Cita el sábado en Sant Cugat para escuchar a Gonzalo Rubalcaba, uno de los pianos de referencia de la rica escuela cubana. Porque Rubalcaba forma parte de esos músicos que habitan en el olimpo del establishment del jazz. Él es uno de los nombres de cabecera de la discográfica Blue Note (su presidente, Bruce Lundvall, avanzó su visita a Barcelona para poder asistir al concierto) y un pianista altamente valorado por todo el espectro jazzístico, sobre todo por la crítica más refinada (no miramos a nadie).

Aun así, poco riesgo para tanto nombre. Las elegantes composiciones de Rubalcaba y sus chicos, o quizá las interpretaciones que el quinteto lleva a cabo, parecen frías y difíciles de vivir desde la distancia de un gran auditorio. De todos modos, hay que constatar que un público más que atento asistió mesmerizado al despliegue técnico y de control de sonido del que hizo gala Rubalcaba, que rubricó el concierto con dos bises en solitario, Con Alma y El Manisero. Antes de ello, hora y media llena de composiciones propias (incluida alguna pieza firmada por el saxofonista Yosvany Terry) y ajenas de artistas de referencia como Horace Silver. A la salida, el debate estaba abierto: para más de uno (el propio Lundvall incluido), se trataba de una noche memorable; pero también hubo quien echó de menos una pizca más de sal y pasión escénica.