El pianista cubano, que ganó dos Grammy y se presenta hoy en Buenos Aires, cuenta su modo de evitar el cliché.

Virtuoso-anos-artista-vive-Unidos_CLAIMA20150723_0006_28

 Virtuoso. A los 52 años, el artista vive en los Estados Unidos.

Un pianista de exuberante virtuosismo y que escapa de convencionalismos musicales. Gonzalo Rubalcaba, cubano, nacido en mayo de 1963, es uno de los pianistas esenciales en ese proceso de maridaje entre el jazz y otros géneros. Estudió piano clásico y composición, y a los 14 años comenzó en la Orquesta Aragón su carrera como músico profesional. Su relación con el trompetista Dizzy Gillespie, con quien grabó un disco, en 1986, le permitió ser reconocido como uno de los jóvenes leones del jazz.

Ganó dos Grammy en el rubro de Latin Jazz; el primero, por Supernova, en 2002 y, el segundo por Solo, en 2006. Sus discos Flying Colors, con el saxofonista Joe Lovano, y Nocturno, con el contrabajista Charlie Haden lo mostraron como un pianista pleno de renovadas ideas y de una modernidad inusualmente cálida.

En su segunda visita a Buenos Aires, Rubalcaba, hoy hará un concierto de piano solo, basado en su último disco, Fe, un tributo a Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, dos compositores cubanos pioneros en la música contemporánea de la isla (ver “Hoy”). “La música que interpretaré tiene como sentido el de abrazar este legado, casi olvidado, del que surge un lenguaje formado por un pianismo cubano con proyección universal”, señala este músico, que vive actualmente en Florida, en los Estados Unidos.

Durante la charla telefónica, Rubalcaba explica que su propuesta es de una permanente movilidad. “Tres de las composiciones están dedicadas a mis hijos, Joan, Joao y Yolanda, en las cuales trato de explicar los rasgos de cada uno de ellos y cómo los percibo, pero tengo en cuenta que crecen y eso provoca que estos temas también intenten crecer con ellos”.

Para el pianista, hablar de música es una forma de especular desde lo poético. “Es difícil categorizar; lo que uno expone con la música es lo que vive, desde lo emocional, lo intelectual y lo social. Diría que en los últimos quince años se ha manifestado en mí un constante explorar sonidos y climas que tienen relación con músicos de diferentes latitudes, artistas que tienen morfologías distintas, concepciones personales y forman parte de un movimiento histórico particular”, detalla.

Sobre su música, dice que “tiene una actitud movediza, dinámica y Fe no escapa a este constante explorar. Es un acercamiento diferente, solitario y un reto, que comienza con la elección del repertorio hasta conseguir una línea conceptual, una forma de conexión entre las composiciones, una unidad, pues de lo contrario se puede convertir en una letanía”.

¿No teme las distancias que puede haber entre “Con alma”, de Gillespie y “Blue In Green”, de Evans?
Ambas son composiciones importantes para mí y me permitieron mostrar la amplitud que tienen. Son temas que tienen puertas y ventanas para abrir y poder desarrollar mi propia lectura de estos clásicos. Son composiciones que proponen distintas formas de aproximarse y eso trato de dejar en evidencia en el escenario.

El músico también hace especial hincapié en el cuidado permanente que tiene para eludir los clichés. “El ser humano desde siempre tiende a entenderse con la gravedad, y entonces buscamos acomodarnos y así sentirnos cómodos. Mi música evita el lugar común, en el que es tan fácil caer y tan costoso salirse luego. No quiero decir con esto que me rebelo a estas situaciones, sino que busco ser irreverente”, explica el artista que, además, probablemente haga en su concierto algo de la música del compositor y pianista Ernesto Lecuona. “Antes tengo que llegar a Buenos Aires y tomar contacto con la ciudad y sólo ahí sabré exactamente que tocaré en el escenario”, concluye.

(Hoy, 21 horas en el CCK, Sarmiento 151, Sala La Ballena Azul).

EasyFreeAds Blog News Facebook Twitter Myspace Friendfeed Technorati del.icio.us Digg Google Yahoo Buzz StumbleUpon