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Gonzalo Rubalcaba: El Evangelio de la Evolución

Gonzalo Rubalcaba: El Evangelio de la Evolución

Por Eliseo Cardona  Especial para Anapapaya

La publicación de Inner Voyage en 1999 parecía traer una señal. Poco importaba si era buena o mala, el caso es que tanto críticos como seguidores habituales hablaban de un disco en que el pianista Gonzalo Rubalcaba registraba un cambio de estilo, una nueva actitud de aproximación a la música: de inquieto acróbata del teclado a imperturbable patriarca de la serenidad. Reseñas, artículos o entrevistas se empeñaban en retratar a un Rubalcaba que presentaba sus ideas apoyado en pautas silenciosas, como examinando los misterios de la invención en el laberinto de la abstracción. Música para ser más sentida que escuchada. Rubalcaba lo llamó –y lo sigue llamando– el factor evolución, una etapa que los amigos íntimos califican como su gran obsesión, haciendo juego con el título de su clásico disco de danzones Mi gran pasión. “Siempre estoy buscando nuevas formas de expresión”, señalaba en una reciente conversación telefónica desde su residencia en Coral Spring (Condado de Broward, estado de la Florida). “Es la única forma de crecer artística, musical, espiritualmente hablando”. Para los críticos, este nuevo Rubalcaba también representaba la madurez del artista que ha llegado a un terreno donde el conocimiento, la sensibilidad y la técnica convergen y se dan la mano; no para exponer un insoportable virtuosismo –esa plaga que afecta a muchos músicos cubanos con el polvo del conservatorio sobre los hombros– sino el espíritu mismo de la música, las historias y las ideas que se esconden en los tejidos sonoros. Supernova, su reciente trabajo con su trío, así como Nocturne, el disco de boleros jazzísticos grabado en complicidad con el bajista Charlie Haden, parecerían reforzar el anterior argumento: un músico convertido en el decano de la exploración íntima. El cambio, según el pianista, está relacionado con un deseo de trabajar los aspectos melódicos de la música: “La melodía es el punto de partida de cualquier música”. Rubalcaba fue un niño prodigio que creció en una casa habanera llena de música: su padre, Guillermo Rubalcaba González es un destacado pianista y director de agrupaciones de música popular, además de ser uno de los primeros maestros de Gonzalo antes de que éste ingresara en el Conservatorio Amadeo Roldán. Su pasión por el jazz, comenta el músico, comenzó cuando desempolvó la colección de vinilos de su padre. “Eran cosas de Duke Ellington, Count Basie, Glenn Miller… aunque recuerdo que tenía más discos de vientistas que de pianistas”. En 1985, Gonzalo fue “descubierto” por Dizzy Gillespie durante una visita del trompetista al Festival de Jazz de La Habana. Un año más tarde, lo volvía a “descubrir” el bajista Charlie Haden. Lo demás es historia de traslados, documentos de inmigración, un concierto con protestas infames frente a un teatro de Miami y espléndidas discos y colaboraciones con maestros del jazz norteamericano.

Anapapaya conversó con Rubalcaba a propósito de sus recientes proyectos.

Eliseo Cadona: Gonzalo, comencemos con Nocturne, el álbum de boleros en el que participas y produces para el bajista Charlie Haden. Algunas personas señalaron en un principio que ustedes se tomaron muchas libertades con el género. Digamos que el espíritu estaba ahí, pero no la gramática.

Gonzalo Rubalcaba: Permíteme contarte un poco sobre la génesis del disco. Charlie [Haden] y yo veníamos discutiendo desde hace tiempo la idea de grabar un álbum de baladas y boleros, y esas conversaciones nos llevaron a intercambiar ideas sobre el lenguaje de ambos géneros, sobre la tradición de ambas músicas en Latinoamérica y sobre cómo se pueden abordar de muchas maneras. Hablamos de técnicas, de la emoción del instrumentista, de su trasfondo cultural. Hablamos además del músico que simplemente hace las cosas como las sientes. Todo eso lo fuimos relacionando con el papel que ha tenido la balada en el jazz. Como te puedes imaginar, fueron conversaciones estimulantes entre dos amigos; o entre hermanos, porque yo a Charlie lo quiero como si fuera mi hermano. Sin embargo, materializar el proyecto fue siempre difícil porque no disponíamos de tiempo para trabajarlo. Pasaba que, o mi agenda estaba cargada, o Charlie tenía otros proyectos. Pero él me lo recordaba siempre, porque es un tipo insistente y hasta terco. Así que el año pasado [2000] me senté en la sala de mi casa y le grabé varios casetes con boleros de distintos intérpretes y bandas que yo admiraba desde hace años. Cuando Charlie recibió la música, el proyecto comenzó a caminar; no había vuelta atrás. Entre ambos hicimos la selección, sin dejarnos llevar por una idea en específico. Lo que sí queríamos era como continuar aquellas conversaciones, pero esta vez en el estudio. Te cuento todo esto porque, en verdad, no teníamos un plan, una agenda. No estábamos siguiendo un manifiesto de estética ni mucho menos queríamos romper con un pasado o establecer nuevas reglas para grabar boleros. El resultado final, por supuesto, lo debe juzgar el oyente, los críticos y los que escriben sobre música. Me interesa conocer tus impresiones. Me preguntas si nos tomamos libertades con el bolero y yo te pregunto, ¿estamos hablando de arte, cierto? Hablamos del arte de la música.

Pongámoslo de esta manera: ¿tú crees que los músicos cubanos de los años 50 o 60 estaban tomándose libertades cuando crearon el movimiento del filin?

Claro que sí. Y lo que hicieron esos músicos es una obra especial, muy original, hecha con el espíritu de diferentes personas tratando de crear. De hecho, yo pienso que así nacen todos movimientos musicales. Gente como José Antonio Méndez o César Portillo de la Luz estaban hablando desde su individualidad, desde su propia visión poética y cultural. Se puede decir que estaban siguiendo la tradición de una poesía cubana muy rica, pero también escribiendo cosas para su tiempo, para el tiempo que les tocaba vivir. Yo crecí escuchando esa música. Cuando yo era niño, en mi casa se escuchaba de todo: boleros, feeling, filin, trova, son y otras cosas. Pero los mejores recuerdos son los de mi padre tocando toda esa música desde su punto de vista, como él la sentía y quería proyectar. ¿Se estaba tomando libertades? Claro que sí. Lo que hicimos Charlie y yo es un disco para nuestros tiempos. O sea, no teníamos una idea preconcebida pero tampoco queríamos tocar cosas que ya estaban hechas. Tampoco nos consideramos expertos en bolero. Por otra parte, yo no entiendo la actitud de ciertos músicos de repetir el pasado, de calcarlo tal cual. Creo que Nocturne en ese sentido es un buen disco, por las diferentes sensibilidades que se juntaron en el estudio de grabación. Fíjate que tienes músicos tan opuestos entre sí [Federico Brito, Ignacio Berroa, Joe Lovano, Pat Metheny, David Sánchez], pero todos estaban sintonizados con abordar el repertorio con ideas nuevas. Desde mi punto de vista, yo creo que es absurdo pretender tocar como los maestros. Los maestros nos pasaron un legado y nosotros tenemos añadirle nuestra propia voz.

Tus discos vienen cargados de sorpresas. En Supernova, por ejemplo, regresas al danzón cubano con El Cadete Constitucional, un clásico escrito por tu abuelo Jacobo.

Menos mal que están llenos de sorpresas [risas]. Eso significa que no sigo fórmulas. Pero tal vez sorpresa no es la palabra, sino exploración. O mejor, evolución. Yo creo que mi carrera es eso: una búsqueda continua para evolucionar hacia otras formas de expresión. La idea es crecer artística, intelectual, espiritualmente. Bueno, pero digamos que es una sorpresa haber grabado El Cadete Constitucional, por aquello deque hay quienes esperaban una continuación de Mi gran pasión Para ser sincero, yo no había grabado antes El Cadete porque no me sentía preparado. Yo creoque todo tiene su tiempo y su lugar; grabarlo ahora era el momento oportuno. En cuanto a grabar una continuación de Mi gran pasión, no lo sé. ¿Se le puede pedir a Gabriel García Márquez una secuelade Cien años de soledad?

¿Cómo te preparaste para grabar El Cadete?

Me sentía preparado desde el punto de vista técnico, porque El cadete es algo que vengo tocando desde niño. Pero yo quería buscarle un ángulo diferente, y eso me costó trabajo. Imagínate, esa pieza está muy cerca de mi formación; es una herencia de mi abuelo. No sólo esa pieza, sino muchas otras. En todo caso quería usar más la imaginación. Creo que como artista, si tienes las herramientas y si estás claro en los objetivos, entonces es posible jugar un poco con la tradición. La idea es evolucionar hacia un lenguaje universal. Esto yo no lo tenía claro hace algunos años; este era el momento.

¿Se puede decir que Supernova resume todo lo que has estado haciendo desde que llegaste a Estados Unidos?

Esa es una buena pregunta, pero yo no tengo la respuesta. Eso se lo dejo a quienes escuchen el disco. Ahora bien, he estado experimentando mucho con el formato del trío y yo creo que esto se refleja en este disco. Trabajar con Ignacio [Berroa] y Carlos Henríquez durante todo este tiempo ha sido beneficioso y lo que se buscaba era ver cómo nos sentíamos tocando diferentes cosas. Ahí está la diferencia. El disco tiene muchos caminos y eraesto lo que teníamos en mente. Supernova y, por supuesto, Inner Voyage, se inclinan más hacia lo melódico. Exactamente. En el pasado mi trabajo como pianista y líder estuvo marcado por el aspecto rítmico, por la complejidad rítmica si quieres. Ahora me muevo hacia la evolución melódica, explorando más aspectos. Quiero conectarlo con el fraseo en el jazz y con el vocabulario cubano.

Algunos críticos señalan que abandonaste el estilo mecanógrafo del pasado para concentrarte en algo más poético. [Risas.]

No lo sé, Eliseo, para mí todo ha sido una cuestión de evolución. Como te decía antes, exploro las posibilidades melódicas de mi trabajo. No quiero sonar pretencioso ni dogmático, pero la evolución lo es todo en estos momentos. Por otro lado, no creo que sea un pianista que toca rápido, sino un músico que piensa rápido, sumado a una conexión espiritual con la música. De nuevo, es parte de una evolución. Lo que me hace pensar en lo siguiente: ¿por qué a ciertos críticos o individuos les cuesta trabajo reconocer la evolución en otras personas? Entiendo que la gente no pueda ver todo el contexto de una obra, pero a mí como artista me interesa crear un gran lienzo. Si antes era conservador, ahora quiero tomarme riesgos, y llegará el momento en que combine ambas cosas. Por ahora, busco los riesgos y la ambición estética. Busco sobre todo disciplina en lo que hago. Yo creo que tiene que ver con las primeras formaciones del individuo y la experiencia que a va acumulando.

El bajista Ron Carter habla de ti en estos términos: “El interés de Gonzalo es tocar tantos estilos como lo permita una biblioteca sonora”. ¿Puede decirse lo mismo de ti como compositor?

Absolutamente. Me alegra que traigas este tema porque fíjate que en los últimos años mi interés no sólo se centra en tocar mis propias composiciones sino en escribir fuera de las fronteras de la música cubana, incluso del jazz o el Latin jazz. Supernova refleja el interés de explorar, de mostrar la extensión de mi escritura hacia otros sonidos.

Los pianistas cubanos no tienen problemas a la hora de citar influencias norteamericanas. Digamos que hablan de pianistas como Bill Evans, Chick Corea y otros sin ningún tipo de inhibición. ¿Has visto el mismo interés en los pianistas norteamericanos? ¿Se preocupan éstos por la pianística cubana?

Para ser sincero, no he visto ese interés de los músicos norteamericanos; marcando las excepciones, claro. Y esas excepciones forman un pequeño grupo. Esta es mi opinión, por supuesto. No estoy hablando por otros. Los jazzistas en Estados Unidos conocen a Chucho [Valdés], conocen mi trabajo, y probablemente el trabajo de Hilario Durán. Pero, ¿conocen a [Ernesto] Lecuona, [Manuel] Saumell, Antonio María Romeu y otros? La pianística cubana es otro universo, completamente diferente, y si los cubanos conocen, por ejemplo, quiénes son Scott Joplin, James P. Johnson, [Duke] Ellington, Count Basie, Chick Corea, Keith Jarrett, etc., no veo por qué los norteamericanos no pueden acercarse a los pianistas de la isla. O mejor, a los pianistas de Latinoamérica.

Habría que hablar también de las nuevas generaciones de pianistas cubanos.

Claro, y te diría que es importante que los pianistas jóvenes estudien la tradición de la pianística en Cuba y no solamente a la generación inmediatamente anterior a ellos.

Gonzalo, tu formación es académica y clásica, pero ¿qué papel jugó tu padre en tu educación?

Mi padre es la figura más importante en mi educación; con él aprendí las primeras lecciones de gramática pianística y luego a ensanchar esa gramática. Mi padre me enseñó a conocer sobre todo el instrumento, a conocerlo íntimamente. Me dio sobre todo la disciplina, las herramientas para concentrarme y mantener el enfoque. Me enseñó además a estimular la curiosidad y a no perderla.

Y supongo que te dio un sentido de la estética y la elegancia, que son cosas que se echa de menos en los pianistas jóvenes.

Tienes razón en esto último. Yo no puedo ni quiero hablar en nombre de mi padre y ni voy a defender su trabajo porque creo que habla por sí mismo.Pero sí, tienes razón: yo escucho a pianistas cubanos de los años 40, 50 y 60, y eso es precisamente lo que notas: una música elegante, refinada, orientada por una estética personal. Incluso, hasta cuando tocaban música bailable; armónica, melódicamente hablando, había una estética de refinamiento y elegancia. Es una de las razones por las que he insistido en regresar a esa música y exponerla todo lo posible. Con nuevas ideas, pero reflejando el espíritu. También es importante estudiar otros géneros aparte de la música bailable.

Lo que me lleva a preguntarte sobre el fenómeno del Buena Vista. ¿Es moda o un genuino interés por descubrir la música tradicional?

Quiero pensar que se trata de un genuino interés en la música tradicional cubana, pero a la vez no estoy muy seguro de que la industria quiera mostrar otros aspectos, otras épocas o géneros de la música cubana. Déjame aclarar que a mí como cubano me alegra mucho ver que estos músicos [los del Buena Vista Social Club] estén recibiendo el reconocimiento que merecen. Sin embargo, yo creo que al enfatizar demasiado en lo del Buena Vista se corre el riesgo de que el público masivo piense que se trata solamente de eso. Me asusta pensar que no se presenten, digamos, las conexiones entre épocas, estilos, movimientos. A mí me daría mucho placer ver un interés de las discográficas en presentar un cuadro general de la música cubana, porque sin esas conexiones, se corre el riesgo de que el Buena Vista parezca una cosa aislada. Lo que lo convertiría, en efecto, en una moda.

Gonzalo, hablemos de Miami. Primera pregunta: ¿te presentarías en la ciudad luego de aquel incidente en 1996 cuando grupos de exiliados cubanos te protestaron frente al teatro en Miami? Segunda pregunta: tomando en cuenta que vives relativamente cerca de la ciudad, ¿has visto cambios en la actitud de los exiliados cubanos hacia los músicos de la isla?

Siempre he dicho que presentarme en Miami o en cualquier otra ciudad no tiene nada que ver con los asuntos de la política. Yo no soy político, soy músico. Además, un músico cubano, para ser más específico. Cuando recibo invitaciones para tocar, sea en Miami o cualquier otro lugar, les doy el mismo tratamiento. Es decir, busco que se cumplan ciertos requisitos: el sonido, el sistema de luces, las condiciones del piano, etc. Son requisitos técnicos que, al cumplirse, facilitan mi trabajo y sostienen la calidad de mi música. Mi respuesta a la segunda pregunta: ¿veo cambios en Miami? No sé cómo responder a eso. Eliseo, paso la mayor parte del tiempo viajando y apenas estoy unos días en el sur de la Florida, que ha sido mi lugar de residencia en los últimos cinco años. Cuando estoy en Miami, el tiempo se lo dedico a mi familia. ¿Cambios en la ciudad? No lo sé. Conozco personas que están cansadas de la política, cansadas de que no puedan ejercer su derecho a ver a los músicos que quieran. Algunos de los grupos que siempre protestan por razones políticas durante la visita de algún músico cubano están demasiado ocupados en otros asuntos, pero ¿ha habido cambios en su mentalidad? No lo sé. Sólo el futuro lo dirá.

Gonzalo, gracias por tu tiempo.

El placer es mío.

“Concierto Negro” Liner Notes

La musica negra africana se impone no solo al oido, sino a todas las facultade del hombre, a todas sus posibilidades de entendimiento por medio dio de sonoridades acordes o al unisono, con una concepcion del mundo y del mas alia. A su vez esas s0noridades parecen responder a un mundo en movimiento que busca perpetuamente a perfeccion.

Francis Bebey

… A la musica latinoamericana hay que aceptarla en bloque tal y como es, admitiendose que sus mas originales expresiones l0 mismo pueden sa irle de la calle, como venirle de las academias. En el pasado fueron tanedores campesinos, intrumentistas de arrabal, obscuros guitarreros, pianistas de cine /…/ quienes Ie dieron tarjeta de identidad, empaque y estilo, y ahi esta la diferencia esencial, a nuestro juicio, entre la historia musical de Roma, de Europa y la historia musical de America Latina, donde en epocas todavia recientes una buena cancio local podia resultar de mayor enriquecimiento estetico que una sinfonia mediantemente lograda, que nada anadia al bagaje sinfonico universal.

Alejo Carpentier

La espontaneidad de un virtuoso del teclado. (pianista cubano Gonzalo Rubalcaba)(TT: the spontaneity of a keyboard virtuoso) (TA: Cuban pianist Gonzalo Rubalcaba) Article from:Américas (Spanish Edition) Article date:July 1, 1996 Author: Holston, Mark

La vida en el mundo del jazz puede llevarlo a uno a una nominación para un premio Grammy o a un prestigioso debut en el Lincoln Center. En el camino, si el viajero es un pianista cubano que se llamaGonzalo Rubalcaba, también puede significar un programa cada vez más recargado de presentaciones y apresurados viajes al aeropuerto más cercano para alcanzar vuelos a Tokio, Sáo Paulo, Toronto y otros numerosos destinos cosmopolitas.

Y también una visita al taller de reparación de carrocerías. El hecho de que este virtuoso de treinta y tres años resida en Santo Domingo, la bulliciosa capital de la República Dominicana, le ha significado un tipo de problemas que es improbable que hubiera tenido que enfrentar en La Habana.

“Lo siento, Gonzalo no podrá asistir a la entrevista”, me informó por teléfono José Forteza, el agente del pianista. “Surgió un viaje. Nos vamos al Japón, y camino al consulado tuvo un accidente”.

La cita se cumplió un año después, cuando Rubalcaba, después de tentar la suerte sorteando las caóticas callejuelas de Santo Domingo, llega a la puerta de mi hotel en su nuevo Honda Prelude blanco. Pronto salimos para el barrio colonial pleno de historia para una charla en uno de los cafés al aire libre. Ya sea que ha mejorado sustancialmente su habilidad como conductor o que el tránsito es menos difícil en esta ventosa tarde de junio, Rubalcaba se siente cómodo y en control, al tiempo que relata su vida en esta colorida metrópolis y habla sobre su carrera cada vez más exigente.

Su habilidad en el volante me recuerda las cualidades de su interpretación: súbitos impulsos de energía mientras esquiva a toda velocidad un camión cargado de maderas, pausados interludios mientras atravesamos un campus universitario lleno de impetuosos peatones, una intensa concentración mientras atravesamos las impredecibles vueltas del laberinto de estrechas callejuelas adoquinadas.

Santo Domingo es en la actualidad el hogar del pianista, su esposa María, sus hijos Joao y Joan, de su agente Forteza y de su hermano Luis y sus respectivas familias. La cultura española y africana del país proporciona a los cubanos un entorno atractivo y les facilita las comunicaciones y el transporte que se han convertido en aspectos críticos para satisfacer las exigencias cada vez mayores de su carrera internacional.

El pianista, nacido en La Habana en 1963, es hijo de Guillermo Rubalcaba, conocido pianista cubano que tocaba en la famosa orquesta de Enrique Jorrin. Su abuelo, Jacobo González Rubalcaba, era un destacado compositor de danzones. Con semejante ambiente musical en su hogar, no es de extrañar que el joven Rubalcaba comenzara a estudiar el piano a los nueve años y obtuviera un título en composición musical en el Instituto de Bellas Artes de La Habana. Cuando aún era adolescente inició su carrera grabando y tocando, entre otros, con el trompetista y compositor de bebop Dizzy Gillespie, que se convertiría en uno de los grandes admiradores del pianista cubano.

Sentados en la majestuosa plaza España de Santo Domingo, frente a la ornamentada fachada del palacio de Diego Colón, analizamos su vida en la República Dominicana, sus opiniones acerca del inusitado interés actual en el jazz latino y sus planes para el futuro.

“El barrio colonial de Santo Domingo es el más dinámico, espiritual y arquitectónicamente importante de la ciudad”, comenta mientras observa un panorama que ha cambiado poco desde 1498, cuando Bartolomé Colón, el hermano del descubridor, fundó la que habría de ser la primera ciudad europea del hemisferio occidental y el centro de la cultura española en el Nuevo Mundo. “En la ciudad colonial verdaderamente “se respira esa época”, agrega.

También me gusta La Romana, porque allí todo fue construido alrededor de las atracciones naturales”, dice, pero a su vez reconoce que sus crecientes obligaciones le han permitido disfrutar muy poco su nueva residencia.

Pero otro lugar de la República Dominicana, poco visitado por los turistas, realmente despierta su admiración. “Santiago de los Caballeros (la segunda ciudad de la república, situada a una hora de Puerto Plata en la región septentrional del país) me llamó la atención porque me recuerda a la ciudad de Santiago en Cuba, sólo que es más pequeña”, dice Rubalcaba. “Los santiagueros son muy hospitalarios. Se preocupan por sus vecinos y la gente que los rodea, algo que en esta época muchas veces falta en las grandes ciudades. Son una gente feliz. Al igual que en Santiago de Cuba, siempre están dispuestos a organizar una fiesta, cualquier día de la semana, ya sea de día o de noche”.

Con sus antecedentes de jazz, música clásica y estilos cubanos, Rubalcaba es una especie de anomalía en la República Dominicana, dominada por el merengue. “Todavía no he grabado merengue porque no me han invitado a hacerlo”, dice con una sonrisa. En realidad, fue invitado a realizar una grabación con Juan Luis Guerra, la más famosa estrella pop del país, y participó en el álbum Bachata Rosa, que ganó un Grammy en 1990.

El hecho de que en 1995 lo alcanzara la fama de una nominación para un Grammy es otra indicación del interés que ha despertado este fascinante maestro cubano. “Definitivamente fue una gran cosa desde el punto de vista promocional”, admite pragmáticamente acerca de su exposición a la fama del Grammy. “Uno es visto por un número inimaginable de personas de todo el mundo. Nunca pensé en la nominación, sino en la interpretación y en la oportunidad de promover mi obra y mi imagen”.

Siempre cuidadoso acerca de la forma en que invierte su tiempo y su energía artística, Rubalcabase esfuerza por no ser calificado como artista de jazz latino. En efecto, su último álbum exhibe las distintas facetas de su personalidad artística a través de solos, interpretaciones con su cuarteto cubano y con sus frecuentes colaboradores norteamericanos de jazz, el bajista Charlie Haden y el baterista Jack DeJohnette. Imagine: Gonzalo Rubalcaba in the USA, su séptimo álbum para la legendaria marca Blue Note, incluye originales interpretaciones de un ecléctico programa que va desde “Imagine” de John Lennon, a “Woody’n You” de Dizzie Gillespie, el bolero “Perfidia” de Alberto Domínguez y obras originales grabadas en vivo durante una reciente gira por los Estados Unidos.

“No creo que sea prudente clasificar mi carrera sólo como intérprete del jazz latino”, señala diplomáticamente. “En la actualidad, en el movimiento parecen estar surgiendo nuevos talentos que están renovando el lenguaje original del estilo. En realidad, deberíamos pensar en darle un nuevo nombre”. Un poco alienado por lo que percibe como una tendencia a comercializar el estilo,Rubalcaba esboza algunos consejos para quienes pretenden izar el estandarte del jazz latino. “Estamos trabajando con una cultura seria y profunda”, señala. “Todavía hay estilos vírgenes que deben ser tratados como tales y no a través de un enfoque puramente comercial. No me gusta la idea de que todos se metan en el jazz latino, en interpretar la música folclórica al estilo del jazz. Hay que hacerlo de una manera seria”.

Entonces, en la misma forma en que su música puede cambiar dramática y espontáneamente de rumbo, se torna filosófico, subrayando su profunda pasión por la música a la que ha dedicado su vida. “La nueva generación debería pensar más acerca del valor de la música, debería poner la música primero y pensar menos en sí misma”, sostiene. “No quiero que nuestra música sea una cuestión de moda. Aún cuando ello requiera un lento proceso, el producto final debe ser algo permanente, parte de la historia. Para mí, lo importante es avanzar en esa dirección”.

Por el momento, le interesa la idea de producir un álbum clásico. El proyecto puede involucrar dos pianos y una orquesta e incluir algunas composiciones originales que ha preparado. “No es algo nuevo para mí”, dice, reflexionando sobre sus primeros tiempos en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana. “Así me eduqué. Por diferentes razones, no seguí y practiqué ese estilo: decidí ser un tipo distinto de músico, más popular. Pero ello no quiere decir que sólo voy a tocar jazz”.

Ya sea en la música clásica o el jazz o en algún estilo híbrido de improvisación afrocubana que aún falta definir, es seguro que Rubalcaba permanecerá por muchos años en la vanguardia de los pianistas contemporáneos. “Depende del tipo de transición que atraviese”, dice. “Eso determinará el tipo de música que toque”.

Los conciertos de Mastrito: Gonzalo Rubalcaba Quintet: El jazz es un gran invento 11/19/10

Gonzalo Rubalcaba Quintet: El jazz es un gran invento

Gonzalo Rubalcaba Quintet, 12-11-2010,

Auditorio Maestro Padilla (Almería)

Lo del pasado viernes si que fue jazz con mayúsculas, del bueno, música total, la demostración fehaciente de que esta es la música del siglo XX, del XXI y del futuro. Llegaba la 2a jornada del XXI Festival Internacional de jazz de Almería, y realmente acudí a nuestro auditorio con ganas.

Entiéndaseme: normalmente siempre tengo un hambre incontrolable por escuchar música en directo, pero..siempre hay días en los que uno esta mas predispuesto. Durante la tarde vi en mi DVD una grabación del pasado verano en el festival de jazz de Vitoria – al que este año no pude acudir en directo – del quinteto que iba a escuchar por la noche, y realmente me ayudó a prepararme para lo que se me venía encima. Pero ya se sabe que, tal y como la realidad supera la ficción, el riguroso directo supera con creces a las televisiones y los DVD ́s.

La cuestión es que cuando me senté en la primera fila del Maestro Padilla, con mi mujer a un lado y dos buenos amigos y, a la sazón, de los mejores músicos de Almería, Chipo Martínez y Antonio Gomez, creo que estaba totalmente receptivo a escuchar buen jazz, y posiblemente por eso disfruté del concierto como hacia mucho tiempo que no lo conseguía.

El quinteto de Gonzalo Rubalcaba venía a proponernos un recorrido en directo por el último disco de este gran pianista titulado “Avatar“. Tal y como el comentó durante una de sus intervenciones, nada que ver con la famosa película del mismo título, y de hecho este disco se editó un año antes del “boom” del film de James Cameron, y desde luego no tiene ninguna relación con el. Casualidades de la vida.

A lo que vamos, que es la música que allí sonó, reconozco que me va a costar bastante explicarlo. Lo que si querría dejar claro es que la complejidad técnica en todos los aspectos musicales no restaba un ápice a la emoción que lograron transmitir todos los músicos desde el escenario.

El repertorio estuvo compuesto de temas propios y, si no me equivoco, todos ellos incluidos en el citado trabajo “Avatar”.

Comenzaron con “Looking in retrospective“, primero también del disco, con una bellisima intro de piano de Gonzalo y en el que tras la exposición del tema comienza una trepidante conversación entre piano, saxo y trompeta. Ya en ese momento nos dejaron claro que el jazz que íbamos a escuchar esa noche era oro puro.

Escuchamos la composición del contrabajista Matt Brewer titulada “Aspiring to normalcy“, temas como “Infantil (Dedicated to John McLaughlin“, también con una introducción de piano con mucho sabor a música contemporánea, “This is it” y “Hip side” y la balada de

Horace Silver “Peace“, ejecutada en trio, y que consiguió crear una tensión que nos dejó a mas de uno sin respiración.

Me resulta muy complicado definir con palabras la forma de tocar de Gonzalo Rubalcaba, porque es una especie de compendio de muchos pianistas, con mucha técnica pero sabiamente mezclada con sensibilidad. De sus dedos salen frases que recuerdan a los grandes del jazz , desde a Art Tatum a Bud Powell, pero que pueden transformarse con una fluidez pasmosa en sonidos extraídos de cualquier composición de Bela Bartok. Cuando quiere sonar a Monk, lo hace. Si quiere hacer guiños a Chick Corea, los hace. Cuando quiere ser lírico, profundo y reflexivo puede sonar a Bill Evans. Pero cuando quiere sonar a Rubalcaba, también lo consigue y se lanza a explorar el piano en toda su profundidad, consiguendo sonidos, frases y “voincings” realmente originales. Su mano izquierda es firme y rítmica, supongo que derivada de sus conocimientos de percusión – mi buen amigo Luis Barberia me contó esa misma tarde que realmente Rubalcaba comenzó como baterista y percusionista, allá en su cuba natal – y su mano derecha literalmente vuela acariciando las teclas. Algunas de sus improvisaciones fueron realmente apabullantes por su delicadeza.

La banda que lo acompaña – por decir algo, porque la palabra “acompañar” se queda pequeña en estas ocasiones – tenia un nivel musical acorde con su líder, como era de esperar.

Especialmente me gustó el sonido, la musicalidad y la solvencia rítmica del contrabajista – compositor ademas de alguno de los temas – Matt Brewer – , y que luego supe que estuvo tocando el contrabajo del músico almeriense Fafi Molina, que salía del concierto con la satisfacción de haber escuchado salir de sus cuerdas tantas y tan acertadas notas.

Los dos vientos, el saxofonista Yosvany Terry y el trompetista Mike Rodríguez también acertadisimos en sus respectivos instrumentos. Yosvany, que aportaba algunas piezas compuestas por él, también demostró una enorme sensibilidad y sus solos estaban realmente bien construidos. Y Mike sacó un sonido verdaderamente hermoso de su trompeta, instrumento que ya de

por sí tiene la caracteristica de unir muy bien lo latino con lo mas puramente jazzistico. Si quien la toca se apellida Rodriguez, pues posiblemente la fusión es mas evidente. Y , por último, el batería Ernesto Simpson en perfecta comunión con Matt Brewer, supo tejer perfectamente la red en la que constantemente se dejaban caer los solistas. Como mi buen amigo Antonio Gomez comentaba nada mas terminar el concierto pocas veces se escuchan a músicos consiguiendo tocar con ese”groove” a tan bajo volumen, consiguiendo tanta sensibilidad y matices. Lo tristemente habitual cuando se atacan estos ritmos es abusar del volumen, pero con músicos de esta talla esto no parecia ser un problema.

En definitiva, buenas composiciones, endiablados arreglos, ritmos complejos, inspiradisimos solos y perfecta comunión entre los músicos, respetándose entre ellos, elevando los silencios a la categoría de bellas notas. En fin, se me acaban los elogios para un concierto de los que le dan a uno la razón cuando piensa que esto del jazz es uno de los mejores inventos de este ser humano que tantos disgustos nos da habitualmente.

Como final, y tras la ferviente petición del no muy numeroso público – una lástima, pero ya se sabe que esto del jazz sigue siendo minoritario – comopara dejar claro que conoce bien sus derechos y deberes como líder, Gonzalo Rubalcaba dejó en camerinos relajándose a sus cuatro compañeros y salió solo al escenario para regalarnos dos piezas a piano solo que consiguieron lo que parecía imposible: subir todavía mas el listón. La última fue algo así como una de-construcción de “El manisero“. Lo que hacía – y deshacía – Rubalcaba con la melodía y armonía de este famoso standard de su cuba natal solo él lo sabe, pero ciertamente nunca había escuchado una versión tan original de tan conocida melodía. Solo una maestro puede conseguir esto, y estábamos ante uno, y de los grandes.

PUBLICADO POR RAMÓN GARCÍA EN 11:50

La espontaneidad de un virtuoso del teclado … Article from: Américas (Spanish Edition) July 1, 1996, Holston, Mark

Article from: Américas (Spanish Edition) July 1, 1996 Holston, Mark

La espontaneidad de un virtuoso del teclado. (pianista cubano Gonzalo Rubalcaba)(TT: the spontaneity of a keyboard virtuoso) (TA: Cuban pianist Gonzalo Rubalcaba)

La vida en el mundo del jazz puede llevarlo a uno a una nominación para un premio Grammy o a un prestigioso debut en el Lincoln Center. En el camino, si el viajero es un pianista cubano que se llama Gonzalo Rubalcaba, también puede significar un programa cada vez más recargado de presentaciones y apresurados viajes al aeropuerto más cercano para alcanzar vuelos a Tokio, Sáo Paulo, Toronto y otros numerosos destinos cosmopolitas.

Y también una visita al taller de reparación de carrocerías. El hecho de que este virtuoso de treinta y tres años resida en Santo Domingo, la bulliciosa capital de la República Dominicana, le ha significado un tipo de problemas que es improbable que hubiera tenido que enfrentar en La Habana.

“Lo siento, Gonzalo no podrá asistir a la entrevista”, me informó por teléfono José Forteza, el agente del pianista. “Surgió un viaje. Nos vamos al Japón, y camino al consulado tuvo un accidente”.

La cita se cumplió un año después, cuando Rubalcaba, después de tentar la suerte sorteando las caóticas callejuelas de Santo Domingo, llega a la puerta de mi hotel en su nuevo Honda Prelude blanco. Pronto salimos para el barrio colonial pleno de historia para una charla en uno de los cafés al aire libre. Ya sea que ha mejorado sustancialmente su habilidad como conductor o que el tránsito es menos difícil en esta ventosa tarde de junio, Rubalcaba se siente cómodo y en control, al tiempo que relata su vida en esta colorida metrópolis y habla sobre su carrera cada vez más exigente.

Su habilidad en el volante me recuerda las cualidades de su interpretación: súbitos impulsos de energía mientras esquiva a toda velocidad un camión cargado de maderas, pausados interludios mientras atravesamos un campus universitario lleno de impetuosos peatones, una intensa concentración mientras atravesamos las impredecibles vueltas del laberinto de estrechas callejuelas adoquinadas.

Santo Domingo es en la actualidad el hogar del pianista, su esposa María, sus hijos Joao y Joan, de su agente Forteza y de su hermano Luis y sus respectivas familias. La cultura española y africana del país proporciona a los cubanos un entorno atractivo y les facilita las comunicaciones y el transporte que se han convertido en aspectos críticos para satisfacer las exigencias cada vez mayores de su carrera internacional.

El pianista, nacido en La Habana en 1963, es hijo de Guillermo Rubalcaba, conocido pianista cubano que tocaba en la famosa orquesta de Enrique Jorrin. Su abuelo, Jacobo González Rubalcaba, era un destacado compositor de danzones. Con semejante ambiente musical en su hogar, no es de extrañar que el joven Rubalcaba comenzara a estudiar el piano a los nueve años y obtuviera un título en composición musical en el Instituto de Bellas Artes de La Habana. Cuando aún era adolescente inició su carrera grabando y tocando, entre otros, con el trompetista y compositor de bebop Dizzy Gillespie, que se convertiría en uno de los grandes admiradores del pianista cubano.

Sentados en la majestuosa plaza España de Santo Domingo, frente a la ornamentada fachada del palacio de Diego Colón, analizamos su vida en la República Dominicana, sus opiniones acerca del inusitado interés actual en el jazz latino y sus planes para el futuro.

“El barrio colonial de Santo Domingo es el más dinámico, espiritual y arquitectónicamente importante de la ciudad”, comenta mientras observa un panorama que ha cambiado poco desde 1498, cuando Bartolomé Colón, el hermano del descubridor, fundó la que habría de ser la primera ciudad europea del hemisferio occidental y el centro de la cultura española en el Nuevo Mundo. “En la ciudad colonial verdaderamente “se respira esa época”, agrega.

“También me gusta La Romana, porque allí todo fue construido alrededor de las atracciones naturales”, dice, pero a su vez reconoce que sus crecientes obligaciones le han permitido disfrutar muy poco su nueva residencia.

Pero otro lugar de la República Dominicana, poco visitado por los turistas, realmente despierta su admiración. “Santiago de los Caballeros (la segunda ciudad de la república, situada a una hora de Puerto Plata en la región septentrional del país) me llamó la atención porque me recuerda a la ciudad de Santiago en Cuba, sólo que es más pequeña”, dice Rubalcaba. “Los santiagueros son muy hospitalarios. Se preocupan por sus vecinos y la gente que los rodea, algo que en esta época muchas veces falta en las grandes ciudades. Son una gente feliz. Al igual que en Santiago de Cuba, siempre están dispuestos a organizar una fiesta, cualquier día de la semana, ya sea de día o de noche”.

Con sus antecedentes de jazz, música clásica y estilos cubanos, Rubalcaba es una especie de anomalía en la República Dominicana, dominada por el merengue. “Todavía no he grabado merengue porque no me han invitado a hacerlo”, dice con una sonrisa. En realidad, fue invitado a realizar una grabación con Juan Luis Guerra, la más famosa estrella pop del país, y participó en el álbum Bachata Rosa, que ganó un Grammy en 1990.

El hecho de que en 1995 lo alcanzara la fama de una nominación para un Grammy es otra indicación del interés que ha despertado este fascinante maestro cubano. “Definitivamente fue una gran cosa desde el punto de vista promocional”, admite pragmáticamente acerca de su exposición a la fama del Grammy. “Uno es visto por un número inimaginable de personas de todo el mundo. Nunca pensé en la nominación, sino en la interpretación y en la oportunidad de promover mi obra y mi imagen”.

Siempre cuidadoso acerca de la forma en que invierte su tiempo y su energía artística, Rubalcaba se esfuerza por no ser calificado como artista de jazz latino. En efecto, su último álbum exhibe las distintas facetas de su personalidad artística a través de solos, interpretaciones con su cuarteto cubano y con sus frecuentes colaboradores norteamericanos de jazz, el bajista Charlie Haden y el baterista Jack DeJohnette. Imagine: Gonzalo Rubalcaba in the USA, su séptimo álbum para la legendaria marca Blue Note, incluye originales interpretaciones de un ecléctico programa que va desde “Imagine” de John Lennon, a “Woody’n You” de Dizzie Gillespie, el bolero “Perfidia” de Alberto Domínguez y obras originales grabadas en vivo durante una reciente gira por los Estados Unidos.

“No creo que sea prudente clasificar mi carrera sólo como intérprete del jazz latino”, señala diplomáticamente. “En la actualidad, en el movimiento parecen estar surgiendo nuevos talentos que están renovando el lenguaje original del estilo. En realidad, deberíamos pensar en darle un nuevo nombre”. Un poco alienado por lo que percibe como una tendencia a comercializar el estilo, Rubalcaba esboza algunos consejos para quienes pretenden izar el estandarte del jazz latino. “Estamos trabajando con una cultura seria y profunda”, señala. “Todavía hay estilos vírgenes que deben ser tratados como tales y no a través de un enfoque puramente comercial. No me gusta la idea de que todos se metan en el jazz latino, en interpretar la música folclórica al estilo del jazz. Hay que hacerlo de una manera seria”.

Entonces, en la misma forma en que su música puede cambiar dramática y espontáneamente de rumbo, se torna filosófico, subrayando su profunda pasión por la música a la que ha dedicado su vida. “La nueva generación debería pensar más acerca del valor de la música, debería poner la música primero y pensar menos en sí misma”, sostiene. “No quiero que nuestra música sea una cuestión de moda. Aún cuando ello requiera un lento proceso, el producto final debe ser algo permanente, parte de la historia. Para mí, lo importante es avanzar en esa dirección”.

Por el momento, le interesa la idea de producir un álbum clásico. El proyecto puede involucrar dos pianos y una orquesta e incluir algunas composiciones originales que ha preparado. “No es algo nuevo para mí”, dice, reflexionando sobre sus primeros tiempos en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana. “Así me eduqué. Por diferentes razones, no seguí y practiqué ese estilo: decidí ser un tipo distinto de músico, más popular. Pero ello no quiere decir que sólo voy a tocar jazz”.

Ya sea en la música clásica o el jazz o en algún estilo híbrido de improvisación afrocubana que aún falta definir, es seguro que Rubalcaba permanecerá por muchos años en la vanguardia de los pianistas contemporáneos. “Depende del tipo de transición que atraviese”, dice. “Eso determinará el tipo de música que toque”.

ENTREVISTA AL PIANISTA CUBANO GONZALO RUBALCABA. “MARIA ELVIRA LIVE” 03.10.2010

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