Gonzalo Rubalcaba Quintet: El jazz es un gran invento

Gonzalo Rubalcaba Quintet, 12-11-2010,

Auditorio Maestro Padilla (Almería)

Lo del pasado viernes si que fue jazz con mayúsculas, del bueno, música total, la demostración fehaciente de que esta es la música del siglo XX, del XXI y del futuro. Llegaba la 2a jornada del XXI Festival Internacional de jazz de Almería, y realmente acudí a nuestro auditorio con ganas.

Entiéndaseme: normalmente siempre tengo un hambre incontrolable por escuchar música en directo, pero..siempre hay días en los que uno esta mas predispuesto. Durante la tarde vi en mi DVD una grabación del pasado verano en el festival de jazz de Vitoria – al que este año no pude acudir en directo – del quinteto que iba a escuchar por la noche, y realmente me ayudó a prepararme para lo que se me venía encima. Pero ya se sabe que, tal y como la realidad supera la ficción, el riguroso directo supera con creces a las televisiones y los DVD ́s.

La cuestión es que cuando me senté en la primera fila del Maestro Padilla, con mi mujer a un lado y dos buenos amigos y, a la sazón, de los mejores músicos de Almería, Chipo Martínez y Antonio Gomez, creo que estaba totalmente receptivo a escuchar buen jazz, y posiblemente por eso disfruté del concierto como hacia mucho tiempo que no lo conseguía.

El quinteto de Gonzalo Rubalcaba venía a proponernos un recorrido en directo por el último disco de este gran pianista titulado “Avatar“. Tal y como el comentó durante una de sus intervenciones, nada que ver con la famosa película del mismo título, y de hecho este disco se editó un año antes del “boom” del film de James Cameron, y desde luego no tiene ninguna relación con el. Casualidades de la vida.

A lo que vamos, que es la música que allí sonó, reconozco que me va a costar bastante explicarlo. Lo que si querría dejar claro es que la complejidad técnica en todos los aspectos musicales no restaba un ápice a la emoción que lograron transmitir todos los músicos desde el escenario.

El repertorio estuvo compuesto de temas propios y, si no me equivoco, todos ellos incluidos en el citado trabajo “Avatar”.

Comenzaron con “Looking in retrospective“, primero también del disco, con una bellisima intro de piano de Gonzalo y en el que tras la exposición del tema comienza una trepidante conversación entre piano, saxo y trompeta. Ya en ese momento nos dejaron claro que el jazz que íbamos a escuchar esa noche era oro puro.

Escuchamos la composición del contrabajista Matt Brewer titulada “Aspiring to normalcy“, temas como “Infantil (Dedicated to John McLaughlin“, también con una introducción de piano con mucho sabor a música contemporánea, “This is it” y “Hip side” y la balada de

Horace Silver “Peace“, ejecutada en trio, y que consiguió crear una tensión que nos dejó a mas de uno sin respiración.

Me resulta muy complicado definir con palabras la forma de tocar de Gonzalo Rubalcaba, porque es una especie de compendio de muchos pianistas, con mucha técnica pero sabiamente mezclada con sensibilidad. De sus dedos salen frases que recuerdan a los grandes del jazz , desde a Art Tatum a Bud Powell, pero que pueden transformarse con una fluidez pasmosa en sonidos extraídos de cualquier composición de Bela Bartok. Cuando quiere sonar a Monk, lo hace. Si quiere hacer guiños a Chick Corea, los hace. Cuando quiere ser lírico, profundo y reflexivo puede sonar a Bill Evans. Pero cuando quiere sonar a Rubalcaba, también lo consigue y se lanza a explorar el piano en toda su profundidad, consiguendo sonidos, frases y “voincings” realmente originales. Su mano izquierda es firme y rítmica, supongo que derivada de sus conocimientos de percusión – mi buen amigo Luis Barberia me contó esa misma tarde que realmente Rubalcaba comenzó como baterista y percusionista, allá en su cuba natal – y su mano derecha literalmente vuela acariciando las teclas. Algunas de sus improvisaciones fueron realmente apabullantes por su delicadeza.

La banda que lo acompaña – por decir algo, porque la palabra “acompañar” se queda pequeña en estas ocasiones – tenia un nivel musical acorde con su líder, como era de esperar.

Especialmente me gustó el sonido, la musicalidad y la solvencia rítmica del contrabajista – compositor ademas de alguno de los temas – Matt Brewer – , y que luego supe que estuvo tocando el contrabajo del músico almeriense Fafi Molina, que salía del concierto con la satisfacción de haber escuchado salir de sus cuerdas tantas y tan acertadas notas.

Los dos vientos, el saxofonista Yosvany Terry y el trompetista Mike Rodríguez también acertadisimos en sus respectivos instrumentos. Yosvany, que aportaba algunas piezas compuestas por él, también demostró una enorme sensibilidad y sus solos estaban realmente bien construidos. Y Mike sacó un sonido verdaderamente hermoso de su trompeta, instrumento que ya de

por sí tiene la caracteristica de unir muy bien lo latino con lo mas puramente jazzistico. Si quien la toca se apellida Rodriguez, pues posiblemente la fusión es mas evidente. Y , por último, el batería Ernesto Simpson en perfecta comunión con Matt Brewer, supo tejer perfectamente la red en la que constantemente se dejaban caer los solistas. Como mi buen amigo Antonio Gomez comentaba nada mas terminar el concierto pocas veces se escuchan a músicos consiguiendo tocar con ese”groove” a tan bajo volumen, consiguiendo tanta sensibilidad y matices. Lo tristemente habitual cuando se atacan estos ritmos es abusar del volumen, pero con músicos de esta talla esto no parecia ser un problema.

En definitiva, buenas composiciones, endiablados arreglos, ritmos complejos, inspiradisimos solos y perfecta comunión entre los músicos, respetándose entre ellos, elevando los silencios a la categoría de bellas notas. En fin, se me acaban los elogios para un concierto de los que le dan a uno la razón cuando piensa que esto del jazz es uno de los mejores inventos de este ser humano que tantos disgustos nos da habitualmente.

Como final, y tras la ferviente petición del no muy numeroso público – una lástima, pero ya se sabe que esto del jazz sigue siendo minoritario – comopara dejar claro que conoce bien sus derechos y deberes como líder, Gonzalo Rubalcaba dejó en camerinos relajándose a sus cuatro compañeros y salió solo al escenario para regalarnos dos piezas a piano solo que consiguieron lo que parecía imposible: subir todavía mas el listón. La última fue algo así como una de-construcción de “El manisero“. Lo que hacía – y deshacía – Rubalcaba con la melodía y armonía de este famoso standard de su cuba natal solo él lo sabe, pero ciertamente nunca había escuchado una versión tan original de tan conocida melodía. Solo una maestro puede conseguir esto, y estábamos ante uno, y de los grandes.

PUBLICADO POR RAMÓN GARCÍA EN 11:50