Gonzalo Rubalcaba, piano solo en Festival internacional Piano Piano / Sala: La Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner / Función: jueves 23 de julio / Nuestra opinión: muy bueno

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Alos 17 años, Gonzalo Rubalcaba se transformó en un pianista prodigio conocido en todo el mundo a partir del padrinazgo del trompetista Dizzy Gillespie. Con 52 años, el músico cubano sigue asombrando y es una referencia en la escena actual del latin jazz. Rubalcaba, uno de los lujos que se dio el Festival Internacional Piano Piano curado por Benjamin Taubkin, se presentó en un formato de solo piano, en una impasse de sus presentaciones en el mundo junto a su trío y como integrante del grupo de Charlie Haden. “Esto de tocar solo es una tragedia [dice con la propia exageración cubana] y es un lindo reto”, acomoda Rubalcaba, al promediar el concierto. Sin embargo, el músico está preparado para un desafío semejante y apabulla con su variedad de recursos no sólo técnicos, sino sensitivos, y ofrece felicidad a sus seguidores y a quienes no lo son. En el piano se demuestra desafiante, intimista, cálido y como un improvisador nato. Es un hombre que a través del instrumento habla y conversa de su legado cubano, aquel que aparece en el tumbao de la mano izquierda, pero que también dialoga con ese inmenso mundo que recorrió a través del jazz y de esa escuela clásica rusa que expresa en los solos de prestidigitador de la mano derecha. Rubalcaba pulsa las teclas con una pulcritud técnica y una sensibilidad que abruma. A veces utilizando los silencios para respirar después de una compleja trama rítmica y una gran variedad de solos. Otras, pintando una atmósfera musical abstracta como un cuadro de Pollock, que puede dejar fuera a algunos impacientes que salen en medio de la función. No es fácil la propuesta. Apenas una luz cenital, un hombre, un piano y ese inmenso auditorio de La Ballena Azul invitan a estar hiperconcentrados.

El público parece abstraído por la música de Rubalcaba y en cierto estado de ingravidez que provoca lo que se escucha, esa atmósfera intimista que se crea con el formato de piano solo: cada sonido, hasta el más ínfimo, se escucha al detalle y el pianista lo sabe. El propio Rubalcaba siente pavor ante tanta gente (un auditorio lleno), como confesará después. Casi no puede hablar. Por eso, cuando empieza la música entra en comunión con el instrumento y parece olvidarse del mundo. Como si fueran habitaciones continuas de una misma casa entra y sale del jazz, la sonata, el danzón y la habanera en los momentos de improvisación que aborda con el piano de cola. Ésa es la casa musical que habita Rubalcaba y que decora con un montón de elementos. Muchos de ellos vienen de la composición del jazz contemporáneo a través de hermosas piezas de Charlie Haden, de sus últimas obras incluidas en el disco Fe, o de sus propias relecturas de clásicos de la música popular cubana como “El manisero” (un “hit” de su repertorio) y la deconstrucción armónica que hace de un bolero tan conocido como “Bésame mucho”. Rubalcaba es una mezcla de esos perfumes sonoros: la escuela clásica, el jazz y la música cubana. Cuando encuentra la combinación de las fragancias musicales justas, su arte brilla como un sol. Cuando se reencuentra con su identidad, ya no parece que está solo con su piano, sino que toda una tradición lo escolta.

 

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