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5Passion Tracking Studio Up and Running….

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The 5Passion Tracking Studio is up and running… We are blessed to have this facility , which will allow our artists and friends a flexible and friendly  environment in which to make music. It’s not located in NYC, but it is located in Miami….the beat goes on…

El otro modo de ser de Rubalcaba – Pablo Sanz – El Mundo – Lunes 8, Julio 2013

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El pianista cubano, de nombre Gonzalo, apabulla con una lección de virtuosismo…

El jazz es la única música donde el virtuosismo interpretativo se vendea la baja, porque la técnica instrumentalya se le presupone y aquí lo que cuenta es lá emoción final. A Gonzalo Rubalcaba le hemos visto últimamente demasiado obsesionado por la matemática musical, buscándoleteclas que no había a suinstrumento y calculando éxitos que sólo le interesaban a él. Su pasopor el Getxo Jazz, sin embargo, nos reencontró con aquel joven pianista que tenía muchas cosas que de contar, cuando se hacía llamar Gonzalito y, entonces sí, le faltaban teclas. Nos reencontró con el otro

Rubalcaba, el bueno, vaya. El pianista cubano acudió escoltado por un trío cómplice e igualmente seducido por el valor de las esencias, el contrabajista Armando Gola y el baterista Ernesto Simpson. Todos demostraron que las partituras en jazz son de goma, pero que si las estiras el papel queda tan deformado que acaba siendo, no ya otra cosa, sino su contraria. Y esto es lo que aporta el otro Rubalcaba: precision en el relato y economía en sus recursos.

Y, por supuesto, mucha emoción, porque allí disfrutamos todos, los artistas y el público. En el inicio de su recital, el trio atacó una maraviijosa versión del Time remembered de Bill Evans, dejando claro que le arrebata el jazz por derecho. Es un intérprete consumado, ya se ha dicho, pero tambiénun creador sublime, de ahí quela.pieza sonara nueva. Sus braceros le respetan la cadencia, porque Rubalcaba sabe mucho del tempo, entregándosea un acompañamiento medido y … comedido. Así, los colchones rítmicos gregarios fueron contestados con el lirismo propio de un artista con conocimiento y causa, de un intérprete que tiene poder y autoridad.

LATINIDAD.

Gonzalo Rubalcaba también echó mano de su condición latina, que algunos espectadores aprendieron de su etapa junto a uno de sus principales mentores, el contrabajista Charlie Haden. No obstante, este sentimiento Moreno del pianista es más verdadero y natural cuando no tiene padrino, firmando en Getxo una pieza para el Olimpo caribeño: Nueva cubana. Y así fue desarrollándose el concierto, entre palabras mayores de jazz y fraseos tostados. El público acabó rendido a su pianismo, que en el capítulo de los regalos se encargó de liberar en solitaño y recordando a Coltrane y su querido Haden: fueron dos trazos melódicos de una belleza inusual, al menos, de una hermosura a la que este habanero estadounidense no nos tenía acostumbrados en sus últimas comparecencias.

El 37° Getxo Jazz ha cumplido expediente administrativo con creces, colocando el «no hay billetes» prácticamente todos los días. En el balance musical, curioso, fuerondos cubanos -el percusionista Ignacio Berroa y el mencionado Rubalcaba- los que protagonizaron los mejores momentos, mientras que en el apartado del concurso de grupos de jazz europeos el oro se fue para Polonia, gracias al concurso del joven quinteto del trombonista Bartosz Pernal y el pianista Michal Szkil. El galardón al mejor solista, sin embargo, tomó rumbo a Dinamarca, gracias al buen hacer del pianista Artur Thznik.

GONZALO RUBALCABA Gonzalo Rubalcaba: ‘Todo aprendizaje lo canalizo en la música’

EVA HAMBACH / AFP/GETTY IMAGES
ERWIN PÉREZ

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

Gonzalo Rubalcaba hará un paréntesis en su ajetreada agenda internacional de conciertos para presentarse mañana sábado en el sur de Florida. El célebre pianista cubano estará junto a los otros músicos que componen el Gonzalo Rubalcaba Trío: Marcus Gilmore y Matt Brewer. En el espectáculo –que se celebra en el Miniaci Performing Arts Center– ejecutará piezas de su más reciente disco, Century XXI, además de otras joyas de su repertorio, que se extiende por más de tres décadas.

Rubalcaba nació el 27 de mayo de 1963, en La Habana. Tuvo la mejor preparación académica y despuntó profesionalmente en los años 1980, apadrinado, entre otros, por el legendario Dizzy Gillespie. En 1991 emigró a República Dominicana; seis años después recaló en estas costas, más precisamente en la localidad de Coral Springs, donde vive junto a su esposa, María, y sus tres hijos, Joao, Joan y Yolanda. A fines del año pasado, el artista visitó Cuba para ofrecer dos conciertos y una clase magistral.

Todo esto lo repasa en la siguiente conversación con El Nuevo Herald.

¿Cómo te sientes en esta etapa de tu carrera?

Maduro, cómodo por la manera en que digo las cosas; me siento tranquilo, confiado; no solo con la ejecución de la música si no con mi faceta de compositor también.

¿Qué tan importante es esa faceta?

Muy importante porque de lo contrario te pasas toda la vida siguiendo o imitando a otras voces. Hay que admirar lo que hacen los demás, pero también hay que saber escuchar para poder tener un sello propio.

¿Cuáles son tus mayores influencias?

Mi primer maestro, Pedro Hernández; Dizzy Gillespie, que me colocó en el mapa mundial de la música; y [el bajista] Charlie Haden.

¿El trabajo como músico es un asunto individual o de equipo?

Siempre es de equipo. En el orden espiritual hay algo más que nos acompaña, nos ilumina, y en lo terrenal hay mucha gente que colabora en el proceso musical.

¿El prestigio y el éxito no te hacen perder contacto con lo terrenal?

Los artistas somos muy dados a ser el centro y perdemos el hábito de escuchar, pero a mí no me ocurre eso, gracias a mi familia, que me hace ver el otro lado de las cosas.

¿Musicalmente te quedan cosas por aprender?

Sí. Constantemente la vida te somete a situaciones alegres, tristes o desagradables y todo ese aprendizaje lo canalizo en la música.

¿Dónde se origina la fuerte tradición musical de Cuba?

Creo que simplemente le “tocó” a Cuba ese privilegio, aunque también ha ayudado el hecho de que siempre fue un lugar de paso para gente de distintas latitudes que dejó su esencia.

¿Perteneces al mundo del jazz?

Agradezco estar vinculado a la historia jazzística, pero me siento libre en lo estilístico; lo que más me interesa es la excelencia, la calidad.

¿Te gusta escuchar tus discos?

Apenas los termino sí, pero a los dos meses empiezo a encontrarles defectos.

¿Por qué importa grabar un disco?

Es una necesidad creativa; los grabo cuando aglutino una cantidad de piezas que pueda ordenar para decir un discurso.

¿Cuál es el discurso de ‘Century XXI’?

Estamos en un siglo que hereda del anterior una serie de nombres, de personajes, de mentes, de formas de pensamiento, en el orden musical, que nos sirven para conformar un estilo que debemos expandir.

¿Te molesta que tu trabajo no sea de consumo masivo?

Pienso que lo que hago es lo que hago; y que tratar de complacer y comprometerme en áreas que quizá no sé hacer bien sería un error, además de un fraude conmigo mismo y con el público.

¿Cómo fue la experiencia de volver a tocar en Cuba?

Emocionante, porque fui muy bien recibido, lo cual me hizo pensar que, pese a todo, la gente de allá ha buscado la forma de no perder el contacto con sus hijos, sus creadores, sus profesionales que se han marchado.

¿Qué le dirías a un sector del exilio que se puede molestar por tu viaje?

Que lo hago porque quizá pueda estimular a las nuevas generaciones, como a mí me pasó de joven, en el año 1977, cuando asistí en La Habana a un festival de cantantes norteamericanos y vi la libertad que proyectaban, lo cual me marcó para siempre. •

Rubalcaba en concierto, sábado, 8 p.m., Rose and Alfred Miniaci Performing Arts Center, 3100 Ray Ferraro Jr Blvd., Fort Lauderdale, (954) 462-0222 o www.SouthFloridaJazz.org

erwin@erwinperez.com

Twitter: erwin_perez

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Gonzalo Rubalcaba Trio Pubblicato: January 16, 2012 di Riccardo Crimi “Umbria Jazz Winter, 19° Edizione” Teatro Mancinelli – Orvieto (TR) – 29.12.2011

Foto Riccardo Crimi

Visit “Umbria Jazz Winter, 19° Edizione”

Teatro Mancinelli – Orvieto (TR) – 29.12.2011

Articulo di Libero Farnè

Collocare un festival jazz a cavallo della festa di Capodanno era all’origine un’impresa rischiosa, quasi impensabile. Con Umbria Jazz Winter, giunto ad Orvieto alla diciannovesima edizione, la fondazione diretta da Carlo Pagnotta ha vinto brillantemente la scommessa, ottenendo un successo di pubblico e d’immagine sempre crescente negli anni. Questa edizione, che ha puntato soprattutto sui pianisti, sul Latin Jazz e in misura consistente sui protagonisti italiani, ha visto forse un calo d’affluenza di turisti in città, ma non di pubblico ai concerti, che hanno registrato quasi tutti il sold out.
Una delle prerogative del festival è quella di offrire un clima festoso e famigliare, dove addetti ai lavori e musicisti hanno varie occasioni di incontrarsi, scambiandosi informazioni e impressioni. La recensione che segue, grazie anche a questo tipo di confronto, intende riportare sensazioni soggettive, anche se meditate, su alcune delle situazioni più significative. Come ho sempre sostenuto il risultato di ogni concerto dipende per metà da chi suona e per metà da chi ascolta, influenzati entrambi dalle condizioni specifiche del contesto.

Personalmente non sono rimasto né convinto né coinvolto da “Memorie di Adriano,” lo spettacolo che ha aperto il festival al Teatro Mancinelli. Alcune canzoni di Celentano e del suo Clan sono state reinterpretate da Peppe Servillo attorniato, come già in analoghe esperienze del passato, da ottimi jazzisti: Fabrizio Bosso, Javier Girotto, Rita Marcotulli, Furio Di Castri e Mattia Barbieri.
Il mondo del cantautore milanese è stato tradotto nelle movenze e negli umori partenopei di un Totò teatral-nevrotico. Gli arrangiamenti fortemente marcati, dovuti di volta in volta a un membro del gruppo, un apprezzabile brano con la pianista in completa solitudine, un assolo pregevole del contrabbassista e la gradazione jazzistica, talora alta, degli interventi dei due fiati non sono stati sufficienti a trasfigurare le intenzioni iniziali, a riscattare il progetto da una certa pesantezza e pedanteria, da un artificioso preconfezionamento.

Di alta qualità emotiva e artistica è stato invece il concerto del duo Giovanni Guidi – Gianluca Petrella che ha aperto la programmazione al Museo Greco. Il sodalizio, nato circa un anno fa ma con poche esibizioni tuttora all’attivo, si regge su un’evidente sintonia umana. Il mondo espressivo del trombonista ha subito un’evoluzione nel tempo; oggi le sue note lunghe e acute, l’uso del vibrato e il senso melodico riescono a raggiungere un lirismo poetico, perfino una serenità, che la scontrosa e imprevedibile aggressività di un tempo non possedeva. Questi momenti di distensione non escludono ovviamente le tipiche accensioni del trombonista, contrastate ed espressioniste.

Appunto per questo funziona a meraviglia il suo rapporto musicale con Guidi, che questi aspetti opposti, di decantato intimismo e di feroce estroversione, li racchiude e intreccia nella sua personalità, nel suo corpus compositivo e nel suo pianismo, che sa coniugare fasi delicatamente evocative e avvolgenti ed altre di aggrovigliata problematicità. A Orvieto è emerso per esempio un sorprendente “Over the Rainbow,” di struggente delicatezza, intonato con una diteggiatura distillata dal piano e con un fil di voce dal trombone sordinato.

Uno degli appuntamenti che caratterizzano Umbria Jazz Winter è il concerto multimediale che viene ripetuto tutti i pomeriggi alla Sala del Carmine, dedicato quest’anno a A Love Supreme di John Coltrane. Rispetto ad altre edizioni è risultata più debole, meno interattiva la relazione fra le immagini montate in veloce dissolvenza da Massimo Achilli e la musica equilibrata e solida proposta dall’apprezzabile trio di Pietro Tonolo, Marc Abrams e Mauro Beggio.

A seguire, l’esperto Enzo Pietropaoli, che negli anni passati era stato l’artefice musicale del progetto multimediale del Carmine, ha guidato il suo quartetto riproponendo il repertorio del CDYatra. Una musica sinuosa e distesa, di nostalgica malinconia, a tratti dalle delicate e sornione inflessioni popolaresche, ha permesso fra l’altro di apprezzare le notevoli doti di due vincitori del Top Jazz 2011 della rivista Musica Jazz: lo stesso leader, impostosi nella categoria “contrabbassisti,” e il trombettista Fulvio Sigurtà, risultato primo nella categoria “nuovi talenti”. Quest’ultimo ha in effetti palesato un timbro nuovo, in parte derivato dagli attuali maestri norvegesi, ma anche il pianista Julian Mazzariello ha firmato ottimi spunti.

Uno dei temi affrontati quest’anno era l’attualità del Latin Jazz, un genere dall’ormai lunga e sfaccettata vita. Ma si sa i generi sono fatti per essere replicati dai mediocri e trascesi dai maestri, che impongono il proprio esclusivo mondo espressivo, maturato in anni d’esperienza. E Michel Camilo è uno di questi. Certo nella sua musica spiccano molti ingredienti latini, come convivono il blues, lo Swing, il tango…, ma nei suoi accordi possenti, nella ricchezza armonica, nella diteggiatura veloce e sgranata, nell’enfasi e nello slancio romantico delle sue interpretazioni c’è anche un approccio da concertista classico. Per questo Camilo è uno dei pochi pianisti di ambito jazzistico capaci di un contrastato spettro dinamico, che spazia da un esile pianissimo ad un poderoso fortissimo. Tutto questo è stato confermato dai concerti solitari di Orvieto, come d’altra parte è pure emerso il ricorso a schemi ben scanditi e plateali.

Nei due set che si sono susseguiti al Mancinelli la sera del 29 dicembre, si è avuto l’opportunità di un confronto diretto fra Camilo, originario di Santo Domingo, e un altro protagonista dell’attuale Latin Jazz (ma certo l’etichetta gli sta stretta), di nove anni più giovane: Gonzalo Rubalcaba, che però si è esibito in trio.
Le differenze si sono rivelate all’istante evidenti: anche Rubalcaba è dotato di una tecnica raffinatissima, di una diteggiatura veloce e di grande sapienza armonica, ma egli rifiuta il fortissimo per privilegiare un basso volume, il registro medio della tastiera e un andamento pensoso, frammentato da pause. Alla tecnica scelta si connette ovviamente un diverso mondo espressivo e poetico. Quanto il pianismo dell’uno è estroverso, perentorio, esplicito, tanto quello dell’altro è intimista e meditabondo; esso lascia intravedere diversi possibili sviluppi, anche se può risultare un po’ uniforme, poco sorprendente. A confronto del tonitruante Camilo, il pianista cubano si è proposto nella veste del poeta ermetico.
Il misurato contributo dei partner, il contrabbassista Matthew Brewer e il batterista Marcus Gilmore, si è dimostrato del tutto pertinente alle intenzioni del leader. Una nota di costume: tutti i membri del trio indossavano un completo grigio, camicia bianca e cravatta scura; penso non capitasse dai tempi del Modern Jazz Quartet.

Nonostante la diversità di approccio alla tastiera, il duo fra Michel Camilo e il nostro Danilo Rea ha funzionato. Certo è stato il primo a imporre una prova muscolare e dalle forti tinte, ma il secondo ha saputo adeguarsi, rinunciando in parte a quella vena confidenziale, persuasiva e citazionista che tanto gli sta a cuore. “Maiden Voyage,” “Besame mucho,” “Blue Monk,” “‘O sole mio,” “Watermellon Man,” “Don’t Stop the Carnival” e altri brani classici hanno fornito il materiale comune su cui misurarsi. Non sono mancati sviluppi un po’ prolissi, ma nel complesso il reattivo interplay dei due ha dato un esito accattivante, per dinamismo, pienezza melodica, sorprese eccentriche.

Oltre che in duo con Camilo, Danilo Rea ha sostenuto altri due concerti: in duo con Flavio Boltro, nella ripresa dei brani del CD Opera (duo e repertorio recentemente recensiti dal festival di Barcellona) e in trio con Ares Tavolazzi e Ellade Bandini, affrontando alcuni temi dei Beatles. Dopo un’introduzione dalla Cavalleria rusticana di Mascagni, un approccio non scontato alle canzoni del quartetto inglese, quasi ricercato al momento, ha dato sviluppi imprevedibili, con insistenze e qualche spigolosità, momenti di discontinuità e citazioni spiazzanti. In definitiva ne è risultata una interpretazione insolita, prudente, quasi di distaccata ritrosia, meno leggiadra, fluida e intrigante di quanto ci si poteva forse aspettare dal pianista romano.

Un’altra autentica sfumatura latina, più precisamente una Spanish Tinge, è stata aggiunta al festival dal pianista di Cadice Chano Dominguez, ascoltato anche a Time in Jazz lo scorso agosto, ma con un diverso repertorio. Il suo anomalo quintetto (una sezione ritmica più un cantante ed un ballerino di flamenco) ha reinterpretato i brani davisiani di Kind of Blue, elevandone alla seconda potenza il carattere spagnolo.
Dominguez si è confermato pianista di lunga esperienza, che tende a incrociare il jazz con la sua cultura d’origine, sia colta che popolare, capace di elucubrazioni compassate e di progressioni nervose. Particolarmente coinvolgenti ed applauditi sono stati gli interventi di danza da parte di Daniel Navarro.

Su altri due pianisti presenti a Umbria Jazz Winter, accomunati dall’età avanzata, vale la pena di soffermarsi: Renato Sellani e Stan Tracey. Occasione rara quella di ascoltare in Italia il pianista londinese (ottantacinque anni compiuti al festival), che rappresenta un pezzo di storia non solo per motivi anagrafici, ma anche perché il suo pianismo di classe stagionata racchiude in sé molto del nostro passato jazzistico, costituendo tutto sommato un’anomalia nel panorama attuale.
Se nelle sue collaborazioni con i colleghi britannici degli anni Sessanta e Settanta tendevamo a cogliere la componente innovativa ed europea, nelle apparizioni di oggi emerge in modo straordinario l’influenza di Monk. Nei concerti orvietani, in cui Tracey era sostenuto dal figlio Clark alla batteria e dal contrabbassista Andrew Cleyndert, entrambi efficaci, tutto nel suo pianismo (il tocco, il periodare, le spaziature, gli accordi, l’alternanza fra una ricerca obliqua e frasi giocose e stralunate) ha configurato una personale attualizzazione, solida e fresca, convinta e convincente, dell’insegnamento del grande Monk. Ciò è risultato particolarmente evidente nel concerto pomeridiano interamente dedicato al repertorio monkiano.

Se Tracey ha rappresentato una novità assoluta, Sellani (ottantasei anni l’8 gennaio) impersona una presenza costante e gradita, quasi emblematica, del festival umbro. Nei quattro concerti alla Sala Expo del Palazzo del Popolo il pianista ha interpretato repertori sempre diversi con quella sensibilità melodica, quel gusto per gli abbellimenti e le variazioni, quel tocco di ironia scanzonata, quell’intreccio fra detto e non detto che gli sono propri. Semmai rispetto a qualche anno fa si può forse rilevare una diteggiatura più decisa, un atteggiamento più positivo e diretto, meno divagante.
Al suo fianco i fedelissimi Massimo Moriconi e Massimo Manzi, due strumentisti di grande esperienza, oggi un po’ dimenticati dagli addetti ai lavori forse perché identificati con un ambito jazzistico canonico. Eppure l’equilibrio del loro fraseggio e del loro sound sarebbe decisamente da rivalutare.

Nel pomeriggio in cui si è omaggiato Monk, al trio di Stan Tracey ha fatto seguito la Lydian Sound Orchestra, che ha riproposto la scaletta del famoso concerto dell’ampia formazione di Monk alla Town Hall. L’organico diretto da Riccardo Brazzale e comprendente ottimi solisti ha raggiunto negli ultimi anni una completa maturità. Al suo interno vigono compattezza e rilassatezza insieme, la giusta enfasi e il dovuto rigore; la grande professionalità e l’affiatamento fanno sì che la routine sia scongiurata. A Orvieto la loro interpretazione di Monk è stata viva, attuale, a tratti trascinante. Tutti gli strumentisti hanno usufruito di mirati interventi solistici: fra tutti citerei quelli sorprendenti per struttura e sound del trombettista Kyle Gregory e quelli essenziali, non pedissequamente monkiani, del pianista Paolo Birro.

Un poker di concerti, con formazioni sempre diverse, era riservato quest’anno a Paolo Fresu. In uno di questi, che però non ho potuto ascoltare, il trombettista sardo era ospite appunto della Lydian Sound Orchestra. In un altro, “Scores!,” ha invece riproposto la collaborazione con il Quartetto d’archi Alborada. Dall’iniziale “Miserere,” tratto dalla tradizione sarda, fino all’interpretazione di “Fratres” di Arvo Pärt, il concerto ha avuto un andamento unitario, un carattere meditativo incentrato su un insistito misticismo, sia religioso che laico. Nel finale questa impostazione non è stata del tutto disattesa, ma ha assunto le movenze più briose e mosse di “Memory” e “Cowboys and Indians,” scritti entrambi da Uri Caine.
Diversa e notevole l’apparizione del quintetto ormai definito “storico” (oltre al leader, Tino Tracanna, Roberto Cipelli Ettore Fioravanti e in questa occasione Enzo Pietropaoli, in sostituzione dell’indisponibile Attilio Zanchi). Una formazione che non si dovrebbe mai dare per scontata, perché la sua esperienza quasi trentennale, lo sterminato corpus di brani in repertorio e soprattutto la caratura dei suoi membri e l’affiatamento che li lega consentono che ogni set faccia storia a sé, evitando di arenarsi nella ripetitività. A Orvieto è risultato palpabile il rilassato interplay che regna nel gruppo; fra gli interventi solistici hanno svettato quelli di Tracanna, mentre Pietropaoli si è mostrato all’altezza della situazione, inserendosi con intelligenza e leggerezza.

“Crittograph,” l’ultimo e più singolare dei quattro concerti sostenuti da Fresu, ha visto riuniti insieme il Quintetto storico e il Quartetto Alborada. I brani in repertorio (una rivisitazione pucciniana a fianco di temi scritti dai membri del quintetto) si avvalevano degli arrangiamenti di Giulio Libano, oggi ottantottenne, uno degli artefici della canzone d’autore degli anni Sessanta. Tutto sommato il progetto può essere rubricato fra gli esperimenti di “jazz with strings,” che pare stessero tanto a cuore anche a Charlie Parker. Ecco allora le parti totalmente scritte per gli archi, chiamati a saldarsi soprattutto con piano, contrabbasso e batteria, usati in modo molto soft, oppure a costituire un sottofondo morbido e avvolgente per gli assoli del leader.
Il connubio fra le due componenti ha avuto modo di svilupparsi prevalentemente sui tempi lenti e le atmosfere calde delle ballad. Tanto è vero che il quartetto d’archi non è stato chiamato in causa in un brano mosso come “Lucania,” di Zanchi, in cui è previsto un serrato scambio di battute fra flicorno e soprano, ed anche nel boppistico “Crittograph,” brano scritto da Fioravanti e scelto paradossalmente per dare il titolo al progetto. Particolarmente riuscita si è rivelata la versione del canto sardo “No potho reposare,” per il tema suadente, per l’arrangiamento leggero e danzante; in questo caso si è avvertita una salda compenetrazione fra i due gruppi che compongono il nonetto.

Oltre a “Crittograph,” la serata conclusiva del festival ha presentato “Il bidone,” omaggio a Nino Rota da parte del settetto di Gianluca Petrella. È stata questa la terza volta che ho assistito alle performance di questo gruppo, ricevendone impressioni sempre diverse, a dimostrazione del fatto che nel jazz, come sostenevo all’inizio, le sensazioni dipendono dalle singole esibizioni e situazioni. A Novara Jazz nel giugno scorso ebbi la rivelazione sorprendente di un progetto di grande originalità ed urgenza creativa. A Ravenna Jazz, in ottobre, il concerto mi sembrò fiacco e demotivato. A Orvieto è emersa la professionalità di uno spettacolo organizzato con efficienza, capace di amministrare le stratificazioni e gli spessori delle tematiche e degli sviluppi, che hanno incastonato i funzionali interventi di tutti i membri del gruppo. Professionalità e grande impatto dunque, non il geniale fermento che avevo colto all’esordio di questo progetto.
Foto di Riccardo Crimi.

 

 

 

 

 

 

 

Jazz in Marciac : Days Five & Six

Comme beaucoup d’autres musiciens, Al Di Meola est passé par le fameux Berklee College of Music, il y étudie de 1971 à 1974 avant de rejoindre cette même année le groupe de Chick Corea Return to Forever. Il effectue par la suite plusieurs tournées mondiales avec Chick Corea. En 1980 il s’associe à John McLaughlin et Paco de Lucia pour la formation d’un trio d’exception. Depuis le début des années 1990, Al Di Meola a enregistré dans des contextes très divers en s’orientant de plus en plus vers la World Music. Ce soir il est rejoint par le pianiste Gonzalo Rubalcaba, une association qui risque de faire des étincelles. Le guitariste et le pianiste sont accompagnés de Peo Alfonsi à la guitare, Fausto Beccalossi à l’accordéon et Peter Kaszas à la batterie. Les musiciens ont choisi de nous interpréter un répertoire inédit, Al Di Meola précise qu’ils ne l’ont encore jamais joué ensemble. Le répertoire est composé de pièces très courtes. Parfois en duo, parfois en trio, parfois en quintet. L’accordéoniste Fausto Beccalossi, siffle ses solos en même temps qu’il les joue. Al Di Meola nous propose ensuite d’écouter quelques prestations en solo. Les musiciens quittent tous la scène, à l’exception du pianiste Gonzalo Rubalcaba. Le pianiste se concentre, prend son tomps, puis rompt le silence de manière très douce, il enfonce à peine les touches du clavier et maintient en haleine toute la salle pendant toute la durée de la pièce. Le pianiste qui ensuite la scène pour laisser place à la guitre d’Al Di Meola qui commence à jouer seul puis est rejoint par Peo Alfonsi et Fausto Beccalossi.  Pendant le solo d’Al Di Meola, Peo Alfonsi fait se sert de sa guitare comme percussions en frappant sur la caisse de résonnance avec sa paume. Les musiciens saluent le public avant de revenir sur scène pour le rappel, dès les premières minutes du morceau, une pluie diluvienne s’abat sur le chapiteau, tous les bénévoles courent s’abriter sous l’aile gauche, les musiciens s’arrêtent quelques secondes et lèvent la tête vers le ciel. Nous écoutons en silence le battement des gouttes d’eau qui retentissent sur la grande toile, puis la musique reprend son cours sous les applaudissements du public. Après ce premier rappel, le public en redemande, et les musiciens reviennent sur scène une seconde fois pour notre plus grand plaisir. Un très beau moment de musique que nous avons partagé avec ces cinq artistes.

Pianist Gonzalo Rubalcaba’s Intimate and Engaging Solo Album “Faith” by Grego Applegate Edwards

Tuesday, July 19, 2011

Pianist Gonzalo Rubalcaba’s Intimate and Engaging Solo Album “Faith”

Anyone who has followed the career of Cuba’s pianistic dynamo Gonzalo Rubalcaba no doubt has some favorite recordings they especially like of his. Since his wider exposure as an artist to the world there have been many very good and some great ones. But to my knowledge there has been nothing that compares with his recent CD Faith (5 Pasion).

It’s solo piano all the way. It is a very intimate performance. You feel like you have dropped in on Rubalcaba at his home as he is in the middle of an inspired performance with no thought of an audience. It’s almost as if he is playing for himself, expressing something rather deep and almost private. He engages jazz classics, his own pieces and sheer improvisations, passages inspired by John Coltrane and some attention to his Cuban roots, though in a more abstracted way than was typically the case in some of his earlier work. The sheer liberation of a solo performance and his increasing artistic maturity bring out a side of Rubalcaba not as often seen in his recorded opus. That is, a Rubalcaba that uses his tremendous inventive facility and imagination to search within himself, so to speak.

This is a Rubalcaba that engaes the whole of his musical experience and transforms it into his personal impression of what it all means. A summing up. The title Faith is not some catchy marketing sort of thing. Because the theme as Gonzalo states in the liner notes is a kind of exploration of how people of whatever religious or belief-system persuasion rely upon their faith to get them through difficult times.

It is a very moving performance, a remarkable piece of pianism, a heart-felt searching into musical tone as an expression of something much larger than our petty everyday concerns. Beautiful!

posted by grego applegate edwards

 

Gonzalo Rubalcaba: Fé… Faith (CD) 2011. május 11. by Czékus Mihály for eKultura

Itthon talán kevesebb embernek cseng ismerősen a 4 Grammy-díjjal (és számos egyéb elismeréssel) büszkélkedő, kubai származású jazz zongorista,Gonzala Rubalcaba neve, mint amennyit az eddigi munkássága alapján megérdemelne. A negyvenes éveinek végét taposó muzsikus az elmúlt évtizedek során – Charlie Haden-től Joe Lovano-ig, David Sanchez-től Pat Metheny-ig – a műfaj legjelesebb képviselőivel játszhatott együtt. A bőgős Charlie Haden jóvoltából került be Rubalcaba a ’80-as évek közepén a nagyhírű Blue Note Records-hoz, ahol számos remek albumot készített. 

Sok évtizedes tapasztalattal és közel két tucat albummal a tarsolyában a zongorista tavaly úgy döntött, hogy saját lemezcéget alapít, így jött létre a 5 Passion. Az új cég zászlaja alatt gyorsan elkészített egy saját albumot, amelynek a Fé… Faith címet adta. A korongot a lejátszóban pörgetve már szinte néhány másodperc alatt kiderül, hogy igazi latin temperamentum van ebbe a produkcióba sűrítve, vagyis Rubalcaba nem hazudtolja meg kubai származását.

A 15 számos repertoárt szemlélve gyorsan világossá vált számomra, hogy egy igen kísérletező kedvű zongoristával hozott össze a sors, ugyanis a művek jelentős része több változatban is feltűnik a korongon. Például „Derivado” című saját szerzeményéből három „alternatívát” is bemutat nekünk, de nincs ez másként Miles Davis és Bill Evans „Blue In Green”-jével, vagy Dizzy Gillespie „Con Alma”-jával sem, hiszen ezek is több változatban hangzanak el. Számomra a lemez egyik legérdekesebb műve az „Improvisation1”, illetve az „Improvisation2”, amelyben Rubalcaba Coltrane szellemét idézi meg, méghozzá valami elképesztő átéléssel. Azt hiszem erre még a jazzlegenda is elismerően bólintana.

Az előadó szerencsére nem fukarkodik velünk, és közel 80 perces játékidő mellett mutatja meg, mit tud kihozni a zongorájából. Elárulhatom, hogy nagyon sokat…

A lemez többszöri meghallgatása után kijelenthetem, hogy a hivatalosan június elején piacra kerülő kiadványt az idei év egyik legfigyelemreméltóbb latin zenei produkciójának tartom. A latin zene erejére, lüktetésére, mélységére nem nehéz azonnal ráérezni Rubalcaba új albumának hallgatása közben, de megérteni már nem lehet ennyire rövid idő alatt.

Előadó:
Gonzalo Rubalcaba – zongora
A lemezen elhangzó számok listája:
1. Derivado 1
2. Maferefun lya Lodde Me
3. Improvisation 2
4. Derivado 2
5. Con Alma 1
6. Preludio Corto #2
7. Blue In Green 1
8. Oro
9. Joan
10. Joao
11. Yolanda Anas
12. Blue And Green 2
13. Con Alma 3
14. Improvisation 1
15. Derivado 3
Diszkográfia:
Concierto Negro (1987)
Mi Gran Pasion (1987)
Live in Havana (1989)
Giraldilla (1990)
Discovery: Live at Montreux (1990)
The Blessing (1991)
Images: Live at Mt. Fuji (1991)
Suite 4 y 20 (1992)
Rapsodia (1992)
Imagine (1993)
Diz (1993)
Concatenacion (1995)
Flying Colors (1997)
Antiguo (1998)
Inner Voyage (1999)
Supernova (2001)
Inicio (2001)
Nocturne (2001)
Paseo (2004)
Land Of The Sun (2004)
Solo (2006)
Avatar (2008)

Fé… Faith (2011)Czékus Mihály

 

E’ proprio vero: con Rubalcaba il jazz diventa poesia

Gonzalo Rubalcaba e Gerlando Gatto (foto di Daniela Crevena)

Gonzalo Rubalcaba e Gerlando Gatto (foto di Daniela Crevena)

Il concerto del 27 gennaio all’Auditorium di Roma

Quando mi trovo a recensire un concerto o un disco di Gonzalo Rubalcaba ho sempre paura che il mio giudizio venga in qualche modo influenzato dalla lunga e bella amicizia che ci lega da quando lo conobbi, durante il Festival della Martinica, nell’oramai lontano 1991  quando lì era già considerato un eccellente pianista mentre in Europa lo si conosceva poco. Così, pochi giorni fa, presentando il concerto di Gonzalo all’Auditorium di Roma del 27 gennaio titolai il pezzo “Gonzalo Rubalcaba quando il jazz diventa poesia”… e mai titolo fu più profetico.

In effetti Gonzalo ha regalato al pubblico romano una prestazione di altissimo livello, nonostante un viaggio non proprio dei migliori: avendo perso l’aereo è arrivato a Roma via treno alle 17,30; quindi giusto il tempo di fare il sound check (accurato come sempre) e poi via sul palco senza avere avuto il tempo di recarsi in albergo per rilassarsi un po’. Elegante nel suo abito nero e cravatta azzurra, Gonzalo si è seduto al pianoforte e dopo un attimo di concentrazione ha deliziato i palati più raffinati per più di un’ora e mezzo di piano-solo.

Nonostante segua Gonzalo oramai da tanti anni, mai l’avevo visto suonare così “classico”; perfetto financo nella postura, Rubalcaba  ha evidenziato tutta la sua straordinaria sapienza pianistica. Dotato di una tecnica strabiliante, frutto di lunghi anni di studi anche classici, il musicista cubano oramai ha raggiunto un grado di maturità tale che gli consente di esprimersi al piano come le condizioni del momento gli dettano. Così dalla sua arte è quasi scomparso ogni evidente richiamo alla cultura cubana intesa come valorizzazione soprattutto del lato ritmico dell’espressione musicale. Rubalcaba è perfettamente in grado di sciorinare un pianismo virtuosistico scaricando sull’ascoltatore cascate di note, per altro sempre ben equilibrate, ma a Roma si è ben guardato dal farlo. Viceversa si è espresso con un pianismo assai interiorizzato, in cui ogni nota aveva il suo peso specifico e con una indipendenza tra le due mani degna del grande artista qual è, un pianismo a tratti classicheggiante con riferimento all’impressionismo di Debusy.  Quindi niente funambolismi, niente ritmi trascinanti ma una rilettura di ogni brano dall’interno: gli standards venivano come sminuzzati, rielaborati fin nelle pieghe più intime e riproposti al pubblico in modo quasi irriconoscibile a dimostrazione del fatto che il pezzo serviva solo come dato iniziale da cui spiccare una sorta di viaggio onirico di cui egli era il gran sacerdote e il pubblico gli adepti. Straordinaria al riguardo l’interpretazione del celeberrimo “El manicero”  in cui ogni elemento – ritmo, melodia, armonia – era completamente stravolto per giungere ad un qualcosa di nuovo assolutamente personale.

Certo un pianismo del genere può lasciare freddino chi non è abituato ad ascoltare con attenzione o chi nelle performances cerca anche il lato spettacolare (gags, mugolii, contorcimenti sulla testiera, effetti speciali) cose del tutto assenti nello spettacolo di Gonzalo che si è presentato al pubblico semplicemente per quello che è: un grandissimo musicista alla continua scoperta anche di sé stesso.


Uno Contra Ochocientos

Luis P. Ferreiro

Uno Contra 800 PDF

Pese a que su modestia le impide reconocerlo, el pianista Gonzalo Rubalcaba (nacido en La Habana en 1963) es una figura capital para entender la evolución del jazz en los últimos 25 años. Desde que el contrabajista Charlie Haden le fichó para su grupo, la carrera de Rubalcabano ha hecho más que crecer, rechazando siempre los integrismos musicales y abriéndose a todo tipo de propuestas Ante la pregunta de qué se siente siendo uno de los mejores pianistas del mundo, Gonzalo Rubalcaba -nacido en La Habana en 1963-responde con candidez que no lo sabe, que habría que preguntarle a alguno de ellos. Pese a esta respuesta, cuyo tono no deja adivinarni mordacidad ni modestia, Rubalcaba es, sin lugar a dudas, uno de los mejores pianistas del mundo. El músico ofrecerá un recital mañana a las 20.30 horas en el teatro Colón a pecho descubierto, a solas frente al público con un piano Steinway como única arma. Ni siquiera habrá un sistema de amplificación eléctrico. El recital con el que el jazzman cubano deleitará a sus seguidores coruñeses estarámarcado, como toda su carrera, por la mezcla: “Hace un mes terminé una grabación, que editaré como disco a finales de año, y que se llamará Fe. Es un disco de piano solo, e irá unido al disco Solo, que grabé hace casi 3 años. Haré cosas de este disco que aún no salió y de Solo, más clásicos contemporáneos del jazz, piezas de compositores cubanos e incluso música clásica “. Rubalcaba maneja sus palabras con una fluidez semejante a la que demuestra a las teclas, y no duda en defender la oportunidad que supone para un intérprete enfrentarse a solas a su audiencia, sin el apo- yo de una banda. ”Tocar solo es una obligación. El piano es un instrumento muy completo– explica el jazzman caribeño–, y tiene la necesidad natural de, por sí solo, convencer a los demás del discurso que queremos dar. No hay nada más beneficiosos que un instrurnentista tratando de hacer que su público esté de acuerdo con la historia que está narrando. Yo relato una historia personal, a la que intento que la gente se una, pero no dictándola, sino dando señales”, concreta Rubalcaba. Otro de los asuntos sobre los que el pianista tiene mucho que decir es sobre la fusión. Si bien en su perfil de Wikipedia aparece como un músico post bop, Rubalcaba rechaza de plano todos los integrismos musicales y defiende a ultranza la mezcla cultural como fuente de avance: “Hay músicos que no parten del jazz pero que llegan a él como referencia. Lo utilizan como una herramienta, aunque no tengan voluntad de profundizar en el género. La validez de este encuentro se verá en el resultado de lo que expone, y los jazzeros no podemos estar en contra del derecho de los artistas de auxiliarse en cualquier herramienta que los beneficie”. ”Yo he visto posiciones radicales innecesarias y fuera de cualquier orden de inteligencia -afirma el pianista. Hay que escuchar de todo. El problema es que lajuventud de ahora no busca más atrás”. Rubalcaba no comprende ni la falta de interés ni el inmovilismo, pues la historia de la música demuestra que los más grandes carecían de prejuicios: ”Muchas figuras que son el ABC deljazz sí estuvieron al tanto de otras tendencias, y eso les llevó a sus propias conclusiones: Gil Evans, Coltrane, Monk…”

GONZALO RUBALCABA PIANISTA Porque dos por dos no son cuatro y el orden de los factores altera el resultado

Gonzalo Rubalcaba Pianista PDF

ENTREVISTA DE MARTA GARCIA MÁRQUEZ

“A la juventud le falta paciencia,amor e interés por saber cómo hemos llegado hasta aquí”

Porque dos por dos no son cuatro y el orden de los factores altera el resultado Sentado delante de su Steinway habla tranquilo, como el que tiene todo bajo control y no se olvida de una isla que baila danzón y que le enseñó a estar alerta a todo lo que se mueve. Le aterra oír que es un grande del piano pero no se para a escucharlo y sigue. Ofreciendo la opción de soñar. Decía el virtuoso que la gente tiene miedo de asistir a un tú y yo con el instrumento, por eso de que puede ser aburrido. Gonzalo Rubalcaba confiesa que muchos solos de piano sí lo son pero es necesario encontrarse a sí mismo y hacer todas las funciones de músico a la vez. Hasta ser un hombre orquesta. El pianista presentará mañana, a las 2ü.3ühoras, en el teatro Colón, un repertorio que bebe de su último disco, “Fe”, que saldrá a la venta antes de que termine el año, y del anterior, “Solo”, con cincuenta originales y clásicos contemporáneos del jazz, junto a compositores de la isla, sus padres adoptivos, de los que nunca se podrá divorciar pero con los que evoluciona porque los lleva en el bolsillo. En este sentido, Rubalcaba dice haber pintado una parábola en la que comenzó siendo un cubano pianista para alcanzar en la curva la definición de pianista cubano y no anclarse, por los antecedentes que fue escuchando y los músicos que le hicieron ver más allá. Por eso, su gama es cada vez más amplia.

Los códigos de interpretación aumentan con los años y él se alía en el escenario con su piano con el objetivo de convencer a los demás, de hacerlos devotos de su discurso. y justo cuando el instrumentista tiene que narrar una historia de acuerdo con la audiencia, Rubalcaba emite señales de humo y la butaca tiene la posibilidad de soñar. Vuela con la historia. Fusión> En esto de la fusión, el cubano no comparte la visión de los puristas que posicionan el género del jazz en un espacio aislado y sin aire que lo oxigene. Cree que es una actitud racista, sobre todo ahora que se puede saber lo que está ocurriendo a tiempo real en todos los lugares del mundo. Demasiada información para obviarla y hay cosas válidas, explica, lo que pasa es que “la juventud busca menos atrás y su circuito está reducido. Les falta paciencia, amor y el interés por saber cómo hemos llegado hasta aqui. De tenerlo, se darían cuenta de que los que están  considerados como el abc del jazz sabían de otras tendencias y tradiciones, lo que hoy permite situar el estilo aquí y no allí. En este aspecto, Rubalcaba opina que su predisposición a estar alerta tiene que ver con el hecho de formar parte de una cultura, la cubana, con afán de relacionarse, ”sin el temor dé que ese vínculo nos proporcione confusión”. Tradición y jazz >El pianista contaba ayer que viene de una familia de músicos de ritmos tradicionales, con lo que los Acaño y Barbarito Díez entraron en su imaginario para compartir pupitre con los Benny Goodman y Errol Garner que escuchaba en la radio y en casa como un hecho doméstico. Más tarde, en la academia de corte clasista y con 14 años, empezó a sentir otras necesidades y se introdujo en eso de la improvisación con otros compañeros. Genio> Rubalcaba afirma que le da terror escuchar a alguien decir que es uno de los mejores pianistas del mundo. En cualquier caso, añade que si se llega a un nivel importante es por el cúmulo de experiencias, ”que se registran más en unos que en otros, de estar un poco al tanto de lo que está pasando alrededor”. Con todo y eso, es básico tener disciplina -señala- que no lo es todo y tiene que ir acompañada necesariamente de la visión, del talento y el pequeño instinto qUl’: hace que el músico vaya por un sitio y no por otro. Después está el tiempo, que dictamina si el camino ha sido el correcto. La validez de fusionar estilos sólo se sabe escuchando el resultado y “hay muchos que han llegado al jazz desde otros puntos y crecen sin la intención de profundizar sobre el género”. Aunque se pueden decir cosas de uno, asegura, la última palabra nunca está dicha y hay que seguir dándole brillo al talento, que va parejo a la técnica. Uno tiene que buscar el equilibrio entre ambos. ”En el momento que tus necesidades artísticas aumentan, tienes que abandonar ciertas técnicas para hacerlo todo más claro” porque, en esto de la música, dos por dos no tienen por qué ser cuatro y el orden los factores altera el resultado. Repetitivo> El problema es que . existe una falta de guía: “Critico a las escuelas porque muchas tienen como objetivo la repetición de ciertos iconos y símbolos”. La mala orientación como punto de partida, insiste, es una mala práctica que hace que todo lo que llega a ser un éxito pase por ser lo mismo. Lo importante es buscar un nivel musical con mensaje y en lo que respecta al jazz, “necesita retroalimentarse”, con un plus que viene de la formación, de ir a las bases y conocer la historia del jazz para entender-que todo esto empezóhace mucho tiempo. El hombreorquesta es consciente.

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