de Experimentación dellCAIC, un poco de cantautores, otro poco de I/jazz-rock progresivo”, que menuda la que se armó cuando tocaron en el Monumental. Ypoco más. De entonces acá, han florecido los pianistas cubanos de jazz o así como setas en primavera, Chucho Valdés ysu señor padre, Ramón Valle, Roberto Fonseca, Caramelo, Omar Sosa, Pepe Rivero … Rubalcaba fue de los últimos en llegar y de los primeros en largarse, en dirección aFort Lauderdale, Florida, donde tiene establecido su domicilio particular, aunque no por razones políticas, aclara. De entonces ahora, hemos aprendido algunas cosas acerca del muchacho y su periplo personal que le ha llevado a estar dónde está. Como que su destino estaba escrito en las estrellas y en los pupitres del Instituto Superior de Arte, en La Habana. Lo segundo, porque fue allí donde cursó sus estudios superiores de música. Lo primero, porque Gonzalo es hijo de Guillermo Rubalcaba, cuyos discos adquiríamos los amantes de la cosa cubana con avidez, cuando se nos daba ocasión. Rubalcaba, padre, con La Típica, le daba al chachachá y al danzón que daba gusto, solo que el hijo le salió jazzístico. Hay cosas peores. A nada, tuvimos al muchacho compartiendo escenario -el del teatro Karl Marx de La Habana, nada menos- con el mismísimo Dizzy Gillespie, en interpretación que fue registrada y editada por el sello Egrem en portada de papel blandiblú de un exultante color amarillo limón. Tremendo disco que merecería ser reeditado en cedé, si no se ha hecho ya. Luego, en 1986, conoció a Charlie Haden, de cuando todavía los norteamericanos podían visitar Cuba sin ser arrestados asu vuelta, yde entonces que ambos son amigos y residentes en los EU, y tocan y graban juntos con la asiduidad que sus respectivas apretadas agendas se lo permiten. Fue el contrabajista quien recomendó a Rubalcaba a los mandamases de Blue Note, para cuyo sello viene grabando el pianista desde entonces discos en los que combina a Stravinsky con Bola de Nieve y Caturla, Roldán, Duke Ellington, Count Basie y/o Los Van Van, agrupación a la que otorga un papel crucial en el desarrollo del complejo musical isleño: l/ellos nos ayudaron a reafirmarnos como cubanos y, al mismo tiempo, a saber que podíamos ser parte del mundo”. Lo mejor de Rubalcaba: que no se considera así mismo un músico de jazz aún cuando habla, se mueve y respira como un músico de jazz. El fenómeno se repite. Un músico de I/no-jazz” viene atocar su música en un festival de jazz, el de Vitoria-Gasteiz, verbigracia. Aún así, Rubalcaba se sigue mostrando reacio a dejarse encasillar en una u otra categoría, incluida aquella que le ha proporcionado la fama y, es de creer, los mayores ingresos en su cuenta corriente:”no soy un músico de jazz, o no sólo. Tengo muchos otros intereses, y mi formación, por otra parte, es totalmente académica”. Para quien esto firma, el que haya sido capaz de abstraerse de la rutina de un género tan dado a la rutina constituye, en propiedad, el principal atractivo de su música, y lo que otorga a la misma su sello distintivo si se la compara con lo que es norma entre la pléyade de pianistas cubanos que subsisten desparramados por el mundo. Rubalcaba ha llegado más lejos que ninguno de ellos. En sus manos, y en su buen tino, se halla la posibilidad de un acercamiento ala abstracción que empieza aabrirse tímidamente paso en la isla de la mano de, entre otros, el trompetista Yasek Manzano. Escúchense, a modo de ejemplo, los discos del pianista con Haden, tan densos, tan hermosos, tan llenos de una I/cubanía” tan castiza como nada obvia. En ellos, Rubalcaba se las ingenia para abandonarse a la atonalidad más descacharrante sin perder de vista sus raíces musicales clásicas y sandungueras. Allá dónde la mayoría pone l/fusión”, él pone l/creación”: Rubalcaba es igual a música en estado puro. Hay quien no se lo perdona, y es lógico. No abundan quienes están dispuestos atolerar un mestizaje verdaderamente adulto más allá de la fórmula hecha y repetida ad nauseam. Ellos se lo pierden.

CHEMA GARCíA MARTíNEZ

El País

Gonzalo Rubalcabaren Bidaia Luzea

RAIN HAINBAT-HAINBAT URTE, Madrilera iritsi zen Kubatik etorrita instrumentu ugari jotzen zekien gazte eta erabat ezezagun bat. Horizonte berrien bila zebilen, be jazz afrikar kubatarraren” musika estilorako. Bertan, mota eta izaera guztietako instrumentuak konbinatzen ziren, nahiz eta orden gehiegirik gabe eta zentzugabekeriaz zenbaitetan. Nahikoa da taldea iragartzeko erabiltzen zen izena gogoraraztea: ”Gonzalito Rubalcaba y el grupo Proyecto:!. Fidatzeko modukúa. Urte batzuk igaro behar izan ziren Gonzalito Gonzalo jauna bihurtzeko eta Lekuonaren eta Piazzollaren abestiak interpretatzeko Steinway distiratsu batean, hain zuzen ere Palm Beach-eko edozein dirudun nagik bere etxean eduki behar duena bezalakoa, tximeleta begizta jantzita eta eskuko programa daraman auditorio baten aurrean. Denbora gutxian, kubatarrak jazz jaialdi baten ertzean kokatzen den saio barrabanetik Auditorio Nazional ospetsu eta hots handikora daraman bidea egin zuen, programaziotik kanpoko kontzertu bat jotzeko. l/Tempus fugit”, batek esan zuen bezala. ”Gonzalitoren” garaietan, musika kubatarra hemen ezaguna bazen Irakereri esker zen, aldian behin jotzera etortzen zelako eta zapalduta dauden herrien arteko solidaritate modura batez ere. Ondoren ICAIC Esperimentazio Taldea zegoen: kantautore pixka bat eta “jazz eta rock progresiboaren” beste pixka bat. Hori da hori sortu zen iskanbila Monumentalean jo zuenean. Eta askoz gehiagorik el. Ordutik hona, gora egin dute jazz musika jotzen duten piano jotzaile kubatarrek, udaberrian perretxikoek gora egiten duten bezala: Chucho Valdes eta haren aita, Ramon Valle, Roberto Fonseca, Caramelo, Omar Sosa, Pepe Rivero… Rubalcaba iristen azkenetariko bat izan zen eta alde egin zuen lehenengoetariko bat. Fort Lauderdalerantz abiatu zen, Floridan. Han dauka bere bizitokia, ez, ordea, arrazoi politikoak tartean egoteagatik, berak azaltzen duen bezala. Ordutik hona zenbait gauza ikasi ditugu mutikoari eta gaur egun dagoen tokiraino eraman duen ibilbide pertsonalari buruz. Esate baterako, haren destinoa izarretan eta Habanako Goi Mailako Arte Institutuaren idazmahaietan idatzita zegoela. Bigarrenik, han egin zituelako musikako goi mailako ikasketak. Lehenik Guillermo Rubalcabaren seme delako Gonzalo. Lehenengo haren diskoak gogo bíziz erosten genituen gai kubatarren maítale ginenok aukera genuen bakoitzean. Rubalcaba aitak, La Típica taldearekin, txa-txa-txa eta dantzona jotzen zituen zoragarri. Semea, ordea, jazz jotzaile irten zen. Gauza okerragoak badira. Denbora gutxiren buruan, Dizzy Gillespie berarekin agertokia partekatuz ikusi genuen mutikoa -Habanako Karl Marx antzokian, alajaina-. Interpretazio hori Egrem zigiluak erregistratu eta argitaratu zuen, blandiblu papereko aurrealdean, limoi horiaren kolore bizian egina. Disko paregabe horrek CDan berriro argitaratzea mereziko luke, jada egin ez bada. Ondoren, 1986an, Charlie Haden ezagutu zuen, iparramerikarrek Kuba bisitatzerik zutenean itzultzerakoan atxilotuak izan gabe. Ordudanik aurrera, biak lagunak eta EEBBetan bizi direnak dira eta elkarrekin jo eta grabatzen dute maiz, bakoitzaren agenda lanpetuak horretarako aukerarik ematen duenean. Kontrabaxu jotzailea izan zen Blue Noteren nagusiei Rubalcaba gomendatu ziena. Piano jotzaileak ordudanik aurrera grabatu ditu zigilu horrentzat diskoak. Horietan Stravinsky konbinatzen du Bola de Nieverekin eta Caturlarekin, Roldanekin, Duke Ellingtonekin, Count Basierekin edota Los Van Vanekin. Azken horri funtsezko papera ematen zaio irlako musika gunearen garapenean: l/haiek kubatar modura gure burua berresten lagundu ziguten eta, aldi berean, munduaren zati izan gintezkeela jakiten”. Rubalcabaren onena: Ez duela bere burua jazz musikari bezala hartzen, eta hori jazz musikari batek bezala hitz egiten, mugitzen eta amasa hartzen badu ere. Fenomenoa errepikatu egiten da. l/ez jazzeko77 musikari bat jazz jaialdi batean, VitoriaGasteizkoan hain zuzen, bere musika jotzera dator. Hala eta guztiz ere, Rubalcaba kategoria batean edo bestean sailkatzen uztearen aurkako da, baita ospea eman dion eta, ziurrenik, bere kontu korrontean sarrera gehien eragin dituen horretan sartzen uztearen aurkako ere: l/ez naiz jazz musikari bat, edo ez jazz musikari bat soilik. Beste hainbat interes ditut. Eta nire prestakuntza, bestalde, akademikoa da erabat”. Idazki hau sinatzen duen honentzat, hain errutina zalea den genero baten errutinatik ateratzeko gai izatea da bere musikaren alderdi erakargarri nagusia, eta horrek arrasto bereizgarria ematen dio munduan barrena sakabanatuta bizi diren piano jotzaile kubatarren multzoarekin alderatuz gero, errutina hori baita araua multzo horren barruan. Rubalcaba haietako inor baino urrunago iritsi da. Haren esku artean, eta begi onean, abstrakziora hurbiltzeko aukera dago. Aukera hori pixkanaka irekitzen doa irlan, besteak beste Yasek Manzano tronpeta jotzailearen eskutik. Adibide modura, entzun daitezela piano jotzaileak Hadenekin dituen diskoak: hain mamitsuak, hain ederrak, kubatar peto-petoa den baina nabarmena ez den horrenbeste l/kubatartasunez:! beteta. Horietan, Rubalcabak atonaltasun komikoenari heltzen dio, musika erro klasikoak eta xarmagarriak bistatik galdu gabe, betiere. Gehienek ilfusioa” jartzen duten tokian, honek l/sormena” jartzen du: Rubalcaba musika da puri-purian. Hori barkatzen ez duenik ere bada, eta logikoa da. Benetan heldua den mestizaia onartzeko prest daudenak ez dira asko, ad nauseam egin eta errepikatu den formulatik haratago. Haiek galtzen dute.

CHEMA GARCíA MARTíNEZ

El País

Concierto De Piano En Solitario El Viernes, 4 De Marzo Del 2011 8PM Miami (Homestead)

Gonzalo Rubalcaba Quintet 42 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona Teatre-Auditori de Sant Cugat 13 de Noviembre, 2010


Cita el sábado en Sant Cugat para escuchar a Gonzalo Rubalcaba, uno de los pianos de referencia de la rica escuela cubana. Porque Rubalcaba forma parte de esos músicos que habitan en el olimpo del establishment del jazz. Él es uno de los nombres de cabecera de la discográfica Blue Note (su presidente, Bruce Lundvall, avanzó su visita a Barcelona para poder asistir al concierto) y un pianista altamente valorado por todo el espectro jazzístico, sobre todo por la crítica más refinada (no miramos a nadie).

Aun así, poco riesgo para tanto nombre. Las elegantes composiciones de Rubalcaba y sus chicos, o quizá las interpretaciones que el quinteto lleva a cabo, parecen frías y difíciles de vivir desde la distancia de un gran auditorio. De todos modos, hay que constatar que un público más que atento asistió mesmerizado al despliegue técnico y de control de sonido del que hizo gala Rubalcaba, que rubricó el concierto con dos bises en solitario, Con Alma y El Manisero. Antes de ello, hora y media llena de composiciones propias (incluida alguna pieza firmada por el saxofonista Yosvany Terry) y ajenas de artistas de referencia como Horace Silver. A la salida, el debate estaba abierto: para más de uno (el propio Lundvall incluido), se trataba de una noche memorable; pero también hubo quien echó de menos una pizca más de sal y pasión escénica.

Gonzalo Rubalcaba Al Piano

Gonzalo Rubalcaba – Perfil

Gonzalo Rubalcaba (La Habana, Cuba, 27 de mayo de 1963) es un pianistacompositorde jazz cubano.

Encuadrado en la era post-bop, Rubalcaba es un virtuoso instrumentista que está considerado como una de las principales figuras del jazz afro-cubano.

Aunque no estuvo motivado en razones políticas, emigró y vivió algunos años en la República Dominicana para más tarde fijar sus residencia definitiva en Fort Lauderdale, Florida, Estados Unidos de América.

Discografía

  • Concierto Negro (1987)
  • Mi Gran Pasion (1987)
  • Live in Havana (1989)
  • Giraldilla (1990)
  • Discovery: Live at Montreux (1990)
  • The Blessing (1991)
  • Images: Live at Mt. Fuji (1991)
  • Suite 4 y 20 (1992)
  • Rapsodia (1992)
  • Imagine (1993)
  • Diz (1993)
  • Concatenacion (1995)
  • Flying Colors (1997) con Joe Lovano
  • Antiguo (1998)
  • Inner Voyage (1999) con Michael Brecker
  • Supernova (2001)
  • Inicio (2001)
  • Nocturne (2001) con Charlie Haden
  • Paseo (2004)
  • Land of the Sun (2004) con Charlie Haden
  • Solo (2006)
  • Avatar (2008)
  • “Fé” (2010)

El pianista cubano Gonzalo Rubalcaba cierra el ciclo de jazz de la Universidad Pública de Navarra

Noticias

11 de abril de 2008 [CULTURA]

El pianista cubano Gonzalo Rubalcaba cierra el ciclo de jazz de la Universidad Pública de Navarra ante 400 personas Más de 1.300 personas han asistido a los cuatro conciertos organizados dentro del ciclo Jazz en la Universidad . El pianista cubano Gonzalo Rubalcaba cerró ayer el ciclo de jazz organizado por la Universidad Pública de Navarra con un concierto al que asistieron cerca de 400 personas. La actuación, que era abierta al público, se desarrolló a las 19 horas en el edificio de Comedores del Campus de Arrosadia. Gonzalo Rubalcaba (La Habana, 1963), ganador de dos Grammys de Jazz, es uno de los grandes músicos cubanos de jazz. Pianista versátil, instrumentista hábil y elegante, Rubalcaba es una de las grandes figuras contemporáneas emergentes representativas del jazz afro cubano. Más de 1.300 personas han asistido a lo largo de esta semana a las cuatro actuaciones programadas dentro del ciclo Jazz en la Universidad. Además de Gonzalo Rubalcaba, que ayer cerró el programa, han actuado el guitarrista de EEUU Stanley Jordan, Roman Filiú Quartet y la Big Band del Conservatorio Superior de Navarra.

Gonzalo Rubalcaba, durante el concierto ofrecido el lunes en la Universidad.

GONZALO RUBALCABA QUINTET Centro Cultural Miguel Delibes Sala Teatro Experimental “Álvaro Valentín” (Valladolid)

GONZALO RUBALCABA QUINTET

Centro Cultural Miguel Delibes Sala Teatro Experimental “Álvaro Valentín” (Valladolid)

20 de noviembre de 2010 - Crónica por Borja Sánchez Mayoral

Gonzalo Rubalcaba: piano

Yosvany Terry: saxos alto y soprano

Mike Rodriguez: trompeta y fliscorno

Matt Brewer: contrabajo

Ernesto Simpson: batería y percusión

Contar en la programación de conciertos de Valladolid con un músico de la talla de Gonzalo Rubalcaba ha sido todo un acierto. Con 47 años, Gonzalo Rubalcaba –de nacionalidad cubana y americana- es un pianista destacad de la escena jazzística internacional de las dos últimas décadas, poseyendo una carrera sólida donde se combinan tradiciones musicales de Cuba y Estados Unidos. Potenciadas sus inquietudes y habilidades desde pequeño porsu padre –el pianista Guillermo Rubalcaba-, Gonzalo despuntó desde jovencito. Sus primeras grabaciones datan de comienzos y mediados de los 80, llegando a firmar en 1990 un LP extraordinario con Charlie Haden y Paul Motian, ‘Discovery: Live At Montreux’.

Este álbum, donde su enorme virtuosismo tuvo una mayor proyección, supuso el espaldarazo definitivo en una trayectoria que presentó en su siguiente trabajo, ‘The Blessing’ (1991), también en formato trío –en esta ocasión con Charlie Haden y Jack DeJohnette-, otro hito de unas dimensiones artísticas equivalentes. En el resto de la discografía de Gonzalo Rubalcaba también podemos encontrar numerosos surcos interesantes, entre otros los contenidos en ‘Mi Gran Pasión’ (1987), ‘Rapsodia’ (1992), ‘Inner Voyage’ (1999), ‘Supernova’ (2001) y ‘Avatar’ (2008), trabajos en los que el pianista demuestra asimismo una versatilidad notable. El quinteto de Rubalcaba llegó a la sala Teatro Experimental del Auditorio Miguel Delibes con la intención de interpretar ‘Avatar’, el penúltimo trabajo del pianista si tenemos en cuenta que hace muy poco ha publicado ‘Fe’ (2010), un extenso disco en solitario lanzado desde su sello 5Passion, recientemente fundado junto a Gary Galimidi.

De las siete composiciones de ‘Avatar’, solo “Infantil” está firmada por Gonzalo, “perteneciendo” al saxofonista Yosvany Terry “Looking In Retrospective”, “This Is It” y “Hipside”, y al contrabajista Matt Brewer la misteriosa “Aspiring To Normalcy”. “Peace” de Horace Silver y “Preludio Corto No. 2 For Piano (Tu Amor Era Falso)” del cubano Alejandro García Caturla completan el listado. La formación que vino a Valladolid, salvo el batería Ernesto Simpson, fue la que grabó el disco, y en la actuación el pianista dedicó a los músicos unas palabras, diciendo que era un álbum que recoge capacidad y fantasía compositiva. Madurez, contención y visión de conjunto pueden ser términos que definan también este trabajo, en el que las ejecuciones acrobáticas de Rubalcaba no tienen la presencia de antaño. Perspectiva, expresividad y libertad para un jazz con ecos neoyorkinos, intrincado e imaginativo, que se mueve con naturalidad por distintos terrenos y no puede circunscribirse a una etiqueta como la del latin jazz.

Durante el concierto, Rubalcaba y sus socios elaboraron un discurso musical sin fisuras a través de composiciones largas. Dotado de una técnica asombrosa y una gran sensibilidad, el pianista enfocó y dirigió la actuación sin sobresalir demasiado del conjunto siendo, como hemos insinuado al hablar de ‘Avatar’, un elemento más dentro del esquema. Desde algo más de una década, tiene una mayor propensión hacia la melodía que hacia la complejidad rítmica, y su estilo tampoco olvidó la meticulosidad, la velocidad con las teclas y el pulso preciso. Combinó destreza con emotividad y templanza, y determinadas travesuras próximas al free, quiebros y filigranas con pinceladas concisas, todo ello con mucha seguridad. Le respaldaba en esta aventura un grupo que se articulaba y amoldaba en función del desarrollo y el momento de la pieza. La sección de vientos contaba con Yosvany Terry, un saxofonista que soplaba con sentimiento y decisión y dejó valiosas aportaciones, especialmente con el saxo soprano. Asimismo Terry se movió en ciertas ocasiones dentro de unos registros más libres, sin perder las coordenadas. El trompetista

Mike Rodriguez tenía una sonoridad limpia, luminosa e incisiva, manteniendo la comunicación y colaborando en la formación de texturas. El contrabajista Matt Brewer contribuyó al espacio común manejando su instrumento con plasticidad, defendiendo bien su parcela y apoyando en varios pasajes la construcción de un poderoso groove, siendo secundando por Ernesto Simpson, batería contundente, ágil y creativo, que no escondía sus influencias latinas.

La sencilla pero eficaz pantalla de fondo, que podía tener como motivo unos círculos concéntricos con colores que giraban o una iluminación más neutra, acompañaba bien la evolución de una música densa, de diferentes ambientes, logradas transiciones y brillantes cambios de ritmo, llevada a cabo con soltura y elegancia. En los bises, Gonzalo tuvo el protagonismo con dos interpretaciones en solitario,

sobresaliendo la adaptación de “El Manisero”, en la que dio una de sus mayores exhibiciones aquella noche, al revisar de manera poliédrica este clásico de la música cubana.Antes de esto, en el momento de presentar a los músicos y agradecer al público y a los promotores, manifestó sus ganas de volver a Valladolid: “Ojala se repita pronto y en verano”. Deseamos que así sea.

Texto: Borja Sánchez Mayoral

Fotos: Antonio Macías

Con el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba Contratapa Argentina – Buenos Aires

“Con el instrumento uno tiene una relación confidencial”

Tocó con Dizzy Gillespie y con Charlie Haden. Acaba de grabar un homenaje a Bola de Nieve junto al cantante Francisco Céspedes. Adora a los compositores clásicos de su país, a Irakere y a Los Van Van. Aquí actuará solo, en el cierre del Festival de Jazz del Ateneo. Dice que nunca se ha visto a sí mismo como un músico de jazz. Y dice, también, que es lógico que se lo identifique como tal. “Es que se me ha visto tocar con Dizzy Gillespie, o con Charlie Haden. Y muchos de mis discos han sido publicados por Blue Note, que es un sello de jazz, así que si le preguntan a alguien del público quién es Gonzalo Rubalcaba lo más probable es que diga que es un pianista de jazz. Tal vez agregue ‘cubano’ y está bien, porque no es una cuestión de nacionalidad, solamente. En mi caso, eso define algo de lo musical. Pero es que no soy sólo un músico de jazz. Tengo muchos otros intereses. Y mi formación, por otra parte, es totalmente académica.” Quien habla es, por supuesto, Gonzalo Rubalcaba. Alguien a quien el contrabajista Charlie Haden saludó como la gran aparición inesperada en el universo del jazz, que en sus comienzos tocó con él y con el baterista Paul Motian y, también, alguien que compuso piezas de concierto para piano y que acaba de publicar en el sello Warner Con el permiso de Bola, un disco de homenaje a Bola de Nieve junto al cantante Francisco Céspedes. Nacido en La Habana en 1963 y actualmente radicado en Florida,

Rubalcaba, que cerrará la segunda edición del Festival de Jazz ND/Ateneo, es sumamente mesurado cuando se trata de hablar de su patria. Por un lado, no deja de decir, cada vez que puede, que la escuela musical cubana es una de las mejores del mundo. Por otro, señala, como al pasar, que “todos sabemos que han sucedido cosas que nos aislaron mucho y eso no es bueno para la cultura”. Su último disco editado por Blue Note se llama, sintéticamente, Solo. Y también aquí actuará solo. “Se llega a querer estar solo en un escenario por varias razones”, explica a Página/12 en una conversación telefónica. “En primer lugar hay algo que tiene que ver con rescatar algo que para uno es natural. Se estudia, se compone, se toca, la mayoría del tiempo, a solas. Con el propio instrumento se llega a tener una relación íntima, confidencial, de diálogo. Con el piano y con su música, con la forma en que uno quiere que suene. El instrumento nunca deja de ser un vehículo de lo que uno va sintiendo y de las ideas que uno va necesitando expresar. Tocar a solas es una manera de explorarse, de poner en escena la evolución estética, el crecimiento de la propia música. Y es, desde ya, una meta. Cuando se toca en grupo no hay tanta carga; la responsabilidad está compartida.” Del jazz al bolero, y de allí a la música

académica. O de su amor por Bola de Nieve a su admiración por Caturla o Roldán, dos de los grandes compositores cubanos. “Cada género, cada tema, incluso, tiene su esencia. Y nunca deben tocarse de la misma manera piezas que provienen de distintos mundos culturales. A mí me atrae saber acerca de los condicionamientos históricos, de las influencias recibidas por el compositor, del momento emocional en el que surgió esa obra. Saber al menos un poquito acerca de la música me permite vislumbrar en qué dirección debo ir con esa música.” Esa versatilidad, según el pianista, tiene que ver con sus orígenes musicales, con su familia. Pero, también, con la propia Cuba. Con la asunción de la hibridez y el mestizaje como motores de la cultura. Con ese “ángel con maracas” del que hablaba Alejo Carpentier –musicólogo, además de escritor– y que, según él, mostraba cómo lo africano y lo español resultaban allí inseparables desde un principio. El interés por Bola de Nieve, en todo caso, tiene que ver con eso. “Es parte de la historia de la música cubana. Y más, latinoamericana”, dice Rubalcaba. “Bola encierra muchas cosas. Hablar de él como cantante sería limitarlo. Pintarlo como pianista, lo mismo. El desarrolló distintas facetas, incluyendo un formidable manejo de la escena, que se adentraban en distintos estilos y estéticas. Era un ilusionista. Estaba lleno de fantasía. Y, al mismo tiempo, argumentaba muy seriamente cada pieza.” Rubalcaba opina que la huella dejada por Bola de Nieve en cada una de las canciones que interpretó es tan fuerte que se hace imposible imaginarlas de

otra manera que como él las hizo. Y, sin embargo, grabó un homenaje. “Es un desafío interesantísimo. Porque no tiene sentido hacerlo si no se va respetar esa huella dejada por él y, obviamente, tampoco tiene sentido hacerlo si se va a repetir lo que él ya hizo. Diría que no se trata de repetirlo sino de mencionarlo. De evocarlo desde una óptica propia. Hay que partir de un conocimiento preciso de su música para poder, después, decidir qué partes, en el estilo, en el género, deben ser conservadas y cuáles pueden ser transformadas y desarrolladas. Es un poco como una relación de pareja. Cuando se conoce mucho al otro, uno puede empezar a separarse un poco.” Otro de los elementos fundamentales en la estética de Rubalcaba es, por supuesto, la historia del jazz en Cuba. Una historia que no tuvo que ver sólo con la llegada de grandes artistas del género en la época en que La Habana era un gigantesco casino estadounidense sino, también, con la influencia que el jazz recibió de la isla. “Todavía hay mucho por descubrirse de esa historia”, afirma el pianista. “Creo que las influencias mutuas son anteriores a lo que se cree. En la pianística cubana, en ciertas maneras de ‘dibujar’ la ‘mano quieta’, en el despliegue de la armonía con la mano izquierda, en algunos patrones rítmicos. Los acompañamientos se manipulaban de manera idéntica. Desde entonces, el tráfico ha sido intenso. Además se compartían experiencias: Stravinsky en La Habana; el interés de Aaron Copland por nuestra música.” En ese tráfico, Rubalcaba reconoce, también, un hito que tuvo que ver, según él, tanto con demostrar en Cuba que se podía hacer música en un nivel internacional como con mostrar en Estados Unidos que, en el mundo del jazz, se podía competir de igual a igual e, incluso, a veces, ganar por varios cuerpos. “Irakere se convirtió en un fenómeno de escape y en una tentativa”, dice refiriéndose a aquel grupo conducido por Chucho Valdez en el que tocaban Paquito D’Rivera y Arturo Sandoval. “Y hubo otro grupo fundamental para nosotros, aunque más ligado a la fusión popular que al jazz, Los Van Van. Ellos nos ayudaron a reafirmarnos como cubanos y, al mismo tiempo, asaber que podíamos ser parte del mundo.”

Por Diego Fischerman

Gonzalo Rubalcaba: El Evangelio de la Evolución

Gonzalo Rubalcaba: El Evangelio de la Evolución

Por Eliseo Cardona  Especial para Anapapaya

La publicación de Inner Voyage en 1999 parecía traer una señal. Poco importaba si era buena o mala, el caso es que tanto críticos como seguidores habituales hablaban de un disco en que el pianista Gonzalo Rubalcaba registraba un cambio de estilo, una nueva actitud de aproximación a la música: de inquieto acróbata del teclado a imperturbable patriarca de la serenidad. Reseñas, artículos o entrevistas se empeñaban en retratar a un Rubalcaba que presentaba sus ideas apoyado en pautas silenciosas, como examinando los misterios de la invención en el laberinto de la abstracción. Música para ser más sentida que escuchada. Rubalcaba lo llamó –y lo sigue llamando– el factor evolución, una etapa que los amigos íntimos califican como su gran obsesión, haciendo juego con el título de su clásico disco de danzones Mi gran pasión. “Siempre estoy buscando nuevas formas de expresión”, señalaba en una reciente conversación telefónica desde su residencia en Coral Spring (Condado de Broward, estado de la Florida). “Es la única forma de crecer artística, musical, espiritualmente hablando”. Para los críticos, este nuevo Rubalcaba también representaba la madurez del artista que ha llegado a un terreno donde el conocimiento, la sensibilidad y la técnica convergen y se dan la mano; no para exponer un insoportable virtuosismo –esa plaga que afecta a muchos músicos cubanos con el polvo del conservatorio sobre los hombros– sino el espíritu mismo de la música, las historias y las ideas que se esconden en los tejidos sonoros. Supernova, su reciente trabajo con su trío, así como Nocturne, el disco de boleros jazzísticos grabado en complicidad con el bajista Charlie Haden, parecerían reforzar el anterior argumento: un músico convertido en el decano de la exploración íntima. El cambio, según el pianista, está relacionado con un deseo de trabajar los aspectos melódicos de la música: “La melodía es el punto de partida de cualquier música”. Rubalcaba fue un niño prodigio que creció en una casa habanera llena de música: su padre, Guillermo Rubalcaba González es un destacado pianista y director de agrupaciones de música popular, además de ser uno de los primeros maestros de Gonzalo antes de que éste ingresara en el Conservatorio Amadeo Roldán. Su pasión por el jazz, comenta el músico, comenzó cuando desempolvó la colección de vinilos de su padre. ”Eran cosas de Duke Ellington, Count Basie, Glenn Miller… aunque recuerdo que tenía más discos de vientistas que de pianistas”. En 1985, Gonzalo fue “descubierto” por Dizzy Gillespie durante una visita del trompetista al Festival de Jazz de La Habana. Un año más tarde, lo volvía a “descubrir” el bajista Charlie Haden. Lo demás es historia de traslados, documentos de inmigración, un concierto con protestas infames frente a un teatro de Miami y espléndidas discos y colaboraciones con maestros del jazz norteamericano.

Anapapaya conversó con Rubalcaba a propósito de sus recientes proyectos.

Eliseo Cadona: Gonzalo, comencemos con Nocturne, el álbum de boleros en el que participas y produces para el bajista Charlie Haden. Algunas personas señalaron en un principio que ustedes se tomaron muchas libertades con el género. Digamos que el espíritu estaba ahí, pero no la gramática.

Gonzalo Rubalcaba: Permíteme contarte un poco sobre la génesis del disco. Charlie [Haden] y yo veníamos discutiendo desde hace tiempo la idea de grabar un álbum de baladas y boleros, y esas conversaciones nos llevaron a intercambiar ideas sobre el lenguaje de ambos géneros, sobre la tradición de ambas músicas en Latinoamérica y sobre cómo se pueden abordar de muchas maneras. Hablamos de técnicas, de la emoción del instrumentista, de su trasfondo cultural. Hablamos además del músico que simplemente hace las cosas como las sientes. Todo eso lo fuimos relacionando con el papel que ha tenido la balada en el jazz. Como te puedes imaginar, fueron conversaciones estimulantes entre dos amigos; o entre hermanos, porque yo a Charlie lo quiero como si fuera mi hermano. Sin embargo, materializar el proyecto fue siempre difícil porque no disponíamos de tiempo para trabajarlo. Pasaba que, o mi agenda estaba cargada, o Charlie tenía otros proyectos. Pero él me lo recordaba siempre, porque es un tipo insistente y hasta terco. Así que el año pasado [2000] me senté en la sala de mi casa y le grabé varios casetes con boleros de distintos intérpretes y bandas que yo admiraba desde hace años. Cuando Charlie recibió la música, el proyecto comenzó a caminar; no había vuelta atrás. Entre ambos hicimos la selección, sin dejarnos llevar por una idea en específico. Lo que sí queríamos era como continuar aquellas conversaciones, pero esta vez en el estudio. Te cuento todo esto porque, en verdad, no teníamos un plan, una agenda. No estábamos siguiendo un manifiesto de estética ni mucho menos queríamos romper con un pasado o establecer nuevas reglas para grabar boleros. El resultado final, por supuesto, lo debe juzgar el oyente, los críticos y los que escriben sobre música. Me interesa conocer tus impresiones. Me preguntas si nos tomamos libertades con el bolero y yo te pregunto, ¿estamos hablando de arte, cierto? Hablamos del arte de la música.

Pongámoslo de esta manera: ¿tú crees que los músicos cubanos de los años 50 o 60 estaban tomándose libertades cuando crearon el movimiento del filin?

Claro que sí. Y lo que hicieron esos músicos es una obra especial, muy original, hecha con el espíritu de diferentes personas tratando de crear. De hecho, yo pienso que así nacen todos movimientos musicales. Gente como José Antonio Méndez o César Portillo de la Luz estaban hablando desde su individualidad, desde su propia visión poética y cultural. Se puede decir que estaban siguiendo la tradición de una poesía cubana muy rica, pero también escribiendo cosas para su tiempo, para el tiempo que les tocaba vivir. Yo crecí escuchando esa música. Cuando yo era niño, en mi casa se escuchaba de todo: boleros, feeling, filin, trova, son y otras cosas. Pero los mejores recuerdos son los de mi padre tocando toda esa música desde su punto de vista, como él la sentía y quería proyectar. ¿Se estaba tomando libertades? Claro que sí. Lo que hicimos Charlie y yo es un disco para nuestros tiempos. O sea, no teníamos una idea preconcebida pero tampoco queríamos tocar cosas que ya estaban hechas. Tampoco nos consideramos expertos en bolero. Por otra parte, yo no entiendo la actitud de ciertos músicos de repetir el pasado, de calcarlo tal cual. Creo que Nocturne en ese sentido es un buen disco, por las diferentes sensibilidades que se juntaron en el estudio de grabación. Fíjate que tienes músicos tan opuestos entre sí [Federico Brito, Ignacio Berroa, Joe Lovano, Pat Metheny, David Sánchez], pero todos estaban sintonizados con abordar el repertorio con ideas nuevas. Desde mi punto de vista, yo creo que es absurdo pretender tocar como los maestros. Los maestros nos pasaron un legado y nosotros tenemos añadirle nuestra propia voz.

Tus discos vienen cargados de sorpresas. En Supernova, por ejemplo, regresas al danzón cubano con El Cadete Constitucional, un clásico escrito por tu abuelo Jacobo.

Menos mal que están llenos de sorpresas [risas]. Eso significa que no sigo fórmulas. Pero tal vez sorpresa no es la palabra, sino exploración. O mejor, evolución. Yo creo que mi carrera es eso: una búsqueda continua para evolucionar hacia otras formas de expresión. La idea es crecer artística, intelectual, espiritualmente. Bueno, pero digamos que es una sorpresa haber grabado El Cadete Constitucional, por aquello deque hay quienes esperaban una continuación de Mi gran pasión Para ser sincero, yo no había grabado antes El Cadete porque no me sentía preparado. Yo creoque todo tiene su tiempo y su lugar; grabarlo ahora era el momento oportuno. En cuanto a grabar una continuación de Mi gran pasión, no lo sé. ¿Se le puede pedir a Gabriel García Márquez una secuelade Cien años de soledad?

¿Cómo te preparaste para grabar El Cadete?

Me sentía preparado desde el punto de vista técnico, porque El cadete es algo que vengo tocando desde niño. Pero yo quería buscarle un ángulo diferente, y eso me costó trabajo. Imagínate, esa pieza está muy cerca de mi formación; es una herencia de mi abuelo. No sólo esa pieza, sino muchas otras. En todo caso quería usar más la imaginación. Creo que como artista, si tienes las herramientas y si estás claro en los objetivos, entonces es posible jugar un poco con la tradición. La idea es evolucionar hacia un lenguaje universal. Esto yo no lo tenía claro hace algunos años; este era el momento.

¿Se puede decir que Supernova resume todo lo que has estado haciendo desde que llegaste a Estados Unidos?

Esa es una buena pregunta, pero yo no tengo la respuesta. Eso se lo dejo a quienes escuchen el disco. Ahora bien, he estado experimentando mucho con el formato del trío y yo creo que esto se refleja en este disco. Trabajar con Ignacio [Berroa] y Carlos Henríquez durante todo este tiempo ha sido beneficioso y lo que se buscaba era ver cómo nos sentíamos tocando diferentes cosas. Ahí está la diferencia. El disco tiene muchos caminos y eraesto lo que teníamos en mente. Supernova y, por supuesto, Inner Voyage, se inclinan más hacia lo melódico. Exactamente. En el pasado mi trabajo como pianista y líder estuvo marcado por el aspecto rítmico, por la complejidad rítmica si quieres. Ahora me muevo hacia la evolución melódica, explorando más aspectos. Quiero conectarlo con el fraseo en el jazz y con el vocabulario cubano.

Algunos críticos señalan que abandonaste el estilo mecanógrafo del pasado para concentrarte en algo más poético. [Risas.]

No lo sé, Eliseo, para mí todo ha sido una cuestión de evolución. Como te decía antes, exploro las posibilidades melódicas de mi trabajo. No quiero sonar pretencioso ni dogmático, pero la evolución lo es todo en estos momentos. Por otro lado, no creo que sea un pianista que toca rápido, sino un músico que piensa rápido, sumado a una conexión espiritual con la música. De nuevo, es parte de una evolución. Lo que me hace pensar en lo siguiente: ¿por qué a ciertos críticos o individuos les cuesta trabajo reconocer la evolución en otras personas? Entiendo que la gente no pueda ver todo el contexto de una obra, pero a mí como artista me interesa crear un gran lienzo. Si antes era conservador, ahora quiero tomarme riesgos, y llegará el momento en que combine ambas cosas. Por ahora, busco los riesgos y la ambición estética. Busco sobre todo disciplina en lo que hago. Yo creo que tiene que ver con las primeras formaciones del individuo y la experiencia que a va acumulando.

El bajista Ron Carter habla de ti en estos términos: ”El interés de Gonzalo es tocar tantos estilos como lo permita una biblioteca sonora”. ¿Puede decirse lo mismo de ti como compositor?

Absolutamente. Me alegra que traigas este tema porque fíjate que en los últimos años mi interés no sólo se centra en tocar mis propias composiciones sino en escribir fuera de las fronteras de la música cubana, incluso del jazz o el Latin jazz. Supernova refleja el interés de explorar, de mostrar la extensión de mi escritura hacia otros sonidos.

Los pianistas cubanos no tienen problemas a la hora de citar influencias norteamericanas. Digamos que hablan de pianistas como Bill Evans, Chick Corea y otros sin ningún tipo de inhibición. ¿Has visto el mismo interés en los pianistas norteamericanos? ¿Se preocupan éstos por la pianística cubana?

Para ser sincero, no he visto ese interés de los músicos norteamericanos; marcando las excepciones, claro. Y esas excepciones forman un pequeño grupo. Esta es mi opinión, por supuesto. No estoy hablando por otros. Los jazzistas en Estados Unidos conocen a Chucho [Valdés], conocen mi trabajo, y probablemente el trabajo de Hilario Durán. Pero, ¿conocen a [Ernesto] Lecuona, [Manuel] Saumell, Antonio María Romeu y otros? La pianística cubana es otro universo, completamente diferente, y si los cubanos conocen, por ejemplo, quiénes son Scott Joplin, James P. Johnson, [Duke] Ellington, Count Basie, Chick Corea, Keith Jarrett, etc., no veo por qué los norteamericanos no pueden acercarse a los pianistas de la isla. O mejor, a los pianistas de Latinoamérica.

Habría que hablar también de las nuevas generaciones de pianistas cubanos.

Claro, y te diría que es importante que los pianistas jóvenes estudien la tradición de la pianística en Cuba y no solamente a la generación inmediatamente anterior a ellos.

Gonzalo, tu formación es académica y clásica, pero ¿qué papel jugó tu padre en tu educación?

Mi padre es la figura más importante en mi educación; con él aprendí las primeras lecciones de gramática pianística y luego a ensanchar esa gramática. Mi padre me enseñó a conocer sobre todo el instrumento, a conocerlo íntimamente. Me dio sobre todo la disciplina, las herramientas para concentrarme y mantener el enfoque. Me enseñó además a estimular la curiosidad y a no perderla.

Y supongo que te dio un sentido de la estética y la elegancia, que son cosas que se echa de menos en los pianistas jóvenes.

Tienes razón en esto último. Yo no puedo ni quiero hablar en nombre de mi padre y ni voy a defender su trabajo porque creo que habla por sí mismo.Pero sí, tienes razón: yo escucho a pianistas cubanos de los años 40, 50 y 60, y eso es precisamente lo que notas: una música elegante, refinada, orientada por una estética personal. Incluso, hasta cuando tocaban música bailable; armónica, melódicamente hablando, había una estética de refinamiento y elegancia. Es una de las razones por las que he insistido en regresar a esa música y exponerla todo lo posible. Con nuevas ideas, pero reflejando el espíritu. También es importante estudiar otros géneros aparte de la música bailable.

Lo que me lleva a preguntarte sobre el fenómeno del Buena Vista. ¿Es moda o un genuino interés por descubrir la música tradicional?

Quiero pensar que se trata de un genuino interés en la música tradicional cubana, pero a la vez no estoy muy seguro de que la industria quiera mostrar otros aspectos, otras épocas o géneros de la música cubana. Déjame aclarar que a mí como cubano me alegra mucho ver que estos músicos [los del Buena Vista Social Club] estén recibiendo el reconocimiento que merecen. Sin embargo, yo creo que al enfatizar demasiado en lo del Buena Vista se corre el riesgo de que el público masivo piense que se trata solamente de eso. Me asusta pensar que no se presenten, digamos, las conexiones entre épocas, estilos, movimientos. A mí me daría mucho placer ver un interés de las discográficas en presentar un cuadro general de la música cubana, porque sin esas conexiones, se corre el riesgo de que el Buena Vista parezca una cosa aislada. Lo que lo convertiría, en efecto, en una moda.

Gonzalo, hablemos de Miami. Primera pregunta: ¿te presentarías en la ciudad luego de aquel incidente en 1996 cuando grupos de exiliados cubanos te protestaron frente al teatro en Miami? Segunda pregunta: tomando en cuenta que vives relativamente cerca de la ciudad, ¿has visto cambios en la actitud de los exiliados cubanos hacia los músicos de la isla?

Siempre he dicho que presentarme en Miami o en cualquier otra ciudad no tiene nada que ver con los asuntos de la política. Yo no soy político, soy músico. Además, un músico cubano, para ser más específico. Cuando recibo invitaciones para tocar, sea en Miami o cualquier otro lugar, les doy el mismo tratamiento. Es decir, busco que se cumplan ciertos requisitos: el sonido, el sistema de luces, las condiciones del piano, etc. Son requisitos técnicos que, al cumplirse, facilitan mi trabajo y sostienen la calidad de mi música. Mi respuesta a la segunda pregunta: ¿veo cambios en Miami? No sé cómo responder a eso. Eliseo, paso la mayor parte del tiempo viajando y apenas estoy unos días en el sur de la Florida, que ha sido mi lugar de residencia en los últimos cinco años. Cuando estoy en Miami, el tiempo se lo dedico a mi familia. ¿Cambios en la ciudad? No lo sé. Conozco personas que están cansadas de la política, cansadas de que no puedan ejercer su derecho a ver a los músicos que quieran. Algunos de los grupos que siempre protestan por razones políticas durante la visita de algún músico cubano están demasiado ocupados en otros asuntos, pero ¿ha habido cambios en su mentalidad? No lo sé. Sólo el futuro lo dirá.

Gonzalo, gracias por tu tiempo.

El placer es mío.

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