La vida en el mundo del jazz puede llevarlo a uno a una nominación para un premio Grammy o a un prestigioso debut en el Lincoln Center. En el camino, si el viajero es un pianista cubano que se llamaGonzalo Rubalcaba, también puede significar un programa cada vez más recargado de presentaciones y apresurados viajes al aeropuerto más cercano para alcanzar vuelos a Tokio, Sáo Paulo, Toronto y otros numerosos destinos cosmopolitas.

Y también una visita al taller de reparación de carrocerías. El hecho de que este virtuoso de treinta y tres años resida en Santo Domingo, la bulliciosa capital de la República Dominicana, le ha significado un tipo de problemas que es improbable que hubiera tenido que enfrentar en La Habana.

“Lo siento, Gonzalo no podrá asistir a la entrevista”, me informó por teléfono José Forteza, el agente del pianista. “Surgió un viaje. Nos vamos al Japón, y camino al consulado tuvo un accidente”.

La cita se cumplió un año después, cuando Rubalcaba, después de tentar la suerte sorteando las caóticas callejuelas de Santo Domingo, llega a la puerta de mi hotel en su nuevo Honda Prelude blanco. Pronto salimos para el barrio colonial pleno de historia para una charla en uno de los cafés al aire libre. Ya sea que ha mejorado sustancialmente su habilidad como conductor o que el tránsito es menos difícil en esta ventosa tarde de junio, Rubalcaba se siente cómodo y en control, al tiempo que relata su vida en esta colorida metrópolis y habla sobre su carrera cada vez más exigente.

Su habilidad en el volante me recuerda las cualidades de su interpretación: súbitos impulsos de energía mientras esquiva a toda velocidad un camión cargado de maderas, pausados interludios mientras atravesamos un campus universitario lleno de impetuosos peatones, una intensa concentración mientras atravesamos las impredecibles vueltas del laberinto de estrechas callejuelas adoquinadas.

Santo Domingo es en la actualidad el hogar del pianista, su esposa María, sus hijos Joao y Joan, de su agente Forteza y de su hermano Luis y sus respectivas familias. La cultura española y africana del país proporciona a los cubanos un entorno atractivo y les facilita las comunicaciones y el transporte que se han convertido en aspectos críticos para satisfacer las exigencias cada vez mayores de su carrera internacional.

El pianista, nacido en La Habana en 1963, es hijo de Guillermo Rubalcaba, conocido pianista cubano que tocaba en la famosa orquesta de Enrique Jorrin. Su abuelo, Jacobo González Rubalcaba, era un destacado compositor de danzones. Con semejante ambiente musical en su hogar, no es de extrañar que el joven Rubalcaba comenzara a estudiar el piano a los nueve años y obtuviera un título en composición musical en el Instituto de Bellas Artes de La Habana. Cuando aún era adolescente inició su carrera grabando y tocando, entre otros, con el trompetista y compositor de bebop Dizzy Gillespie, que se convertiría en uno de los grandes admiradores del pianista cubano.

Sentados en la majestuosa plaza España de Santo Domingo, frente a la ornamentada fachada del palacio de Diego Colón, analizamos su vida en la República Dominicana, sus opiniones acerca del inusitado interés actual en el jazz latino y sus planes para el futuro.

“El barrio colonial de Santo Domingo es el más dinámico, espiritual y arquitectónicamente importante de la ciudad”, comenta mientras observa un panorama que ha cambiado poco desde 1498, cuando Bartolomé Colón, el hermano del descubridor, fundó la que habría de ser la primera ciudad europea del hemisferio occidental y el centro de la cultura española en el Nuevo Mundo. “En la ciudad colonial verdaderamente “se respira esa época”, agrega.

También me gusta La Romana, porque allí todo fue construido alrededor de las atracciones naturales”, dice, pero a su vez reconoce que sus crecientes obligaciones le han permitido disfrutar muy poco su nueva residencia.

Pero otro lugar de la República Dominicana, poco visitado por los turistas, realmente despierta su admiración. “Santiago de los Caballeros (la segunda ciudad de la república, situada a una hora de Puerto Plata en la región septentrional del país) me llamó la atención porque me recuerda a la ciudad de Santiago en Cuba, sólo que es más pequeña”, dice Rubalcaba. “Los santiagueros son muy hospitalarios. Se preocupan por sus vecinos y la gente que los rodea, algo que en esta época muchas veces falta en las grandes ciudades. Son una gente feliz. Al igual que en Santiago de Cuba, siempre están dispuestos a organizar una fiesta, cualquier día de la semana, ya sea de día o de noche”.

Con sus antecedentes de jazz, música clásica y estilos cubanos, Rubalcaba es una especie de anomalía en la República Dominicana, dominada por el merengue. “Todavía no he grabado merengue porque no me han invitado a hacerlo”, dice con una sonrisa. En realidad, fue invitado a realizar una grabación con Juan Luis Guerra, la más famosa estrella pop del país, y participó en el álbum Bachata Rosa, que ganó un Grammy en 1990.

El hecho de que en 1995 lo alcanzara la fama de una nominación para un Grammy es otra indicación del interés que ha despertado este fascinante maestro cubano. “Definitivamente fue una gran cosa desde el punto de vista promocional”, admite pragmáticamente acerca de su exposición a la fama del Grammy. “Uno es visto por un número inimaginable de personas de todo el mundo. Nunca pensé en la nominación, sino en la interpretación y en la oportunidad de promover mi obra y mi imagen”.

Siempre cuidadoso acerca de la forma en que invierte su tiempo y su energía artística, Rubalcabase esfuerza por no ser calificado como artista de jazz latino. En efecto, su último álbum exhibe las distintas facetas de su personalidad artística a través de solos, interpretaciones con su cuarteto cubano y con sus frecuentes colaboradores norteamericanos de jazz, el bajista Charlie Haden y el baterista Jack DeJohnette. Imagine: Gonzalo Rubalcaba in the USA, su séptimo álbum para la legendaria marca Blue Note, incluye originales interpretaciones de un ecléctico programa que va desde “Imagine” de John Lennon, a “Woody’n You” de Dizzie Gillespie, el bolero “Perfidia” de Alberto Domínguez y obras originales grabadas en vivo durante una reciente gira por los Estados Unidos.

“No creo que sea prudente clasificar mi carrera sólo como intérprete del jazz latino”, señala diplomáticamente. “En la actualidad, en el movimiento parecen estar surgiendo nuevos talentos que están renovando el lenguaje original del estilo. En realidad, deberíamos pensar en darle un nuevo nombre”. Un poco alienado por lo que percibe como una tendencia a comercializar el estilo,Rubalcaba esboza algunos consejos para quienes pretenden izar el estandarte del jazz latino. “Estamos trabajando con una cultura seria y profunda”, señala. “Todavía hay estilos vírgenes que deben ser tratados como tales y no a través de un enfoque puramente comercial. No me gusta la idea de que todos se metan en el jazz latino, en interpretar la música folclórica al estilo del jazz. Hay que hacerlo de una manera seria”.

Entonces, en la misma forma en que su música puede cambiar dramática y espontáneamente de rumbo, se torna filosófico, subrayando su profunda pasión por la música a la que ha dedicado su vida. “La nueva generación debería pensar más acerca del valor de la música, debería poner la música primero y pensar menos en sí misma”, sostiene. “No quiero que nuestra música sea una cuestión de moda. Aún cuando ello requiera un lento proceso, el producto final debe ser algo permanente, parte de la historia. Para mí, lo importante es avanzar en esa dirección”.

Por el momento, le interesa la idea de producir un álbum clásico. El proyecto puede involucrar dos pianos y una orquesta e incluir algunas composiciones originales que ha preparado. “No es algo nuevo para mí”, dice, reflexionando sobre sus primeros tiempos en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana. “Así me eduqué. Por diferentes razones, no seguí y practiqué ese estilo: decidí ser un tipo distinto de músico, más popular. Pero ello no quiere decir que sólo voy a tocar jazz”.

Ya sea en la música clásica o el jazz o en algún estilo híbrido de improvisación afrocubana que aún falta definir, es seguro que Rubalcaba permanecerá por muchos años en la vanguardia de los pianistas contemporáneos. “Depende del tipo de transición que atraviese”, dice. “Eso determinará el tipo de música que toque”.